Miércoles, 20.11.2019 - 02:12 h
Telediaria

El aburrido bucle de la TV en España: así asfixia el miedo a los canales tradicionales

En plena revolución de los consumos televisivos, la televisión en España no quiere afrontar grandes riesgos y se ha sumido en un bucle de contenidos que sólo alejan más al espectador de las cadenas tradicionales.

Los canales generalistas llevan seis años repitiendo prácticamente los mismos estrenos. Ver la parrilla de 2013 no dista prácticamente nada de la programación de 2019. Todo es un bucle. Todo es lo mismo:: 'Gran Hermano', 'La Voz', 'MasterChef'. No hay casi ningún resquicio a probar para crecer. La máxima novedad en programas de entretenimiento, que descolocó un poco el sector, fue el remozado 'Operación Triunfo 2017'. Un talent show de 2001 salvando la papeleta de unas cadenas estancadas.

Lejos quedan aquellos años en los que arrancaban las temporadas con grandes galas de autobombo en el que el espectador sentía que toda la oferta era especial, grandilocuente e incluso un punto atrevida. Llegaba otoño y la televisión proyectaba esa sensación, tan importante, de que con el nuevo curso todo puede pasar.  Aunque luego lo que se olía como un éxito pudiera terminar siendo un fracaso y se cancelase antes de tiempo.  No pasaba nada, cierto riesgo está dentro de la inversión de una cadena o se quedará atascada y fuera de juego. Ahora ni eso.

Es normal que los grandes grupos televisivos guarden sus cartas porque no saben muy bien ni siquiera el momento idóneo para estrenar sus programas y series.  Pero lo que es una anomalía es que no se apueste por dar luz verde a nuevos productos para que no se enquiste la oferta del canal. Eso lo saben bien en Netflix o HBO, donde la factoría de vender producto nuevo no para.

La programación de las cadenas españolas repite los mismos programas cada septiembre. Excepto en ficción, porque hay pocas series que aguanten el tirón de la audiencia. El espectador ya demuestra no contar con una pizca de paciencia para engancharse a los capítulos en la emisión clásica.

Todas las series, menos 'La que se avecina' por su punto de teatro acontecimiento, se desmoronan en cuota de pantalla después de su primer episodio. El público sabe que lo podrá consumir bajo demanda y no está dispuesta a soportar los galimatías de la programación nacional en donde ni se sabe la hora exacta en la que arranca un capítulo y mucho menos a qué hora termina. Un error que pasa aquí para trampear el dato de audiencia y no en otros países que, al final, expulsa a los espectadores seriéfilos e impide construir citas estables y atractivas en el prime time de siempre. 

Como consecuencia, existen una inmensa parte de la audiencia que se siente huérfana de televisión. Ya se las sabe todas de los talents y reality shows cortados por el mismo patrón. Hay poco margen a la sorpresa si no eres fan de 'Gran Hermano' que está muy bien, pero la tele necesita más diversidad para movilizarse y avanzar. 

El miedo al cambio ha propiciado un monótono bucle de contenidos que se va a mutar en una dañina bacteria para el porvenir de las cadenas de siempre. Porque sin riesgo la televisión no existe. Un poco, al menos...

Las cadenas deberían volver a confiar con más contundencia en los autores, dejar de mirar sólo a los patrones prefabricados que triunfan fuera -y que hacen que todo parezca lo mismo aunque sea diferente- y recuperar la inmersión en el decisivo ejercicio de intentar entender nuestra realidad autóctona. Eso es lo que hará fuerte nuestra industria frente a la colonización de multinacionales bajo demanda que no cuentan con la intuición de conocer los detalles de nuestra sociedad. 

Entendiendo nuestras peculiaridades, nuestra creatividad ha sido la que tradicionalmente ha atrapado el liderazgo de las millonarias audiencias. Pero, ahora, la revolución tecnológica y las crisis económicas, han dejado en más paralizado de lo que aparenta un sector audiovisual que puede ser de todo menos aburrido. Y pinta que nos espera una temporada tremendamente aburrida en la que todo parece que ya lo hemos vivido antes. Incluso varias y muchas veces.

@borjateran

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