Martes, 21.08.2018 - 00:00 h
Telediaria

El apartamento de 'Friends' se instala por unos días en Madrid y retrata una nueva obsesión social

Han pasado más de diez años desde su final y Friends mantiene intacto el recuerdo en sus fans. Tal vez porque nunca se ha repetido una sitcom con tanta brillantez a la hora de retratar a una pandilla de jóvenes sobreviviendo a las aspiraciones y desengaños en tiempo de perfeccionistas sueños existenciales, marcados por una sociedad sustentada en una sobrevalorada percepción del éxito.

Una serie que, además, supo desarrollar sus tramas en localizaciones icónicas. Decorados con una personalidad abrumadora, como el característico Central Perk o el apartamento de Mónica Geller, con esa moldura rodeando la mirilla de la morada puerta. Un marco amarillo que, en realidad, se colocó ahí de casualidad: era un espejo que se cayó al suelo, se rompió en pedazos y se decidió colgar sin rastro de cristal. Así surgió una estampa televisiva para la posteridad. 

Tanto caló esta serie, que los emblemáticos decorados de Friends siguen siendo un infalible reclamo turístico. Se mantiene el mobiliario y parte de la escenografía original del Central Perk en los Estudios de la Warner Bros en Los Ángeles, donde se rodaba la ficción -aunque fuera ambientada en Nueva York-.  Mientras que en Inglaterra se realiza una gira con réplicas de los sets más míticos. Hasta el descansillo de la escalera se ha clonado.

Esta semana, el canal Comedy Central ha traído a Madrid parte de este tour inglés que, bajo la denominación de FriendsFest,  permite a los seguidores de la serie posar en determinados contextos que emulan a la irrepetible tele-comedia.

Visitantes viviendo la experiencia de fotografiarse en el apartamento de Mónica del 'Friends Fest'
Locos por hacer fotos.

En su paso por España, el particular reclamo de esta exposición es el apartamento de Mónica, además de un decorado para que los asistentes se sientan en la cabecera de la serie, varios futbolines, un fotomatón y unos trajes de novia que intentan que el visitante se sienta Rachel, Phoebe y Mónica. No está, en cambio, el Central Perk, ni el apartamento de Ross como en el FriendsFest de Reino Unido.

Pero da igual. Las entradas, a un precio de seis euros por persona, se han agotado a una velocidad de vértigo. Y, sin pretenderlo, a través de este FriendsFest, la serie Friends ha retratado de nuevo su sociedad. Esta vez, la sociedad adicta al selfie.

Porque el FriendsFest consiste en pagar una entrada que no te abre la puerta al rodaje de una escena de una serie, tampoco te muestra una figuración teatral, ni siquiera te permite brincar en un concierto. Esta acción sólo pretende que, durante una hora, te hagas ansiosamente todas las fotos que puedas en un set que emula a tu serie favorita.

Asistir al FriendsFest es algo así como hacer cola para tirar, sin pausa, muchas fotos mientras esquivas a otros visitantes para que no se cuelen en tu selfie. Visitantes que, como tú, también ansían un buen posado junto a las galletas de Mónica Geller. En su mayoría, son espectadores a la caza de la foto perfecta para impresionar al personal y sumar un buen puñado de 'me gustas' en sus redes. Todos sonriendo con una felicidad incontrolable delante del móvil, pero pocos gozando  de su estancia en una réplica de Friends que parece más una romería que Friends.

Sálvese quien pueda. Una estresante exposición que representa la creciente obsesión social de acumular fotos para promover esa imagen de hiperfelicidad que retransmitimos en las redes sociales. Lo de menos es disfrutar de la estancia en tal lugar, lo crucial es llevarte como trofeo un buen reportaje fotográfico.

Negocio redondo el de este tour: el público paga por ir a una reproducción de unos decorados con el objetivo de alimentar su postureo viral y, a la vez, ese mismo público hace publicidad gratis de la serie, manteniendo vivo el interés por la ficción con sus publicaciones en Twitter, Facebook e Instagram. Multitudinarias publicaciones anónimas con las que el usuario promociona la serie, que sigue reponiéndose con éxito.

Así la llama de Friends no se apaga nunca del todo. Así el espectador farda de foto propia en el exclusivo y venerado universo de Friends. Así, es la era del selfie, donde, a veces, se prioriza el ansia por el postureo viral al gozo de saborear el irrepetible instante real.

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