EN PERSPECTIVA

Cuando las músicas en televisión se vuelven un tópico

La elección de las bandas sonoras de los programas también definen la crisis del modelo audiovisual que desconecta a las grandes cadenas de nuevos públicos.

'El Exorcista' se convertirá en serie de televisión
'El Exorcista' se convertirá en serie de televisión

¿Por qué prácticamente siempre que se habla de miedo en televisión se pone de fondo la banda sonora de 'El exorcista'? ¿Por qué cada vez que se trata el erotismo en un programa suele sonar el tema central de 'Nueve semanas y media'? El imaginario colectivo de los setenta y ochenta es tan robusto porque, entonces, aquello que triunfaba era vivido con una apabullante transversalidad. Es decir, llegaba a todos los públicos, quedándose en la memoria colectiva. La oferta audiovisual no estaba fragmentada y, especialmente en el cine, occidente asistía a la experiencia conjunta de vivir las mismas historias de ficción. Su fuerza era tal, que traspasaban generaciones.

Tantas décadas después hay músicas cinematográficas que siguen remitiendo a la temática de fondo de aquella película en la que aparecieron y se utilizan para subrayar el tema que se está tratando. Que alguien se quita una prenda de ropa, 'Nueves semanas y media'. Que hay un susto a vuelta de la esquina 'El exorcista' o "Tiburón". Que se celebra algo triunfalista, la banda sonora de 'Rocky' subiendo las escaleras. Que se habla de lucha LGTBI, pues 'I will survive" de Gloria Gaynor, que fue usada en la película 'In & out'. Todo infalible, mil veces testado.

Estas canciones se han convertido en un cliché. Pero ir siempre de cabeza a estos temas para aderezar el relato audiovisual también describe la acomodaticia situación televisiva. ¿Por qué se iba a buscar algo menos obvio? A menudo, con la intención de dar todo tan masticado a la audiencia, somos demasiado evidentes y, en casi medio siglo, quedarse estancando en cierto tipo de prototipos puede evidenciar una cierta desconexión con la evolución de los referentes sociales.

Eso no quiere decir que no haya margen para recordar y revivir 'El exorcista', por supuesto. Se puede y debe utilizar cuando la decisión contenga trazas de imaginación. El problema está si se va a este tema de manera mecánica, como automatizada y como si no existiera otra opción. Entonces, la mirada propia se esfuma y el espectador tampoco se sorprende. Porque el reto del buen creador radica en conseguir atraer la complicidad del público con la destreza, ironía o creatividad que pilla por sorpresa porque reinventa las teclas del imaginario colectivo, sabiendo ver, plasmar, impulsar y aprovechar las realidades de la cultura y contracultura del momento. No quedándose en la librería de canciones de la nostalgia que ya tal vez sea más arqueología paleolítica que la nostalgia de las generaciones de hoy.

Porque sí, igual la música de 'El exorcista' también sitúa a los jóvenes actuales en un tópico contexto de terror porque la han escuchado en otras ocasiones similares y ya es casi subliminal. Otra cosa es que sepan qué es 'El exorcista'.

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