Miércoles, 24.04.2019 - 08:44 h
Telediaria

El uso erróneo de las redes: la sociedad que confunde crítica con pataleta

Las redes sociales han revolucionado el acceso a la información. El caudal informativo es más accesible que nunca pero, también, maleable como nunca, ya que la información se comprime como jamás ha sucedido: en unos pocos y efectistas caracteres, que fluyen a gran velocidad a golpe de 'tuit' y 'retuit'. Lo que ha provocado que las redes se hayan convertido en el escenario perfecto para la simplificación de la realidad.

Los políticos ya lo saben, por eso merman su argumentario al titular emocional. Mucho más rentable electoralmente, pues se basa en repetir o crear proclamas más basadas en los fáciles mitos del prejuicio del miedo que en complejos datos verificados sobre problemas sociales cruciales.

Esta teatralización clásica de la proclama los políticos la tienen bien interiorizada, pero ¿y los usuarios? ¿y los medios de comunicación? ¿y la televisión? Las redes sociales son una magnífica herramienta que ha hecho más democrática la información, es evidente, pero sigue siendo crucial la labor del periodismo para digerir un ir y venir de noticias entre la que se cuela la desinformación con una poderosa virulencia.

Así, en las redes sociales, se crean micromundos de interés, donde el lector crítico da paso al lector creyente. Este último, sólo acude allí donde leerá lo que quiere. Aunque no sea cierto. Aunque haya sido desmentido. En las redes, hay desinformación a gusto de cada consumidor. 

A la vez, con la rapidez con la que se utiliza Twitter o se ojea WhatsApp, es sencillo que cualquier usuario caiga en la trampa de amplificar un bulo porque le indigna. De esta forma, creció el discurso de Donald Trump en Estados Unidos y Vox ha alcanzado tanta notoriedad en España. Manejan el lenguaje de las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea con la aireada entonación que mejor se expande en el universo de la viralidad. Intensa, indignada y de tesis breve y fácil. Muy breve y fácil. Mensajes que no causan indiferencia. Tampoco en aquellos a los que irritan tales salidas de tono y que, al final, son ellos mismos los que amplifican el mensaje criticándolo y, por tanto, otorgándolo más relevancia de la que quizá, a veces, tenga.

Santiago Abascal, Salvados
Vox no necesita la televisión, es uno de los partidos que mejor entiende un tipo de entonación que funciona en redes sociales y otorga una poderosa visibilidad.

Aún la sociedad y los propios medios de comunicación están aprendiendo el uso de las redes sociales. Son demasiado nuevas y todavía no hemos interiorizado que antes de retuitear, reenviar un mensaje o hacerse eco en un medio de comunicación hay que preguntarse quién está detrás y qué pretende con ese contenido. Pero es más fácil indignarse y poner el foco en la proclama que tanto indignó. 

La simplificación mata lo relevante

El problema se acrecienta cuando esta abreviatura de los contenidos que favorecen las redes está destruyendo los contextos. Ni siquiera el espectador valora como antes esas peculiaridades que explican las circunstancias de cada realidad, que siempre es compleja y no puede resumirse en un 'tuit' viral. No ayuda tampoco la prisa con la que se consume este flujo de argumentos, ya que, una vez más, impide que nos fijemos en los detalles que hacen que el 'todo' sea de una u otra manera.

También sucede en la televisión y en los medios escritos, que se dejan llevar por el río de la tendencia en redes. Mejor aún si ofende y favorece aireadas olas de críticas. Porque criticar es sano y democrático. Pero, cuidado, estamos malinterpretado el valor de la crítica como herramienta para progresar y reinvindicar. Hemos confundido crítica con pataleta y eso, al final, favorece un efecto boomerang que sólo produce choques que retroalimentan las trincheras de los extremos, pero que no solucionan. Al revés, se fomenta el callejón sin salida de la polarización de opiniones que impide puntos de encuentro si la simplificación no atiende a las complejidades que hacer comprender mejor la sociedad de verdad.

La crítica por sí sola no sirve de absolutamente nada. La crítica que sirve es la que aporta perspectiva, estudia, analiza, propone y discurre ideas para avanzar. Y nos estamos quedando paralizados en el entretenimiento de la información de usar y tirar y, como causa-efecto, en la malentendida crítica e incluso autocrítica. Nos dijeron que debíamos ser críticos, pero tal vez nadie nos dijo que la crítica sin argumentos es inservible y se queda en una vacía rabieta.

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