OPINION

La angustia de encender la tele

El programa de Ana Rosa Quintana
El programa de Ana Rosa Quintana

A un 42,7 por ciento de los ciudadanos estos días la información les genera angustia o estrés. Es uno de los resultados de la investigación sobre los cambios en el consumo informativo durante la crisis del coronavirus, que ha realizado el grupo de investigación Digilab, de la Facultad de Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna (Universidad Ramon Llull de Barcelona). El estudio se ha desarrollado entre el 3 y el 10 de abril con una muestra de 1.220 personas de todo el territorio español.

Ese 42,7 por ciento representa el otro aprendizaje de estos días de confinamiento: gestionar la angustia informativa. Esa que produce la sobreinformación que no es lo mismo que la información. La cruda realidad hace que determinados programas decidan rellenar largas horas de emisión sólo con datos sobre coronavirus. Pero no hay nuevos datos y eso puede propiciar dar repetitivas vueltas en busca de respuestas que aún no existen y, por tanto, terminar dando alas a la especulación.

También el número de afectados se puede convertir en un escrutinio diario de dudosa deontología si se practica mal. Porque tan relevante como el dato es el contexto de los matices que explican bien ese dato.

Un escenario que ha propiciado que muchos espectadores teman encender la tele: porque la inexistente novedad periodística es en ocasiones engullida por la extensa y extenuante divagación que alarma más que informa, en la que caen sobre todo los largos formatos del género del magacín.

De hecho, la encuesta destaca que en asuntos tan cruciales, al final, la ciudadanía tiende a refugiarse en la credibilidad de los medios que conocen, donde destacan los periódicos digitales (38,3 por ciento) y los informativos de televisión (33,9 por ciento). Entre los últimos, los 'Telediarios' de las televisiones públicas son los que merecen mayor confianza. El espectador busca más información sustentada en los expertos y menos en los 'opinadores'.

En lo que respecta al consumo puramente online, este estudio demuestra que es fundamental la fidelización de públicos a través de la credibilidad diaria de los medios, ya que el 52 por ciento de la muestra representativa acude directamente a la web del medio en el que confía, perdiendo peso el acceso a noticias por las redes sociales y Google (38,1 por ciento), una vía más frecuente a la caza de la curiosidad en circunstancias normales.

El otro gran problema que plasma esta pandemia es la mercantilización del dolor por algunos grupos que aprovechan la dura circunstancia para confundir a la sociedad. El 80,3 por ciento dice haber recibido noticias falsas o de veracidad dudosa sobre la pandemia, que proceden mayoritariamente de las redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea (64,3 por ciento) . En ese sentido, WhatsApp es la principal puerta de entrada de las noticias falsas. 

Unos resultados que demuestran que, ante el ruido viral en todo tipo de aplicaciones, los medios de siempre siguen manteniéndose como la primera fuente de credibilidad. Pero no todos de la misma manera, la televisión mantiene su fuerza pero sus programas de entretenimiento debilitan la confianza de sus espectadores si traspasan la línea de hablar de periodismo cuando, en realidad, juegan a la sobreactuación del reality show. Y esto no es un reality show.  Es una realidad trágica a la que tratar con la responsabilidad de la deontología, la sensibilidad y la honestidad crítica.  Honestidad crítica que no es lo mismo que opinión incendiariamente indignada.

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