Viernes, 18.01.2019 - 23:59 h
Telediaria

De 'MasterChef Celebrity' a 'Estoy Vivo': TVE y su errática manera de ganar audiencia a cañonazos

La programación de prime time de esta temporada de La 1 de TVE sería difícil de asumir económicamente por una cadena financiada por publicidad. Los domingos, MasterChef Celebrity -programa de entretenimiento más visto de la tele actual-; los lunes, El Continental; los martes, Estoy Vivo; los miércoles, Operación Triunfo; los jueves, Cuéntame... Prácticamente todos los días, La 1 programa una grandilocuente cita con un formato de alto nivel de inversión. Cada semana, al menos, cuatro formatos acontecimiento, que una cadena privada en España no podría emitir simultáneamente, pues no ajustaría bien sus cuentas.

Pero Televisión Española no vive de la publicidad, así que puede llenar todos los prime time de ofertas estelares para intentar aupar su media de audiencia mensual. Menos el fracaso de El Continental, el resto de los prime time de RTVE sí tienen su sentido en la cadena pública porque, a través del entretenimiento, cuentan con su aporte social. De la divulgación culinaria y territorial de MasterChef al descubrimiento musical y aprendizaje juvenil de Operación Triunfo, sin olvidar el retrato de la ingenuidad transgeneracional española y sus efectos colaterales en Cuéntame. Sin embargo, ¿tiene sentido emitir formatos de tal calibre al mismo tiempo? ¿no sería más lógico que toda esta oferta se fuera dosificando durante todo el año y fortalecer el resto de las franjas horarias? 

Con esta estrategia de programación, TVE opta por lanzar cada noche de la temporada alta un formato killer, un formato referente. Pero, a diferencia de lo que puede parecer, este tipo de contenido sobresaliente no está terminando de subir la audiencia media de la emisora como debería -La 1 sigue en tercera posición por detrás de Telecinco y Antena 3-, ya que la planificación de estos formatos no termina por arrastrar público fiel a otras franjas. 

Muchos de estos espacios ni siquiera se asocian a la cadena. En MasterChef u OT los concursantes no hablan de TVE. Es más, no se sienten en TVE. Son programas que no utilizan tramas de guion que produzcan sinergias con la cadena. No cohesionan la oferta de la televisión pública.

Sería más lógico que TVE dosificara este tipo de productos y asentara una rutina de prime times reconocibles y recordables en el hábito de consumo del espectador. De esta forma, por ejemplo, las diferentes franquicias de MasterChef podrían ocupar los miércoles, mismo día en el que se emitiría OT. Así los grandes 'talents' se pueden pasar el testigo sin restarse protagonismo. TVE no necesita dos talent en emisión en paralelo. Lo mismo sucedería en los jueves con grandes producciones de ficción mainstream: cuando no esté en emisión Cuéntame, entra en juego Estoy Vivo u otras producciones de tal calibre.

El éxito de 'Cuéntame' también es fruto de su horario 

En los últimos 17 años, TVE ha establecido en los jueves un prime time muy competitivo en ficción de primera línea gracias a la estabilidad de la emisión de Cuéntame. Siempre en jueves. Ahí puede domiciliar su oferta de series generalistas, las que quieren gustar a todos los públicos, complementándose con otro prime time en otro día de la semana para series de autor o más arriesgadas, como ya analizamos más a fondo en el artículo 'El futuro de los canales de TVE tras la revolución de la TV 'bajo demanda''.

Pero, en esta temporada, la dirección de Televisión Española ha decidido poner todos sus grandes hits encima de la mesa para proteger su maltrecha media de audiencias mensuales. Con esta programación La 1 no debería tener rival, y lo tiene. Ya no son tiempos de la táctica de avasallar y es más crucial crear una estructura de canal con pilares diarios que son empáticos y reconocibles por el espectador. Programas en los que el público se siente partícipe de su televisión pública.

En esta estructura de diseñar ejes de programación, TVE ya cuenta con los informativos -en un proceso de renovación que analizaremos la próxima semana-. No obstante, debe reforzar otros pilares más fuertes y modernos en mañana, tarde y noche. En el horario nocturno, debería abrir hueco a un espacio de late night que, a través de la fórmula de la comedia con cierta corrosión, recuperara la entrevista en la cadena pública.

Un concepto de late night bien diseñado facilitaría la racionalización de horarios del prime time y, además, sería un buen escaparate de la cultura nacional e incluso de la propia cadena. En una emisora sin publicidad, un formato de estas características es clave como escaparate para retroalimentar la oferta de contenidos del canal sin necesidad de forzar el autobombo. Así sí se cohesiona la programación, con formatos que se mantienen en el largo recorrido y se identifican con la cadena.

Pero la gestión de TVE,  que sigue al cargo Eladio Jareño y a la espera de la solución del concurso público, ha elegido el camino del aluvión de choques de prime time como salvavidas, como si quisiera demostrar que sigue siendo una empresa gigante a cañonazos. 

Por tanto, sería más interesante repartir los formato estandarte del canal (en talent, OT y Masterchef) durante los doce meses que dura el año y no agruparlos. Con el colchón económico que surge de no gastar gran parte del presupuesto en dos efectistas talents shows y dos costosas series en un solo trimestre, se podría abrir más margen de inversión en programas estructurales que se conservan en el tiempo, además de dar luz verde a otros proyectos, más pequeños, que no estén cortados por el patrón del talent o la ficción prototípica para gustar al cliché de público masivo clásico.

Porque en TVE no todos los prime time deben ser una serie comercial o un talent show. Si establecemos estos géneros comerciales en dos franjas de máxima audiencia fijas, en el resto de las jornadas se puede abrir espacio a otros formatos que también son claves para la visibilidad e influencia de una TV pública.

Así en el prime time de TVE faltan programas de entrevistas con curiosidad incesante, falta explorar el género del documental, falta el debate atractivo, falta el espectáculo sin competición ni concursantes y, además, falta cierto riesgo. Productos como El Paisano demuestra que el éxito en televisión no se alcanza sólo con la super-iluminada tele-realidad. El éxito del RTVE estará más en crear una programación con entidad creíble y reconocible en todas sus franjas que en matar moscas a cañonazos en prime time. El porvenir de RTVE está más en saber ordenar, saber comunicar y saber dar forma a buenas ideas que en lanzar de golpe, al vacío, grandes formatos.  Porque hasta los grandes formatos brillan más y mejor si están dentro de un marca televisiva próxima que, al mismo tiempo, los exprima y los arrope.

Sin embargo, para alcanzar todas estas principales metas, hace falta una gestión de largo recorrido. Rosa María Mateo, con un cargo provisional, no puede realizar un proyecto con el margen suficiente para afianzar una marca que afine el sentido de RTVE como factoría de contenidos. El reto capital, por tanto, será del equipo que surja del concurso público que está en marcha para la administración de RTVE, siempre y cuando ese equipo esté libre de la inestabilidad de los constantes vaivenes de la política. O, al final, habrá que seguir intentándolo a cañonazos. 

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