Sábado, 20.01.2018 - 14:23 h

6 incoherencias de la gestión de la televisión en España

Pablo Motos
Pablo Motos mira fuerte a cámara: 'El Hormiguero' no es considerado un programa de prime time, pero es el líder de los minutos de oro del prime time.

La televisión no funciona como una exacta fórmula matemática. Acertar con uno u otro contenido depende más de la visionaria intuición de los gestores de las cadenas que de teorías estancas e inamovibles. Derribamos seis incoherencias de una teoría televisiva que no siempre hay que atarse a ella. Porque a la televisión "hemos venido a jugar", como diría un concursante del Un, dos, tres... responda otra vez.

1. El cine es un gasto que no atrae público fiel

No emitimos cine de estreno en horario de máxima audiencia porque es muy costoso y no fideliza espectadores. Este público 'cinéfilo' es infiel: cuando termina la película se va y, claro, es más difícil amortizar la inversión. Compensa más producir series o programas que enganchen diariamente a ese público a la cadena.

Sin embargo, cuando baja la audiencia, los filmes rompe-taquillas empiezan a aparecer, de repente, donde antes había espacios de producción propia más rentables, que empatizaban con unos espectadores más leales al canal en cuestión. El discurso de que el ‘cine no fideliza’ se esfuma cuando el share muestra debilidades. En Telecinco lo saben, y cuando necesitan un salvavidas ahí ha estado el infalible Avatar (una y otra vez) para subir un pelín la media de share.

2. Los grandes deportes no son rentables

Comprar grandes competiciones deportivas es peligroso para las cadenas porque es complicado recuperar el desembolso millonario, como sucedió a La Sexta en sus inicios. Los deportes masivos te hipotecan y no arrastran al público a otros programas. Al igual que el cine, no fidelizan espectadores. Cierto es. Pero, en la práctica, mejor quedarse con los derechos del mundial de fútbol antes de que se los quede tu canal rival...

Además, los grandes deportes atraen a atractivos anunciantes, que no suelen comprar espacios publicitarios en la parrilla diaria pero que sí invierten con fuerza, por ejemplo, en la Fórmula 1.

3.  Las series se ruedan sin fecha de estreno

Las series son muy caras y los ingresos publicitarios han disminuido, por lo que aún no son rentable emitirlas. En cambio, las cadenas no paran de dar luz verde al rodaje de temporadas de ficciones que no saben cuando podrán programarse. Esto ha sucedido con Apaches (estrenada este lunes) -que ha estado dos años en el cajón- o La Verdad, que está a punto de caer en Telecinco y lleva también casi dos años grabada.

Dos grandes producciones, Apaches y La Verdad, que no han aterrizado en la programación a la espera de encontrar un hueco de estabilidad, en el que se pueda cuadrar el presupuesto de gasto en emisión que tiene cada cadena. Pero, aunque no puedan emitirlas, los grandes canales no quieren terminar sin nada de oferta de ficción lista en su catálogo, por lo que pueda pasar. Como consecuencia, no deben cesar en producir. No vaya a ser que se queden sin nada en la retaguardia, lo que sería un desastre.

4. La serie generalista tiene que pensar en todos los públicos

Las series deben contar con personajes en los que se sienta reconocida toda la familia: niños, jóvenes, padres, abuelos… Es peligroso segmentar el público de las ficciones españolas, pues estas producciones serían un fracaso en nuestros canales generalistas. Dicen que en España no hay rentabilidad para públicos más minoritarios como sí sucede en el todopoderoso mercado norteamericano. Así que la historia debe ser apta para cualquier perfil comercial. Cuanto más grande, mejor. Con personajes para toda la parentela y entremezclando humor y drama.

En cambio, aterriza El Tiempo entre costuras o Vis a Vis, en su primera temporada, con targets más específicos, y alcanzan excelentes resultados de audiencia, especialmente la ficción de Sira Quiroga. Será que lo importante es narrar una historia que entusiasme, que haga vibrar al espectador, más que calcular tropecientas tramas desde el frío artificio para engatusar diferentes perfiles de posibles seguidores. Ese truco ya no tira como antaño. El espectador está resabiado de series (buenas).

5. Las canciones que suenan por la tele debe ser tarareables por parte del espectador: los temas desconocidos no tiran

Cualquier canción de un talent show debe ser conocida. Incluso por la persona con menos cultura musical. Los ingredientes identificables para el gran público son claves para el éxito de los programas, sí, pero este discurso se olvida de que la televisión también triunfa cuando descubre y genera sorpresa. El espectador agradece que llegue a su vida, por obra y gracia de la tele, algo que no conocía o tenía postergado, ya sea una canción, un cantante o cualquier tipo de propuesta artística.

Tu cara me suena ha sido el ejemplo de un show que alcanza picos millonarios de audiencia, lo que se denomina ‘minutos de oro’, cuando se interpretan canciones que no son extremadamente famosas. También sucede con Operación Triunfo. De hecho, cuando cantaron Bisbal y Chenoa Escondidos nadie conocía este tama en España. No es necesario conocer Shake it Out para emocionarse viendo a Amaia interpretarla en la actual edición de OT. La televisión no sólo es reconocer, también es descubrir.

6. El prime time se estira para conseguir más audiencia

Las cadenas alargan hasta las tantas de la noche su oferta de prime time para conseguir más audiencia. En teoría, porque en la realidad sucede justo lo contrario. Consiguen más cuota de pantalla y, de paso, se ahorran realizar otro programa, en el late night. Pero, al final, con este sistema, se produce una paradoja: mientras sube la media de cuota de pantalla -al competir el programa o serie en franjas más trasnochadas en las que hay menos competencia-, también baja la media real de espectadores. El público se va acostando y no llega al final de las series o los programas. La audiencia real, los telespectadores, disminuyen.

El prime time se estira para "conseguir" más audiencia. Pero lo cierto es que con esta artimaña sólo se infla la cuota de pantalla con el objetivo de aupar la media de share del canal, mermando la media de espectadores reales de las grandes bazas de la noche.

No obstante, con esta dinámica de estirar la nocturnidad de la programación, las cadenas han cambiado los hábitos de consumo hasta cierto punto, pues el verdadero gran consumo de público sigue produciéndose en el horario de máxima audiencia de siempre: de 10 a 11 de la noche. De ahí que sea un formato diario, El Hormiguero, el que se lleva casi en cada emisión el minuto más visto de la jornada, pongan lo que pongan las cadenas como "su gran apuesta del prime time".  Trasnochar es lo que tiene.

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