Lunes, 22.07.2019 - 03:57 h
¿Qué sucedió en la semana, eh?
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El 5G se decidirá en el G20

Al parecer, el pasado martes el presidente de EEUU tuvo una charla telefónica con el presidente chino para poder superar las diferencias entre ambos países. Lo ha confirmado el propio Trump y la agencia estatal china de noticias Xinhua.

Trump ha dicho en un tuit: "He tenido una buena conversación telefónica con el presidente Xi. Tendremos una extensa reunión la semana que viene en el G20 en Japón. Nuestros equipos empezarán a negociar antes de nuestro encuentro".

La agencia Xinhua asegura que fue Trump quien pidió hablar ayer con Xi, para transmitirle “que su país valora la cooperación económica y comercial con China y que el mundo entero espera que EEUU y China lleguen a un acuerdo".

Xi recordó que las relaciones con EEUU han pasado por "algunas dificultades", algo que "no interesa a ninguna de las partes", y que el conflicto se resolverá con un "diálogo de igual a igual", que tenga en cuenta los intereses de cada parte.

Dijo que es necesario que las relaciones se basen en "coordinación, cooperación y estabilidad", así como en "el respeto y el beneficio mutuos", ya que ambas potencias "ganan cuando cooperan y pierden cuando se enfrentan".

Juegos de Guerra

Hace 26 años, en 1983, se estrenó la película “Juegos de Guerra” (War Games), dirigida por John Badham, que fue “una de las primeras obras cinematográficas en mostrar una primitiva y emergente internet, con sus módems telefónicos y sus pantallas de fósforo repletas de líneas de comando”, pero en la que se hablaba ya de la inteligencia artificial y de los riesgos de su aplicación en el ámbito militar.

El guion, escrito por Lawrence Lasker y Walter F. Parkes, estaba ambientado en los últimos años de la ‘Guerra fría’ y contaba la historia de un joven ‘hacker’ que intenta infiltrarse en sistemas ajenos por simple curiosidad y que por casualidad entra en el superordenador WOPR (War Operative Plan Response), programado para realizar continuamente simulaciones militares y aprender con el tiempo.

[Spoiler] Tras jugar innumerables veces a ‘tres en raya’, el ordenador descubre escenarios sin salida y aprende los conceptos de futilidad y Destrucción Mutua Asegurada ("GANADOR: NINGUNO"), llegando a la conclusión de que la guerra nuclear es "un extraño juego", en el que "el único movimiento para ganar es no jugar”, ofreciéndose entonces a jugar una partidita de ajedrez.

La interminable partida de ajedrez política y geoestratégica

El ajedrez representa como pocos juegos, desde la antigüedad, la estrategia de dos contrincantes para dominar el tablero y, en última instancia, para conseguir un objetivo, que pasa siempre por la derrota del otro contrincante. Y aunque, en este caso, no nos parece el mejor símil ni estrategia, lo cierto es que la situación y su desarrollo se explica bien como una partida de ajedrez, en varios terrenos.

Podríamos identificar al Rey como el poder político (los gobiernos) y a la Reina, como el poder económico (las grandes empresas), al alfil, como el poder jurídico (las normas y los tratados internacionales, incluyendo la diplomacia), al caballo, como el poder tecnológico (tanto informático: Biga Data e Inteligencia Artificial, como de telecomunicaciones: en especial, 5G) y a la torre, como el poder militar.

Los peones seríamos los ciudadanos, que, como es bien sabido, son las piezas que más fácilmente se sacrifican en cualquier partida de ajedrez. Y por las que el juego empieza. Por eso, no hay que quedarse en las primeras jugadas de la partida, que nos afectan a los peones, sino elevar la mirada y tratar de analizar y anticipar las siguientes jugadas y las estrategias de los contrincantes.

De los móviles de Huawei al 5G

Esta partida de ajedrez empieza a jugarse de cara al gran público el domingo 19 de mayo de 2019, cuando Google anuncia que “suspendía todos los negocios con Huawei que requieran la transferencia de productos de hardware y software, excepto los cubiertos por licencias de código abierto” (Android), lo que produjo gran revuelo e intranquilidad en todos los ‘peones’, usuarios de móviles Huawei.

Pero, en realidad, la partida se había empezado a jugar muchos meses antes, en el marco de las negociaciones y la ‘guerra comercial’ entre ambas potencias y tiene un alcance mucho mayor. En primer lugar, en el terreno tecnológico, gran protagonista de esta guerra, por las redes 5G. Pero, unido a ellas, también tiene alcance en el terreno de la seguridad, de la economía y de la hegemonía política.

A nadie se le escapa que quien domine las futuras redes 5G, dominará no sólo la Economía Digital (es decir, la Economía del siglo XXI), sino también los datos, la seguridad y la capacidad de influencia política, como nueva potencia mundial. Y eso es algo que EEUU no puede permitir o que, al menos va a intentar retrasar lo más posible, debiendo la UE pensar qué papel debe jugar en esta contienda.

Trump y Xi
Trump y Xi Jinping. / EFE

Diluir en vez de destruir

Europa está conformando en estas semanas su postura y estrategia de cara a la implantación de las redes 5G, y ya se ha anunciado que la postura española es la de no prohibir o excluir a nadie (pese al ejemplo y a las presiones de EEUU), sino diversificar los proveedores, dando así una oportunidad a que se desarrolle la propia industria europea, con importantes fabricantes como Ericsson y Nokia.

Esperemos que en la próxima reunión del G20, a celebrarse en Osaka (Japón), los días 28 y 29 de junio, EEUU y China lleguen a un acuerdo de colaboración y cooperación, incluso dentro de la lógica competencia entre empresas y países, y se abandone la estrategia de enfrentamiento, que no conduce a nada bueno, porque no se trata de derrotar a nadie, sino de conseguir un ‘equilibrio estable’.

A Europa, por otra parte, no le interesa ser un ‘campo de batalla’ de una nueva guerra mundial, sino un ‘campo de juego’ con los mejores jugadores, como en la Champions League, y la forma de conseguirlo es abriendo y no cerrando puertas. Eso sí, con la debida seguridad, tanto tecnológica como jurídica, porque Europa no puede renunciar ni ir en contra de una de sus esencias: el respeto al Derecho.

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