VARIETÉS

Cuando los ex políticos se convierten en estrellas del reality de la tele

Esperanza Aguirre en 'Mask Singer'
Esperanza Aguirre en 'Mask Singer'
Atresmedia

La responsabilidad de la política y el instinto del espectáculo se han entremezclado tanto, que ya no resulta raro que ex líderes políticos participen en reality shows o campañas publicitarias. Pero sí es raro. Para los programas y las marcas, la inclusión de sus nombres sirve como golpe de efecto para generar titulares fácilmente. Y estos titulares pueden dar risa o pueden indignar pero, sobre todo, no generan indiferencia. Resultado: éxito asegurado, pues las redes sociales opinan y debaten, haciendo ruido y provocando conversación.

Así, en el último curso hemos visto a Esperanza Aguirre cantar en 'Mask Singer' y grabar un talent show de famosos que hacen pasteles en Amazon. También hemos asistido a Cristina Cifuentes como comensal en el plató de 'Sálvame' de 'La última cena' y su compañera de partido, Celia Villalobos, que ya concursó en otro de guisos 'MasterChef Celebrity', ha sido protagonista de un anuncio en el que decía hacerse gamer pero que finalmente escondía una campaña viral de una marca de gafas. Perfecto, todas son ex políticas y pueden hacer lo que quieran, obviamente. Los medios de comunicación son una salida interesante para ellas y otros políticos, aunque todo lo que toquen lo politicen. Va en su ADN. Es lógico, también.

Pero... ¿son los políticos celebrities? ¿Deben ejercer como tales tras haber ocupado un cargo público? ¿Es coherente que una ex presidenta de la Comunidad de Madrid ahora haga pasteles en la tele junto a Soy una pringada? El marketing televisivo utiliza la política para que nos dé la carcajada con cierto afán de superioridad y que tal acción comercial sea noticia en todos los medios. Ha habido rumores en varias ocasiones de que Albert Rivera ha sido tentado para formar parte de 'Supervivientes', por ejemplo. No ha sucumbido, pero lo raro es que no se lo ofrecieran. Los políticos son un gran reclamo televisivo y ya se ha roto, por completo y por suerte, ese límite que hacía incompatible la reputación y credibilidad con participar en un espacio de entretenimiento. 

Pero, cuidado, lo que no puede suceder es que por instantes nos cueste distinguir una sesión de debate en el Congreso con  lo que sucede en el plató de Sálvame. La política no debe ser cantera de concursantes para futuros realities. Porque, al final, estas prácticas, en según qué casos, sí que terminan devaluando el crédito en las instituciones y difuminando los límites peligrosamente. Unos límites que en política sí son trascendentales, pues tienen que ver con responsabilidad y rigor, no con ser reyes del show para que los departamentos de casting de los programas se fijen en tus dotes para dar juego, provocar y te apunten en su libreta de futuros fichajes.

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