Jueves, 18.04.2019 - 17:14 h
Telediaria

3 (históricas) tácticas de la televisión para persuadir al espectador

La televisión crea corrientes de opinión. No es nada nuevo y los responsables de los programas se aplican el cuento con tácticas para sugestionar a una audiencia que "debe" pensar  que está viviendo un acontecimiento irrepetible aunque, en realidad, tal vez no sea para tanto. Sucede todo el rato. Y cada vez más. Porque el público tiene menos paciencia y hay que persuadir a los espectadores convirtiendo lo cotidiano en inaudito.

1. Momentos históricos por encima de nuestras posibilidades

Todo es histórico en la televisión de hoy. Y, para que quede bien claro, la palabra "histórico" se repite constantemente en programas pegados a la actualidad. Así se despierta en el público ese especial sentimiento de que está viviendo, en riguroso directo, un hecho irrepetible.

La cultura de crear sensación de momento "histórico" salpica gran parte de la programación televisiva. Un virus que avanza sin piedad, de televisiones públicas a privadas: del trajín de la información política a la prensa del cotilleo nacional. En La Sexta han sido maestros en despertar días "históricos" por encima de sus posibilidades. Cada movimiento del puzzle político, un día "histórico".

Lo mismo ha sucedido en los programas del cuore. Sin ir más lejos, con la extensa llamada de la pasada semana de Isabel Pantoja a Sálvame rápidamente se proyectó la sensación de suceso "histórico". Lo insistió Carlota Corredera, y lo empezaron a repetir los usuarios de redes sociales. Incluso, en días posteriores, los rótulos de Telecinco predicaban -sin titubear- "día histórico" (imagen de arriba) a la hora de narrar el telefonazo de la folclórica.

Y en la sobreimpresión en la pantalla amiga de Telecinco sólo ponía día "histórico", nada más, porque es la manera directa, rotunda y clara de crear un clima social. Sin rodeos, centrando la proclama en un mensaje: "histórico". Conseguido, pues. Es "histórico", decían los espectadores en las redes sociales.

 De nuevo, la necesidad de sentir que vivimos un hecho inaudito en primera persona. Pero lo cierto es que los hechos históricos se definen con la perspectiva que otorga el paso del tiempo. No en los apasionados calores del frenesí de la instantaneidad del vivo y del directo, donde gana el morbo al análisis meditado desde la crucialidad (o no) de lo que acontece. Llamadas de Isabel Pantoja en televisión se repiten cada cierto tiempo, no son nada nuevo. Pero la televisión sí que puede proyectar que son insólitas y parecen históricas.

2. Insistir en que un talento es irrepetible, aunque sea repetible

Si el casting de un talent show flojea hasta hacer peligrar el interés por el programa, el jurado repetirá sin tregua que están viendo a los mejores artistas. Aunque no lo sean.

Una vez más, la insistencia hará que parezca un buen elenco. Porque lo han dicho una y otra vez los jueces y presentadores del programa con su credibilidad. 

A falta de emoción, la televisión inyecta una machacona dosis de sugestión para intentar derribar a los escépticos. Si no tienes un buen casting, di en voz alta que es el mejor casting. Eso sí, hazlo muchas veces porque la audiencia tampoco es tonta.

3. Retener al público con expectación falsa

Los magacines se han llenado de carteles de 'última hora' o 'exclusiva' en donde lo que menos importa es que exista una 'última hora' o 'exclusiva'. Lo valioso que aportan estos rótulos es que mantienen al público con cierta tensión visual.

Es el truco de impregnar la pantalla de un ambiente de trepidante carrusel en vivo, por donde pasa todo lo relevante. Perfecto, pero si no hay nada relevante... se empuja a que sea relevante. Ahí está el poder de los anzuelos que se van lanzando en vídeos o por los propios presentadores durante las emisiones, especialmente en Sálvame. El programa de la tarde de Telecinco es un juego de despertar la curiosidad más indiscreta al público creando un suspense perpetúo de la nada.

Por ejemplo, Sálvame no emite unas imágenes comprometidas nada más llegar a la redacción. Antes el programa debe forzar el modus operandi de la expectación: primero el presentador o colaborador dice que han llegado unas imágenes "muy fuertes", segundo explican que son tan "muy fuertes" que no saben sí se pueden emitir y, más tarde, se la muestra a algún colaborador para que abra la boca con cara de susto recordando que son "muy fuertes". El público se queda pegado a la espera de poder ver esas cacareadas y "muy fuertes" imágenes. Aunque, al final, quizá ni siquiera se pongan las "muy fuertes" fotos en la tele. Es más, quizá ni existan.

Porque hay formatos que son especialistas en vender humo con cebos constantes para que el discurrir del show tenga puntos álgidos. Porque para fascinar al espectador no siempre es tan importante la noticia como envolver bien esa noticia. De hecho, hay programas en los que es más importante el cebo que la noticia en sí que se supone que oculta ese reclamo. De hecho, hay espacios que lanzan el cebo sin saber la información que esconde. De igual, primero es el cebo para elevar el share y, después, ya se ocurrirá algo que colar como "bombazo".

Es la televisión que ha convertido en más importante la intensidad que el contenido. Un escenario que cambiará. Porque, aunque las cadenas aún no lo saben, sólo con el contenido consistente asaltarán el paraíso. Pero, eso sí, para superar ese hándicap, habrá que acortar la duración de magacines que viven horas y horas con la misma materia prima y, como consecuencia, tienen que utilizar la picaresca catódica para sobrevivir. 

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