ANÁLISIS

El problema de 'La casa fuerte', el reality que suple este otoño a 'Gran Hermano'

'La casa fuerte' se centra en la telenovela de la saga Pantoja para crecer en interés.
'La casa fuerte' se centra en la telenovela de la saga Pantoja para crecer en interés.
Borja Terán

Los realities de convivencia suelen necesitar tiempo para coger vuelo. De ahí que las míticas noches de estreno de 'Gran Hermano' se optara por un guion cargado de suspense para pillar desprevenido al espectador y captar su atención a través del delirio de lo inesperado, que iba desde quitar la ropa a los concursantes para que empezaran a vivir la experiencia (literalmente) de cero hasta a la confusión con dos gemelas haciéndose pasar por un participante único. El show intentaba no parecer lo mismo, salía a jugar.

Emisiones bien diferentes a la estructura de los realities del Telecinco de hoy, mucho más temerosas a la hora de arriesgar en planteamiento. Como consecuencia, se elige el supuestamente "infalible" atajo de continuar debatiendo sobre los dimes y diretes habituales del canal. Y vuelve, como fichaje estelar, una vez más Isa Pantoja porque su madre, casualmente, está de actualidad. Quizá la pregunta es: cuándo no está de actualidad. Pero en Mediaset se vende que esta es la crisis definitiva de la tonadillera porque Kiko Rivera ha roto para siempre con ella. O eso da la sensación al escuchar a Jorge Javier Vázquez, seguramente por aquello de dar más dramatismo a la situación con la pretensión de elevar el share en tiempos flojos.

Pero ni con esas 'La casa fuerte' va a arrasar en audiencias. Porque es un reality vacío. No tiene ninguna premisa imaginativa clara, la mayoría de los concursantes no sorprenden al ser los de siempre de la tele-realidad . Se intenta sobrevivir con el culebrón de viejos conocidos, pero no se crean prácticamente historias nuevas y, sobre todo, el formato sufre un problema crucial: su convivencia no es transparente. Y es que los participantes no están encerrados en una casa con cámaras robotizadas. La coexistencia de los participantes se graba con operadores de cámara in situ. Es decir, con equipo de técnicos en el hogar alquilado para el show.

Mientras la casa de 'Gran Hermano' es un estudio con cámaras colgadas de las paredes y escondidas tras espejos, lo que permite que los concursantes se sientan en intimidad y se olviden de la televisión -o, al menos, que lo parezca-, en 'La casa fuerte' los participantes tienen la cámara pegada a los morros. Y con una antorcha para iluminar el oscuro lugar. Por tanto, saben cuando tienen que actuar para la tele y cuando no están siendo observados. Esta circunstancia el espectador no la analiza, pero la intuye. El reality se ve más teatrillo que otros espacios del mismo género.

No tener una casa-plató, completamente iluminada y llena de cámaras robotizadas, abarata mucho el coste de producción. Un modo de operar que se utiliza también con 'Supervivientes', de la misma productora. En la isla también son equipos tradicionales, con la cámara a cuestas, los que graban de cerca a los náufragos. En ese contexto exterior la fórmula funciona, pues es un gran espacio al aire libre, casi de postal, y con el paso de los días se ve su evolución física de los concursantes: adelgazan, el sol muta su piel... Lo que otorga realidad a un reality show rodado con técnicas de docushow. Porque, de verdad, están fuera de su área de confort viviendo una aventura.

Sin embargo, este sistema de 'Supervivientes' no funciona igual de bien en 'La casa fuerte'. Aquí siguen en su hábitat madrileño e introducir a técnicos del programa a grabar cómo conviven en habitaciones tan pequeñas despierta la susceptibilidad de que no todo fluye con naturalidad. Saben cuándo son grabados, sobreactúan ante una cámara pegada a su cara. Por eso tal vez las galas se intentan centrar más en el conflicto que surge en directo en el plató, como un 'Sálvame' cualquiera. Pero tampoco ayuda en el devenir del reality que las pruebas para dotar de más contenido al show estén producidas con un atrezo tan de bazar 'todo a un euro', que no aporta ninguna peculiaridad espectacular. No plasman una idea especial que atraiga por su pringue imaginativo. Los juegos intentan extraer al casting de esa área de confort casera, aunque son tan cutres que no llaman la atención. Todo es a medio gas. Por eso, 'La casa fuerte' es el típico programa que desaparece de la noche a la mañana y no se echaría de menos. A las pruebas hay que remitirse: ha regresado como salvavidas a Telecinco tras su cercana edición de verano y ya lo habíamos olvidado. 

Mostrar comentarios