Jueves, 20.06.2019 - 12:08 h
Telediaria

El abuso de la realización 'multipantalla' con el objetivo de atrapar al espectador

'Ya es mediodía' está a punto de cumplir un año en emisión. Aunque mucho ha cambiado este programa desde el pasado 15 de junio de 2018 cuando se estrenó como un debate político puro y duro.

Tras los bajos rendimientos iniciales de audiencia y con la excusa del verano, el formato de Telecinco fue incorporando a su escaleta contenidos de corazón bajo una nueva marca, 'Ya es mediodía fresh', a tono con las vacaciones estivales. Así se diferenciaba lo más frívolo de la parte de debate político.

Pero pasó el verano y el refrescante 'fresh' se quedó en el nombre de una parte del programa. Lo que empezó como un espacio informativo, con la credibilidad de Sonsoles Ónega al frente, se transformó en un magacín matinal clásico que entremezcla actualidad, realities, dimes y diretes. Todo realizado desde la mesa de su predecesor, 'El Programa de Ana Rosa'. Porque 'Ya es mediodía' no cuenta ni con decorado propio.

Con idénticos contenidos e idéntica escenografía al magacine que va justo antes, 'Ya es mediodía' debía luchar contra el peligro televisivo de parecer más de lo mismo y, encima, repetido, ya que muchos de los temas que tratan ya los ha contado Ana Rosa Quintana.

Para romper con esa posible monotonía e intentar encontrar esa personalidad auténtica que distingue un formato de otro en el ojo del espectador, este formato ha optado por abusar de la realización con múltiples pantallas en su tramo más distendido, dedicado a contenidos del cuore y tele-realidad.

De esta forma, 'Ya es mediodía' huye de la realización tradicional de mostrar a cada colaborador cuando habla, para enseñar a todos los contertulios a la vez. Así, de golpe. Incluida la presentadora. Sus comentarios, sus reacciones... todo se ve y prácticamente todo el rato. El espectador puede observar a cada uno de los protagonistas en el estudio de manera simultánea. Hasta cinco imágenes a la vez.

Utilizar diferentes ventanas para dar más riqueza de planos y contraplanos a una emisión es habitual, sobre todo en el género de informativos. El espectador, desde la implantación cotidiana de los consumos de información en soportes móviles, ya está habituado a unas narrativas audiovisuales más complejas y, por tanto, soporta más ruido visual en emisión. Es más, tantos inputs en la pantalla provocan que la atención latente del espectador no se relaje y desconecte de la retransmisión. Así este tipo de multipantalla es habitual en formatos tan intensos como 'Al Rojo Vivo' o 'Espejo público' con imágenes plagadas de datos y 'recuadros' con conexiones en directo. Incluso los debates electorales aprovecharon la fuerza del poder dividir la emisión en varias señales simultáneas para enriquecer el relato con información verbal... y no verbal. 

Pero lo que distingue a 'Ya es mediodía' es que mantiene esa señal múltiple de imágenes en todo el último tramo de su emisión. Sin piedad. Sin dar respiro al público. Una locura que logra dos efectos importantes: esta narrativa diferencia al programa del resto de otros espacios en los que se habla de corazón en Telecinco y, además, suple la limitación de no contar con un plató realmente propio, dando más dinamismo a una emisión que se produce desde un set muy limitado. Las caras, a veces sobreactuadas, de los participantes en 'Ya es mediodía' favorecen amplificar el ritmo del contenido y hasta el comentario despiadado desde casa. Porque ya se sabe, a los espectadores de Telecinco les gusta comentar todo lo que ven y aquí, al menos, lo ven diferente.

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