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El batacazo de audiencia de los premios cinematográficos: claves del desinterés

Jodie Foster en pijama en los 'Globo de oro'
Jodie Foster en pijama en los 'Globo de oro'
Golden Globes

Los Oscar están poniendo sus barbas a remojo, tras el dato de audiencia de los premios Globos de Oro. La gala ha visto un brusco descenso de su seguimiento de 18,3 millones a 6,9 millones. Un batacazo que se debe a dos principales factores. Primero, que en el último año la pandemia ha paralizado el ritual de ir al cine. Los grandes estrenos cinematográficos han disminuido ante la situación de incertidumbre y las salas cerradas. Como consecuencia, las celebraciones de galardones cinematográficos han visto cómo escasean grandes estrellas y nombres estelares.

Y la ficción seriada de determinadas plataformas se consume tan rápido que cala menos y es menos transversal en el recuerdo colectivo. La aureola de popularidad de las celebrities se debilita. Más aún sin la existencia de alfombras rojas y todas las liturgias que rodean el lado aspiracional de la fama. Alfombras rojas que volverán, pero que este año no se pueden practicar con el glamour que merecen. 

No obstante, este pasado domingo los Globos de Oro intentaron remediar el perfil bajo de una retransmisión en la que los premiados tenían que entrar desde sus casas a través de un sistema similar a la videollamada. Lo hicieron con un interesante trabajo de realización. No, los nominados no estaban con su webcam. Cada aspirante a premio tenía una buena cámara y una buena iluminación para que sus casas lucieran por televisión. De esta forma, se hacía de la necesidad virtud, pues el espectador no contaba con el encanto del posado en el photocall pero sí podía colarse y ver cómo es el hogar de las personalidades del cine y las series.

Incluso alcanzando grandes momentos para la historia como cuando apareció Jodie Foster en pijama en su sofá, con su pareja y perrito. Bueno, tampoco era un pijama de estar por casa. Pero sí un paso adelante para la visibilidad de la diversidad en la conservadora industria de Hollywood.

Sin embargo, este sistema de gala no funcionó. Una de las propias presentadoras, Tina Fey, resumió en el monólogo inicial que se podían haber solucionado estos premios con simplemente "enviar un mail". Sin la ovación y la intensidad de una sala llena de celebridades compartiendo su nervio, el interés por el show se diluyó por completo. Quizá la situación hubiera sido una gran oportunidad para reinventar estas ceremonias por completo y no seguir la misma estructura pero con conexiones por cam. 

Porque si los Globo de Oro tuvieron tantos fallos con una inversión y un despliegue técnico muy planificado para que no se vieran feos y oscuros a las celebridades en sus hogares y, por tanto, se llenaron sus casas de focos, crucemos dedos para que los telemáticos Goya de este sábado no parezcan una triste conexión por la aplicación zoom que solo remita a un confinamiento colectivo que, un año después, sólo queremos olvidar con esa ensoñación del celuloide que nos traslada a una amplitud visual incompatible con una webcam amateur. Ahí el cine y las pompas que rodean al séptimo arte deberán volver a ejercer su trabajo. El espectador cambia de canal si la gala de premios le parecen una reunión virtual con sus jefes. 

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