ANÁLISIS

Italia gana 'Eurovisión': el eurofestival debe reinventarse para seguir más vivo

Galas muy tecnológicas pero que necesitan un toque más humanizado, de ahí la victoria de Italia.

Italia gana 'Eurovisión 2021'
Italia gana 'Eurovisión 2021'
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Se asocia la victoria en 'Eurovisión' al voto político o al marketing que ejercen o no los candidatos en los meses previos a la cita, pero 'Eurovisión' representa más la meritocracia. Dejemos las conspiraciones, lo que realmente vale en 'Eurovisión' es que los países traspasen la pantalla a través de la fusión de música, televisión y arte. Es lo que ha hecho Måneskinr con su apuesta de rock glam. Favorito desde el principio, ha vencido a Suiza y Francia en un reñido televoto. 

Italia tenía una canción diferente, con una propuesta estética muy clara, que podríamos denominar rock-glam-sexy, y con una banda que parecía darle igual 'Eurovisión'. Lo que se traduce en el atractivo de la seguridad en escena. Porque el escenario de 'Eurovisión' está pensando para auparte si tienes el carácter y las ideas claras o para engullirte si no pisas sobre seguro. Es la fuerza del eurofestival desde sus orígenes. De ahí que este acontecimiento, que crearon las televisiones públicas europeas, siga reuniendo grandes audiencias desde su nacimiento en 1956. Ahí nació todo, y nació muy bien. Ya el formato estaba bien definido por estructura, sencillez y un punto de provocación. La creatividad era el aliciente de los artistas que pisaban el festival. Y el festival no se ha hecho viejo con el paso de los años porque ha sabido transformarse en un campo de experimentación de las novedades tecnológicas audiovisuales, pero sin perder la esencia inicial: un desfile de propuestas musicales que va al grano, no se pierde en rodeos y que acaba en una votación apasionantemente trepidante.

Los escenarios de 'Eurovisión' han ido creciendo a la vez que la participación del público, pues 'Eurovisión' también ha sido avispado en incorporar la conversación de las redes sociales para generar más vínculo entre fans y el concurso. Se permite a los eurofans ver los ensayos, sentirse partícipes e interactuar con el devenir de los preparativos de las galas. Con estos mimbres, 'Eurovisión' sigue arrasando en audiencias y uniendo, una vez al año, a Europa frente a la pantalla, del tamaño que sea. Porque la televisión no se ve ya sólo por la televisión.

65 años después de su nacimiento, la disminución de público en el auditorio por las medidas de seguridad de la pandemia ha provocado que, por primera vez, la 'green room' -la sala donde las delegaciones de los países conocen las votaciones- se haya colocado justo frente al escenario. Así, en este 2021, ha ocupado el lugar que habitualmente acoge a la audiencia asistente de pie, mientras mueve las características banderas de sus países. Estas banderas no son baladí, pues marcan la diferencia estética del eurofestival frente a otros talents shows. Se cuelan por debajo del plano en las actuaciones y el espectador sabe que está disfrutando de 'Eurovisión'. Y ahí el festival debe plantear su siguiente revolución para no quedarse atrás.

La proliferación de grandes pantallas de led provoca que cada vez a 'Eurovisión' le cueste más diferenciarse de otros talents shows. Pero 'Eurovisión' es más que un talent show: es un acontecimiento televisivo anual. De ahí que debe arriesgar aún más en sus escenarios para seguir transmitiendo que es un evento único que se adelanta a lo que viene. Y no parecer un escenario que en plano corto podría ser de 'Got Talent' o 'La Voz'. ¿Cómo se proyecta mejor esa grandilocuencia? Este año se ha incorporado realidad aumentada para dar más altura y movimiento a la introducción del espectáculo. Pero también es importante recuperar la escenografía artesanal clásica para crear universos imaginativos. Es más, cada año, debería haber una historia detrás de cada escenario. Así 'Eurovisión' sería más único en un momento en el que todos los talents shows son muy parecidos por las posibilidades de proyección que otorga el universo de pantallones leds.

El escenario de 'Eurovisión 2021' ha sido práctico para que cada país cree su ambiente propio pero casi no ha otorgado esa unidad que recuerda que todos los países están en el mismo 'Eurovisión'. Y eso puede suponer un paso atrás de previsibilidad de un eurofestival en el que todo está muy medido y automatizado. Sin embargo, para disparar las audiencias y atraer a nuevos públicos es necesario contagiar más el nervio del imprevisible del directo. Quizá sea el momento de dotar a 'Eurovisión' de más liturgias escénicas. Un acierto fue incorporar el desfile de banderas, que sirve de apoteosis incial al show, inyecta adrenalina y multiplica la aureola de acontecimiento glamouroso, diverso y fraternal. Pero 'Eurovisión' necesita dar un paso más con algún fogonazo de más planos del público o de bastidores. Necesita mostrar más lo que no se ve para entender lo que se ve. Humanizarse entre tanta tecnología engrasada y robotizada. Más capacidad de planos de reacción para mostrar lo relevante, expresivo o emocional que sucede también fuera del guion milimetrado. 

La estructura del eurofestival es infalible: postal introductoria de cada país, actuación y, finalmente, el nervio de la votación. Pero si toda la maquinaria y el envoltorio escénico está tan automatizado, la gala en sí puede ir perdiendo la espontaneidad del festival para ir mutándose en un talent show al uso. Gigante, anual, pero al uso. Y eso no debe ocurrir, porque eso no es 'Eurovisión', una competición donde no se va a imitar, se a va a ser con todas las consecuencias. El lado más artesanal será vital para que no sea un concurso clónico más. Italia, Francia y Suiza tenían mucho de ese punto artesanal en sus actuaciones. Por eso han destacado. Porque la música crece cuando está entremezclada con el atrevimiento de la creatividad más tangible. Por cierto, ojalá presente el próximo año 'Eurovisión' Raffaella Carrá. Gracias a ella, la RAI volvió al eurofestival tras años de ausencia. 

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