Martes, 26.03.2019 - 02:15 h
Telediaria

El éxito de 'Al Rojo Vivo' y el superpoder de Antonio García Ferreras

Al Rojo Vivo está a punto de cerrar una de sus mejores temporadas en audiencia. La cuota de pantalla del programa vive una edad de oro que casi roza el veinte por ciento de share. Excelente dato. Más aún en un momento de bajón de la feroz intensidad informativa..

No obstante, este resultado al alza de La Sexta también es fruto de la decisión de Mediaset de cancelar Las Mañana de Cuatro. El programa de Javier Ruiz estaba ahí para minimizar a Antonio García Ferreras y, al final, se ha marchado por la puerta de atrás para dar paso a otro formato también de tinte político en la cadena hermana Telecinco, Ya es mediodía con la reputada Sonsoles Ónega. Pero no brilla como se esperaba.

Nada que ver con Al Rojo Vivo, que con o sin competencia, ya se ha consolidado como la referencia informativa de la mañana. Lo ha logrado por su capacidad de realizar una ágil sinergia entre debate en plató y conexiones con protagonistas de la actualidad política. Pero, además, porque el programa ha conseguido un apasionado tono de periodismo crítico, que no da tregua al espectador. Y eso es mérito del propio Ferreras y su capacidad de dirigir el formato desde su mesa en riguroso directo.

La música de fondo de Al Rojo Vivo otorga más épica a la retransmisión televisiva de la actualidad, pero también disimula las instrucciones de un García Ferreras que hace y deshace el programa en pleno directo. Los tertulianos deben estar preparados para que cuando el periodista les dé paso -y no esté en imagen- no ser distraídos por las decisiones que da por lo bajini el presentador y, sobre todo, director.

Así se impregna a Al Rojo Vivo de un nervio especial que se contagia en el espectador. No es un programa al uso, es un formato completamente vivo, que desprende la pasión del periodismo.

DESDE 2011

De debate nocturno de TDT a pilar matinal de La Sexta

Al Rojo Vivo nació en enero de 2011 como debate nocturno, dentro de la oferta del canal de TDT La Sexta 2. En septiembre, dio el salto como pilar estructural de la matiné de La Sexta y comenzó un recorrido que fue estableciendo, con el rodaje, sus actuales mimbres de éxito.

Al Rojo Vivo es el carrusel deportivo de la radio reconvertido en una emisión periodística por televisión. Aquí se comentan las jugadas de la política con la emoción del periodista. Una emoción que, antiguamente, era mal interpretada, ya que se atribuía a una pérdida de objetividad. Error, pues se puede ser objetivo y, a la vez, transmitir emoción. De hecho, el periodismo sin emoción no existe. Porque la emoción es lo que da un valor añadido y una mirada extra a la crónica.

Justo, por eso mismo, por falta de emoción la información no terminaba de interesar a las grandes audiencias televisivas. Durante años, los programas de debate informativo primaban comunicadores que parecían fríos y clónicos robots recitando noticias sin sentir lo que estaban diciendo. O lo que es peor: sin entender lo que leían. Así se invitaba al espectador al zaping o, directamente, al sueño profundo.

Este tipo de manera de presentar mal entendida como "seria" y "rigurosa" -lectura perfecta y casi sin expresividad- es tan plana, verbalmente y gestualmente, que no ayuda a la hora de que el público comprenda lo que se está narrando y, como consecuencia, fomenta que el espectador desconecte.

Todo lo contrario que sucede en el ámbito del programa de larga duración con Ferreras, que vive su paso por el plató con una pasión que traspasa. Su narrativa, su movimiento de manos, su carácter propio. Puede gustar más o menos, pero no deja indiferentee. A veces, hasta es imprevisible, incluso para su propio equipo.

Porque García Ferreras cuenta con una habilidad para cerrar conexiones en directo durante la emisión del programa y hacerlo mientras está presentando. Lo consuma a tal velocidad que sus compañeros de programa pueden enterarse de tal conexión cuando ya está la conexión en emisión. Y esta cualidad en televisión es un superpoder: Ferreras tiene el control de lo que sucede en su programa con una apasionada seguridad que atrapa al público. Su nervio se impregna en cada segundo del formato y, ese mismo nervio, se contagia sin paliativos en un espectador que queda atrapado al vaivén de la actualidad. Aunque no pase nada, parece que está pasando todo. 

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