ANÁLISIS

Cómo destruir 'Sálvame'

El programa de Telecinco lleva un década indestructible en emisión.

Carlota Corredera ha presentado la mayor parte de las ediciones de 'Sálvame' este verano.
Carlota Corredera ha presentado la mayor parte de las ediciones de 'Sálvame' este verano.
Borja Terán

Con más de una década de éxito en emisión, 'Sálvame' parece un programa imposible de derribar por los canales rivales de Telecinco. Aparentemente, su veteranía no acusa desgaste. Pero porque nadie ha competido con un buen formato en directo en esa franja horaria.

'Sálvame' tiene el monopolio de la televisión de entretenimiento en vivo en las tarde de la televisión generalista en España. Y es que para dar la sensación de show en vivo no solo hay que emitir en directo, también hay que desprender ese toque de cómplice e impredecible que aporta un valor añadido.

En el caso de 'Sálvame', el valor añadido es la compañía evasiva sustentada en una picaresca del cotilleo nacional de la que es difícil escapar. Aunque no quieras. La curiosidad de la indiscreción es intrínseca a nuestra sociedad. Sin embargo, a la vez, 'Sálvame' empieza a ser repetitivo en contenidos. Sus dimes y diretes son un flujo circular sin tregua: ahora me enfado con exageración, ahora abandono el programa con dramatismo, ahora regreso con gran pompa... Así todo el rato. Siempre con ese tono efectista que hace que el show desprenda la sensación de que están viviendo (o padeciendo) un hecho histórico, lo que no deja de ser una treta básica de guion que se ha reproducido decenas de veces en el mismo plató. De ahí que el espectador ya no se crea del todo cuando el programa anuncia que va a comunicar una "exclusiva" o "primicia" de impacto.

De hecho, este agosto, la hora final de 'Sálvame', denominada 'Sálvame Tomate', ha sufrido la competencia de 'Pasapalabra'. Mientras en Telecinco siguen divagando con temas estirados durante cuatro horas, en Antena 3 se emite un concurso que también reúne espontaneidad, sagacidad y emoción. Pero con la diferencia que contiene juegos y un objetivo final -la prueba del rosco- que es real. No es humo. Y en 'Sálvame' para pelear con ese elemento tangible tienen que hacer equilibrios creativos para crear tramas y tramas de polémica con las que sostener el interés.

Como consecuencia, en 'Sálvame' tienen claro que no se pueden tomar vacaciones. Si paran su factoría en directo quedaría un socavón en la parrilla de Telecinco que a la hora de retornar en septiembre sería más complicado de resucitar. Porque se hubiera perdido el hábito que genera en su audiencia conectar por inercia con el reconocible e identificable hábitat de 'Sálvame'. Un ecosistema que ha creado astutamente un culebrón con personajes que representan una desquiciada familia española que podría ser la de todos.

Si el programa no se para se propicia que la mecha continúe prendida, lo que disimula que en realidad ya 'Sálvame' es un espectáculo repetitivo que es más fácil derribar de lo que parece. Sólo necesita una alternativa creativamente y corrosivamente osada. Las vacaciones serían una buena oportunidad para probar otro show en directo en las tardes. Sería la temporada ideal para destruir la costumbre del espectador con una alternativa atrayente por fresca, en el buen sentido del palabro. No es nada nuevo. Así, en los noventa, concluyó el reinado de ¡Qué me dices! ante el aterrizaje de un nuevo 'Extra Rosa' en Antena 3. Pero ahora nadie quiere equivocarse en épocas de incertidumbre. Y, así, todo sigue (casi) igual.

Mostrar comentarios