EN PERSPECTIVA

El uso interesado de las palabras: cuando la sociedad polarizada envenena significados

Sopa de letras
Sopa de letras
Borja Terán

La polarización social también desvirtúa el significado de las palabras. Incluso consiguiendo que cambie el valor real que atesoran. Véase uno de los casos más flagrantes: la utilización del término 'activista', que está mutando en boca de una parte de la sociedad. El activismo es luchar por causas e ideales. En definitiva, debería entenderse como una virtud en pos de un mundo mejor y más justo. Sin embargo, ahora, se lanza como insulto. "Eres un activista", gritan algunos como si fuera malo. Como si pelear por lo que crees fuera negativo, cuando, en sí mismo, no debería.

Es el uso torticero del lenguaje va haciendo mella en la sociedad, pues se consume tan rápido la información a través de las redes sociales, que picamos el anzuelo y no reaccionamos ante determinados discursos que buscan calar y quedarse. Un ejemplo de meses atrás: en un debate político previo a las últimas elecciones a la presidencia de la Comunidad de Madrid, la periodista Àngels Barceló fue llamada "activista" para desacreditarla, simplemente por intentar mantener la cordura y el respeto hacia todos los candidatos en un exaltado debate. En estos tiempos, la palabra "activista" nos salpica a los propios periodistas al contextualizar y apelar a derechos esenciales.

Así, las palabras se van devaluando y se convierten en una simplificada arma arrojadiza. Estás conmigo o contra mí. Y si estás contra mí, intento hacerte de menos, quitar valor a tus argumentos. Es la otra manera de dividir socialmente. Se tergiversan términos hasta transformar en peyorativas palabras que pueden servir para construir socialmente. De esta forma, en las redes sociales ya se usa "activista" como insulto cuando, en realidad, podría ser hasta un bonito piropo. Pero el mal uso de la palabra cuaja socialmente, evoluciona en realidad como sinónimo agresivo de "parcial" y se arroja para hacer parecer que tus palabras no valen nada. Porque las dices porque eres un activista. Como si las palabras de los activistas no estuvieran llenas de sentido y normalmente asociadas a una lucha justa que mira por el bien de muchas minorías y por tanto de todos.

Y es que el buen manipulador conoce la importancia de crear tendencias de opinión a través de las palabras cotidianas, que son las que realmente van haciéndose hueco en el día a día. Retorcer el lenguaje para marcar la agenda y desacreditar es una trampa en la que se puede caer o no. Pero normalmente se cae, porque el trazo grueso devora hasta la capacidad de defender la profundidad de las palabras y sus contextos. Porque no se trata de blanco o negro. Todo depende de los matices, y las palabras también atesoran muchos matices que deberíamos empezar a aprender a mirar más. Aunque te terminen llamando activista de los contextos y los matices.

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