Domingo, 05.04.2020 - 13:14 h
Telediaria

El periodismo vive en un estado de emergencia que está aplastando a la entrevista. La velocidad con la que se produce la información, a veces, anula el aprendizaje de la conversación. Muchas ocasiones el periodista corre a un entrevistado a la caza del titular que cree que necesita. Le pide directamente la declaración que ha pronosticado en la redacción, olvidándose que la sabiduría, experiencia o reputación de esa persona le puede dar otras claves que probablemente desconozca. E incluso que sean mejores de lo que tiene previsto. Pasa en las grabaciones de reportajes o piezas en informativos o en espacios documentales, pero también en programas de entretenimiento. La capacidad de escucha salta por los aires. No hay tiempo. Pero la entrevista no es sólo plasmar lo que ya se conoce, es aprender para entender, estimular y contrastar.

Asistimos a una era en la que la 'información de impacto' se mueve mejor, empezando por las redes sociales que se han convertido en una gran ventana de audiencia de los medios de comunicación. Así que en la entrevista se prima que esa pregunta a la caza de la viralidad sin importar los matices que representan la realidad. Porque la realidad no es blanca o negra. Está compuesta por una escala de circunstancias que crean una infinita gana de colores diferentes. Sin embargo, esos matices no caben en los limitadamente escasos caracteres de un 'tuit'.

A la hora de realizar una entrevista no hay que obsesionarse con los 'retuiteos' que tendrá tal charla por su 'viralidad', se debe primar el aporte al espectador más allá de fuegos de artificio. Lo que hace al periodismo útil. No sólo entretenido. 

Pero, en la actualidad, los medios de comunicación viven el momento como nunca. Es más, viven directamente en el momento. Casi todo y en casi todos los soportes -televisión, prensa y radio- se comunica en prácticamente tiempo real. La velocidad de producción de la información frena la posibilidad de pararse a pensar y escuchar. Aunque esta rapidez de elaboración no debe impedir pararse a pensar y escuchar. Al contrario, serán fundamentales los medios de comunicación y periodistas que tengan la capacidad de aportar perspectiva sin quedarse en el cortoplacista titular obvio. De hecho, escuchar será el mejor aliado de la viralidad verdadera, pues escuchando se encontrará lo que otros no encuentran o no cuentan. Le sucedió a Broncano hace unos días con Miquel Montoro. Una entrevista costumbrista, como las que hacía José María Íñigo en 'Directísimo' y 'Estudio Abierto', en las que se habla de la diversidad de un país a través de la espontaneidad de la gente. Justo lo que falta a los personajes de la primera línea mediática. Un acierto el de apostar con personas con historia que no son conocidas por la masa. Porque no sólo hay quedarse en los clichés de personajes que el público reconoce. La entrevista es descubrir.

En todos los géneros, grandes y menos grandes, es hora de volver a los orígenes del periodismo que pregunta sin prisa para comprender mejor su tiempo. Aunque nadie tenga tiempo. Ni el espectador, ni los propios entrevistados. De hecho, en el entretenimiento y en la política, la entrevista está agonizando también por la pérdida de verdad de los grandes nombres a entrevistar. Detrás de sus palabras, los gabinetes de comunicación construyen un relato asfixiante para la entrevista clásica. Se diseñan las respuestas para escapar del miedo a ofender a alguien. La sinceridad da paso al discurso de venta tan frío que, en verdad, ni siquiera vende. El espectador está inmune a este tipo de marketing, pues no le inspira. No le interesa porque no le estimula. Las respuestas son huecas, sólo son una telepromoción. Error, pues el público entiende mejor al entrevistado si empatiza con sus palabras. Incluso si le pillan desprevenido porque se atreve a abrirse con una pizca, al menos, de honradez.

Al final, por eso mismo, empiezan a destacar los podcast a nivel internacional. Ahí se está regresando a la esencia de las entrevistas con las que conectar porque alcanzan ese clima de confianza tranquila entre entrevistado y entrevistado que rompe las corazas del imperante miedo a la pregunta y repregunta. Entrevistas que se centran en la conversación con los ojos y oídos bien abiertos.  Entrevistas que no son una mera excusa para un ir y venir de fanfarrias obsesionadas con creer que el espectador sin su dosis de fuegos de artificio pierde el interés.

Y es que se desconfía del espectador, sobre todo en televisión. Motivos hay, pues existe más oferta de contenidos audiovisuales que nunca. Pero, ya sea en una pieza periodística para un informativo o en un gran prime time de entretenimiento, el periodista debe volver a escuchar para intentar descubrir con una imparable curiosidad lo que desconoce. No quedarse en rascar o hasta forzar ese titular que ansía, porque ya lo tiene escrito en el guion. Eso no es una entrevista, es un guiñol.

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