Domingo, 17.12.2017 - 05:24 h

El adjetivo del que deben huir las series de Movistar Plus o su ficción original fracasará

Vergüenza, Movistar Plus
Fotograma de 'Vergüenza'.

Tras Velvet Colección y La Zona, Movistar Plus ha estrenado Vergüenza. Una comedia, firmada por Juan Cavestany y Álvaro Fernández-Armero, que descoloca hasta tal punto que consigue hacer honor a su nombre: produce casi vergüenza ajena. Objetivo cumplido, dirán.

Pero esta comedia, también corre un peligro que puede ser un problema para el área de acción de Movistar Plus en sus propuestas de ficción. Su inversión en series debe calcular bien los nichos de público objetivo que existen para no producir contenidos que directamente no se entienden, son altamente difíciles de ver o invitan a la audiencia a irse en un tiempo en el que hay multitud de ofertas de entretenimiento simultáneo a sólo un clic. Es decir, producir para públicos minoritarios es una acertada iniciativa, pero antes hay que asegurarse, como mínimo, de que existe ese público minoritario interesado en consumir tu producto.

Los norteamericanos son expertos a la hora de definir series con un humor transgresor y desconcertante pero, al mismo tiempo, siempre manteniéndose en una frontera inclusiva y no exclusiva. El tono de Vergüenza, en cambio, puede ser demasiado complicado de entender o compartir. ¿Cuenta con perfil de audiencia? ¿Cuál es su target realmente? Es más, ¿existe su target? Viva el riesgo, viva la libertad creativa y viva el humor autoral, sin duda, pero es tan difícil empatizar con los protagonistas de Vergüenza o entender sus motivaciones...

Todos metemos la pata, si bien es realmente complicado verse mínimamente reflejado en los personajes de Jesús (Javier Gutiérrez) y Nuria (Malena Alterio), cuyas acciones desconciertan pero para mal, pues ni producen risa. Y Vergüenza se supone que es una producción para provocar risa. Y para eso hay que comprender, más o menos, lo que está pasando en la trama que se plasma. Eso o ser un espectador con un sentido del humor muy raro. Y, de nuevo, está genial tener un sentido del humor muy raro, pero ¿cuántos espectadores hay así?

Sí, Vergüenza es puro Cavestany, un autor interesante pero que aún no tiene suficiente mercado. Una de sus últimas películas Gente en sitios (con muchos actores conocidos) fue vista por 9.000 espectadores en cines. La última, Esa sensación, apenas pasó de mil espectadores. Su nombre no se conoce fuera del circuito más moderno y tampoco cuenta con seguimiento en la red. Vergúenza, por tanto, sólo puede venderse con las caras de Gutiérrez y Alterio. No es poco, pero lo más probable es que cualquier espectador que se acerque a la serie atraído por la popularidad de sus intérpretes... salga espantado a los pocos minutos.

Movistar tiene por delante el reto de potenciar la industria de ficción española y plantar cara a la colonización de las compañías de pago norteamericanas, Netflix y HBO, con producción made in Spain. Esa es la oportunidad y también es el valor añadido de la plataforma de Telefóníca: producción hecha en España que nos represente y arriesgue. Pero para traer nuevos abonados y nuevos públicos, deberán tomar mejor el pulso a targets competitivos e inquietudes reales de la sociedad para no hacer series que, de verdad, no tienen un público que las espera. Pasarse de moderno y hipster es, cuidado, quedarse fuera de la sociedad. Porque, al final, las series son para ser entendidas y vistas. No para que gusten, si acaso, al círculo de amigos y conocidos de los directores.

Es el problema en el que puede caer Vergüenza y, en buena medida, también el que está sufriendo La Zona, que ha sido un fiasco en audiencia. La ficción de Movistar debe conseguir un equilibrio para crear una marca atractiva que atraiga suscriptores y para ello sus producciones deben de huir de un adjetivo: ser catalogadas de pretenciosas.

Y, por ahora, lo son, son pretenciosas, lo que aleja al espectador en lugar de hacerle partícipe de la serie. Es la fina y delicada línea en la que tiene que trabajar la ficción de Movistar: la que separa lo minoritario de lo snob.

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