Jueves, 20.09.2018 - 17:09 h
Telediaria

El vídeo de Miró y Paloma Chamorro que deben ver los políticos que deciden sobre el futuro de RTVE

En los últimos años, los políticos evidencian que no han entendido o no han querido entender la esencia de RTVE como motor social y cultural. No se han sumergido en el archivo de la cadena pública, no han visto el potencial que esconde esta empresa pública que, a veces, se confunde con un ministerio. Pero no, no es un ministerio. RTVE es un centro de producción, de información y de entretenimiento, que se sostiene en el compromiso con la creatividad. Esa creatividad que nos enriquece, que nos permite avanzar, que nos despierta curiosidad, que incluso nos pilla de imprevisto, que nos hace más libres.

La rica historia de RTVE demuestra que sus épocas doradas han ido unidas a gestiones de creadores de lo audiovisual. De Chicho Ibáñez Serrador, como director de programas, a Pilar Miró como directora general. 

Y por ahí va el futuro. Incluso dando un paso más allá: por profesionales que conozcan más el ente que la política, porque la gestión de RTVE debe desvincularse para siempre del cambio del gobierno de turno. Difícil tarea, pero no imposible.

La gestión de RTVE debe ir vinculada a la excelencia de entender y conocer los cimientos de la corporación pública y la industria que afianza con sus contenidos, como compañía que preserva la producción que retrata un país en sus grandezas, en sus miserias, en sus ilusiones, en sus frustraciones y, especialmente, en sus detalles. Y eso se hace desde los informativos, pero también en ficción, en humor, en entrevistas, en programas contracorrientes. Contando historias con, de nuevo, creatividad. Haciendo, en definitiva, televisión.

En eso de los detalles fue, a su manera, maestra Paloma Chamorro. Una periodista valiente que no caía en el eufemismo en una época de eufemismos. Conocida por el musical La edad de oro, también dirigió Trazos, dedicado a las artes plásticas. Paloma no se quedaba en lo obvio e incluso consiguió realizar una épica careta de presentación de su programa basada en el valioso detalle. Porque la televisión, como casi todo, se construye con aquellos que saben hacer un todo desde el detalle que marca esa diferencia.

Así, Chamorro puso a colorear a Miró el nombre de su programa. Su equipo lo grabó y, en postproducción, ese plano de detalles fue montado con una banda sonora que creaba una estampa para la posteridad.

No sólo estaba retratando el arte de trabajar de un ya anciano genio, estaba creando una épica cabecera de arranque de su programa, Trazos. Una sintonía a la que el espectador se quedaba pegado. De hecho, hoy es fácil aún quedarse hipnotizado viéndola: expectante de qué rumbo tornarán esas ceras de colores, de cómo acabará el dibujo. Así el programa narra una historia con la imagen, con su desarrollo y desenlace, con un mito trabajando. Sencillo pero, a la vez, efectistamente interesante.

Pura emoción hecha desde un plano de detallismos que recuerda que la televisión pública es eso: transmitir sin quedarse en lo evidente. Y los políticos de hoy, con sus decisiones sobre RTVE, corren el peligro de quedarse en lo evidente, en el cambio de cromos de afines y no afines, de peleas por nombres en el que pesa más otros factores que la trayectoria en el sector radiotelevisivo, y quizá es el momento de abrir la mente, ir más allá, pensar en una RTVE global sin trincheras, que analice y aprenda de los detalles de su valiosa historia, con su proyección en el futuro y de aquellos creadores que lograron y logran contar historias con su pasión profesional. Como hacía Chamorro con Miró. Así:

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