ANÁLISIS

El desplome de Eriksen en la 'Eurocopa': dónde está el límite para dejar de emitir

Uno de los primeros planos de reacción que pincho el realizador del encuentro.
Uno de los primeros planos de reacción que pincho el realizador del encuentro.
Cuatro

Christian Eriksen se desplomó en el minuto 42 del partido Dinamarca-Finlandia. Durante más de quince minutos, el futbolista recibió asistencia en el césped por parte de los servicios de emergencia, mientras la televisión seguía emitiendo. La primera decisión del equipo de realización del encuentro de la Eurocopa fue grabar lo que sucedía sin medias tintas. Con primeros planos del jugador tendido en el suelo.

Entonces, sus compañeros, el resto de jugadores de Dinamarca, decidieron ponerse alrededor y hacer de barrera para preservar la intimidad del futbolista. El límite entre información y morbo se estaba sobrepasando.

De hecho, la BBC, que estaba emitiendo el partido, decidió cortar la conexión con el estadio y volver a su plató. Las imágenes de la incertidumbre en el campo ya no aportaban nada más que aparente sensacionalismo. También la alemana ZDF decidió no seguir emitiendo las crudas imágenes de los momentos de incertidumbre tras el desplome del jugador. Se puede narrar lo sucedido y lo más relevante informativamente sin repetir las imágenes de un futbolista inconsciente y debatiéndose entre la vida o la muerte.

Pero, inevitablemente, en una sociedad que se guía por la información de impacto visual, las imágenes de los duros momentos de incertidumbre en el campo ya fluyen sin pausa a través de las redes y aplicaciones. También las usan y usarán los diferentes programas de infotainment.

La reacción del realizador del encuentro fue la de seguir contando lo que estaba pasando sin temblarle la mano con el primer plano. Ahí surge la pregunta de dónde está el límite. Ahí brota el debate. Plasmó lo que estaba sucediendo con el mismo ritmo y la misma cadencia de planos que el partido, con planos generales de contexto que mantenían su movimiento épico, como volando por el estadio, y también multitud de descriptivos primeros planos de reacción del público y los jugadores desolados. En Cuatro, sus locutores apenas sabían qué decir, siempre con respeto y prudencia.

Las imágenes hablaban por sí solas. Y claro que contaban. Las imágenes y también el silencio. Contaban un hecho extraordinario en un campo de fútbol. El realizador ejerció su retrato de la dolorosa situación con unos jugadores que, rápidamente, arroparon a su compañero al ver que su imagen no cesaba de aparecer en las grandes pantallas. Pero, en un momento como este, no es fácil saber cuál es la decisión correcta, las más periodística o la más deontológica. ¿Cortar sin más y que el espectador no tenga más información? ¿Seguir informando a través de unas imágenes que pueden ser tildadas de morbosas?

Eriksen se recupera afortunadamente y el partido se terminó de jugar más tarde. Pero, en lo ocurrido, las fronteras se difuminan. Como en tantos sucesos delicados en los que, probablemente, los medios se equivocan hagan lo que hagan: mirar está mal, apartar la mirada enseguida es precipitado y encontrar un término medio es imposible.

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