Miércoles, 12.12.2018 - 11:22 h
Telediaria

Lo mejor y lo peor de la emocionante actuación de Amaia y Alfred en Eurovisión 2018

Amaia y Alfred en Eurovisión
Amaia y Alfred en Eurovisión

Por primera vez en años, a los artistas de la candidatura española en Eurovisión no les ha impuesto actuar en Eurovisión. Amaia y Alfred han estado tranquilos, relajados y, sobre todo, disfrutando su 'Tu canción'. Están curtidos en platós de televisión, su bagaje en OT se nota y, a diferencia de Barei o Manel Navarro, no se han jugado la promoción de su carrera en el eurofestival. Al contrario, ya tienen ganado el cariño del público. Eso sí, el cariño del público español.

Amaia y Alfred han estado brillantes vocalmente y auténticos interpretativamente. Porque son auténticos. Eso es innegable. Se ha notado que han salido a vivir el momento, incluso se ha escapado algún guiño cómplice entre ellos. Aunque no ha existido el esperado beso final, sí han desprendido una disfrutona química que ha traspasado la pantalla para  la emoción de la audiencia española, esa audiencia que ha visto como ha crecido su relación delante de las cámaras de OT. Sin embargo, esa autenticidad de Amaia y Alfred tal vez no se ha mostrado tan bien como se podía a través de la televisión: la propuesta escénica diseñada para Eurovisión ha caído en una realización que ha dado (literalmente) demasiados rodeos para mostrar a nuestros artistas y no ha aportado un gran sello diferencial para destacar entre la multitud de artistas que pisan esta noche ese escenario. En esto último está el problema principal. Una realización muy convencional para el eurofestival. No enseña al mundo lo que son y por lo que han conquistado al público español.

En Eurovisión es fácil aturullarse con el gran escenario y pecar de construir el relato de cada número musical con el plano más efectista, ese plano con una cámara que toma una imagen más general para que luzca toda la artillería escénica. Esa imagen que aprovecha los haces de luz. Esa imagen que cae rendida a la grandiosidad del estadio donde se celebra el evento. Pero no todos las canciones ni no todos los artistas ganan en ese gran y adictivo plano general. Menos aún, si en el ADN del artista y la canción prima una sensibilidad íntima por encima del efectismo del show del espectáculo prototípico.

La emoción en TV se construye en plano corto

La sensibilidad en televisión se suele transmitir siempre mejor en plano corto. Ese plano que muestra las miradas del protagonista, ese plano que palpa la complicidad, el nervio, la inestabilidad... la verdad. Ese plano que retrata cuando saltan chispas de emoción en directo. Y esa es justo la esencia de 'Tu canción', el tema que ha representado a TVE esta noche en Eurovisión 2018.

En una edición de Eurovisión 2018 bastante regulera en cuanto a la existencia de pocos artistas contundentes, Amaia y Alfred tenían todo a su favor. Ellos sí son contundentes, son genuinos, son especiales, son auténticos y no han defraudado. Pero, lo malo, es que esa fuerza de su autenticidad que nosotros conocemos tal vez no se ha visto del todo bien por la televisión en Eurovisión. Y la audiencia europea no conoce la historia que hay detrás de Amaia y Alfred. El seguidor internacional de Eurovisión que vota no ha vivido el fenómeno de Operación Triunfo 2017 y la realización visual de la puesta en escena española no ha incentivado lo suficiente el potenciar lo irrepetibles y únicos que son Amaia y Alfred.

Se ha caído en la trampa de un aluvión de planos más o menos generales en instantes en los que el espectador necesita ver de cerca la cara de Amaia y Alfred, sobre todo al final cuando ansiábamos el beso. Así se ha empujado un mal efecto televisivo: que el público sienta en determinados instantes que se está perdiendo algo, que hasta tiene que acercase a la tele para ver mejor lo que está pasando en el escenario y la imagen no termina de enseñar bien.

No ha existido una propuesta de estilo definida. Que si ahora un largo plano secuencia, que si ahora un plano corto de perfil, que si ahora un plano general para mostrar la luz sepia que, en realidad, envejece a dos jóvenes artistas. Por ejemplo, si quieres arriesgar de verdad: diferénciate del resto y haz toda la actuación en ese plano secuencia -cosa que también hubiera sido muy complicada-, pero nunca te quedes a medias, como ha pasado. No conviertas en ñoños dos chicos que no son ñoños. 

Amaia y Alfred en Eurovisión
Saltaban chispas

La puesta en escena de 'Tu canción' ha plasmado un escenario vacío con dos chicos en el centro. En vez de focalizar con rotundidad la atención en ellos: para verlos aún más, para sentirlos aún mejor, situándoles en un punto concreto: próximo. En definitiva, para que destacaran ante una Europa que no conoce su talento, pues no ha visto OT. Porque sólo ellos dos, con su capacidad artística y su seguridad escénica, llenan el escenario. Y lo han llenado ante un público que encendía esas linternas de su móviles (por petición de la candidatura española) para impregnar de afecto esa escena desierta. Porque ese público, lleno de españoles, se siente partícipe de verdad de la actuación de Amaia y Alfred, se siente partícipe de Amaia y Alfred.

Pero Eurovisión es un show de televisión que se ve por la televisión. Y, aún con el cariño de los miles de Españoles que allí se encuentran alumbrándoles, la propuesta visual ha empujado a Amaia y Alfred a una convencionalidad de medias tintas que no les representa. Ellos no son convencionales, ni quieren serlo. Ellos no son color sepia. Ellos son especiales. Relativizan, ironizan con inteligencia y, a la hora de cantar, se crecen. También en Eurovisión, donde, aunque hayamos sentido cierta frustración de que no les hemos podido ver del todo, han terminado seduciendo a esa audiencia que ha crecido con ellos en los últimos meses.  No sólo con su arte. También aprendiendo de tolerancia, igualdad, música, televisión y hasta, incluso, que se puede querer a un mismo país de muchas y diferentes maneras.   La diversidad nos hace mejores.  Y eso es el alma de Eurovisión.  Pues eso, Feliz Eurovisión.

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