Sábado, 23.11.2019 - 00:01 h
¿Qué sucedió en la semana, eh?
Profesor, abogado y consultor

"Todos los hombres son unos cerdos"

Ésta es la frase (u otra similar) que he oído a muchas amigas, cuando les han roto el corazón, cuando les han sido infieles, o cuando estaban interesadas en algún hombre… y descubren que a éste sólo le interesaba una cosa de ellas.

Pero el sentido es distinto al de la agresiva campaña francesa #balancetonporc (“denuncia a tu cerdo”), que va más allá del #MeToo (“yo también”) y se refiere a los autores y a las víctimas de delitos sexuales: violaciones, abusos y acosos.

Campaña que ha sido contestada por cien francesas, en un manifiesto que ha levantado mucha polémica, en el que critican que se mezclen actos delictivos con otros que no lo son, e intentan diferenciar entre acosadores y “pesados”.

No voy a entrar en el análisis de los argumentos de unas y otras, porque tengo la impresión de que, simplemente, unas no quieren entender lo que dicen otras, y en estos temas es muy difícil mantener un debate razonable y tranquilo.

Pero de todas las cosas que se han dicho, tanto sobre la campaña como sobre el manifiesto, me han impresionado dos que, en mi opinión, afectan gravemente a los derechos humanos, en general, y a la libertad de expresión, en particular.

Libertad de expresión vs. Despotismo ilustrado

La primera reflexión es al hilo de un artículo escrito por Nuria Varela, en el que, ni más ni menos, acusa a las firmantes del manifiesto francés de estar al servicio del patriarcado y de hacer el “trabajo sucio” para, así, ganar un poco de tiempo.

No entiendo que algunas feministas traten a otras mujeres (también feministas pero que, obviamente, no piensan igual que ellas) como si fueran discapacitadas mentales y no pudieran pensar por sí mismas. ¿Dónde está la famosa sororidad?

Dice Nuria Varela que el manifiesto de las cien mujeres francesas del ámbito de la cultura “está cargado de errores conceptuales y patrañas”… según ella, claro. Es un ejemplo del sólido argumento: “la verdad es una y la tengo yo”.

Frente a estas acusaciones Catherine Millet, una de las firmantes del
manifiesto, ha declarado: "A un hombre no se le pide que comparta las
opiniones del resto de varones del planeta”... “Nuestra palabra vale lo mismo que la suya".

Más allá de los argumentos de unas y otras en este debate, preocupa el ataque a la libertad de expresión del que discrepa y una actitud de “despotismo ilustrado” de unas mujeres que les dicen a las demás lo que deben pensar, decir y hacer.

“Caza de brujas”

La otra reflexión viene a raíz de unas declaraciones del actor nor-irlandés Liam Neeson, que decía que en algunas ‘denuncias’ (mediáticas) de abusos sexuales veía una "caza de brujas".

Lo peor de las "cazas de brujas" son los linchamientos públicos (con el
resultado de una muerte civil) por la mera acusación, sin necesidad de juicio ni de pruebas, sin posibilidad de defensa y sin que, en muchos casos, exista delito.

Es triste que mujeres, que durante siglos sufrieron una "caza de brujas" y fueron perseguidas y condenadas, bastando que alguien dijera "¡es una bruja!", ahora se conviertan en perseguidoras y les baste gritar "¡es un cerdo!", para lincharlo.

​La lucha contra el machismo se basa, justamente, en la superación y
sustitución de la “Ley del más fuerte” por el Derecho. Es la lucha de las mujeres y hombres civilizados contra los bárbaros, más parecidos a los animales que a los humanos.

​Y, si un hombre ha cometido un delito sexual, que se le denuncie en un
juzgado y se le condene. Pero no se defienden derechos fundamentales de las mujeres pisoteando otros. O corremos el riesgo de volver a la “Ley de la Selva”.

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