Sábado, 07.12.2019 - 19:23 h
Telediaria

El virus del reality show: el sensacionalismo arrasa con la TV

Los pesimistas dicen que la televisión tradicional está agonizando, pero la realidad es que los grandes programas acontecimiento siguen reuniendo millonarios audiencias frente al televisor. El poder de la masa sigue se mantiene en la tele de siempre.

Sin ir más lejos, este mismo miércoles, más de cuatro millones de espectadores siguieron el estreno de 'MasterChef' y 'Gran Hermano VIP'. La 1 y Telecinco peleaban con sus formatos estrella en una noche que demuestra que hay hueco (y público) para dos estandartes de forma simultánea.

Los realities son el formato rey de la actualidad. De hecho, se ha expandido por un virus por toda la programación, contagiando de su dinámica a todo tipo de programas. Empezando por los magacines, que ya son un reality desde que 'Sálvame' transformara a sus colaboradores en sus propias cobayas.

También los carruseles matinales, de Ana Rosa Quintana a 'Espejo Público', impregnan a su contenido de la textura de la tele-realidad, ya sea en el aparato de sucesos o en la misma política, que vive sumida en un vaivén de márketing más pensado para ganar un relato atractivo en los medios de comunicación y redes sociales que en la gestión por la estabilidad del país.

Todo es reality. Porque la televisión ha evolucionado hacia un ritmo trepidante de multitud de impactos en el que el espectador ya no tiene paciencia. Así que los programas potencian la magnitud de lo que narran para atrapar a su audiencia con multitud de giros de guion, músicas sugestivas, rótulos rimbombantes y golpes de efecto para que no decaiga la atención y nadie cambie de canal. El sensacionalismo campa a sus anchas, en la mayoría de las veces disfrazado de periodismo, servicio público y otras milongas para sentirse mejor con uno mismo.

Un escenario de delirio colectivo en el que la intensidad ha arrasado con la profundidad. No hay demasiado tiempo para pensar.. Los cebos de 'Aquí hay tomate' o 'Gran Hermano' ya se utilizan en todo tipo de géneros televisivos. Hasta en los documentales o informativos.

Porque las tácticas de la tensión ya tergiversan un alto porcentaje de la programación. Vivimos en la era de la televisión de impacto, el tiempo en el que lo distinto es no caer en la red de la efervescencia del reality show

En momentos en los que la tecnología arrasa con todo, la televisión está poniendo remedio a los cambios de consumo por el camino más fácil: el de la exageración que pone el foco en la polémica como el más rápido salvavidas. Los datos de audiencia corroboran que esta técnica funciona, pero esos datos de audiencia serían aún mayores si las cadenas nacionales reorganizaran sus parrillas a través de una programación donde la creatividad ganara al reality show. Pero para eso hace falta tiempo al tiempo, y ahora no hay tiempo.

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