Lunes, 12.11.2018 - 19:47 h
Telediaria

La autenticidad de Aitana que permanece intacta

Menuda noche lleva en emisión en Canal Sur desde 2004. Juan Y Medio conduce con cercanía e ironía este programa en el que los protagonistas son niños salerosos que preguntan e incluso vacilan a un invitado famoso.

El longevo éxito del programa se sustenta en un buen casting de pequeños artistas, junto al propio Juan Y Medio y las surrealistas entradas en escena de mini-cómicos que irrumpen en escena para representar sketches al estilo del Un, dos, tres... responda otra vez. Porque, al igual que en el mítico show de Chicho Ibáñez Serrador, en Menuda noche no hace falta presentar a colaboradores. Los protagonistas entran en el estudio por obra de un guion con mucha intuición televisiva.

El triunfo de Menuda Noche estriba en que transmite verdad. Aunque los niños reciten de resabidilla memoria las preguntas que los redactores del programa piden que digan, el carismático carácter de estos pequeños otorga al formato una adictiva.

Hace unos días, acudió Aitana Ocaña al plató como absoluta protagonista. Fue entrevistada por estos folclóricos niños y, ahí, volvió a demostrar que no es una cantante más: es una artista que transmite.

Aitana no se parece a nadie. Y no se debe parecer a nadie, aunque a veces sus fans lo quieran. En Menuda Noche cantó, jugó, se rió y sobre todo se sorprendió sin filtros. Y eso es lo mejor que puede pasar en televisión. Porque la espontaneidad de Aitana conquista, es transparente, traspasa.

Aitana mantiene esa ingenuidad que contagió en Operación Triunfo desde el minuto uno. Desde esa primera actuación en la que no fue bien el playback y en la que su cara ya no pudo disimular que algo estaba saliendo mal. Esa imperfección fue mágica, pues plasmaba que Aitana desprendía un carácter genuino. Ahí ya estaba contando una historia sin darse cuenta. Incluso evidenciando que algo no estaba bien. Y no pasaba nada.

En el surrealista mundo de Menuda Noche, Aitana ha vuelto a ser cristalina. No se pone barreras y juega con el programa con una naturalidad que escasea en la televisión. Es traslúcida. Bromea y se deja llevar en el loco mundo que propone el formato de la autonómica andaluza. Hasta superando un peculiar interrogatorio por parte de dos particulares policías. Lo flipa y no oculta que lo flipa.

Aitana hasta dibuja en un bloc en vivo a Juan Y Medio. El presentador siempre crea un atmósfera de confianza en plató que propicia que el show fluya mejor. Esta vez, también evidencia que quiere colgar tal retrato en su casa. De verdad. Se nota que le ha gustado el dibujo, porque es especial. Y porque sale muy joven.

Todo en una noche en la que Aitana también canta con una pasmosa energía y sorprende a una niña que sueña con ser artista. Juntas, interpretan Arde. La niña, asombrada, no puede dejar de abrazar a Aitana. No se lo esperaba. Por la tele se respira una radiante verdad. Porque el programa no fuerza los acontecimientos, los deja surgir tras un guion de base. Un detalle importante que la tele ha ido perdiendo en esa obsesión de dejar todo atado de forma artificial para que nada falle. Pero, entonces, todo falla, pues se ve las aristas de lo prefabricado: las cicatrices de lo falso.

Justo lo contrario que desprende Aitana. Si los niños se fascinan al verla, ella aún más al ver a esos niños. Es su gran valor: la naturalidad de comunicar su profesión, su música, su talento, su vida. Ella es la primera que se sorprende en Menuda Noche. Y no tiene miedo a mostrar que se sorprende. No se disfraza de nada de lo que no es, demuestra ser como todos pero, a la vez, con una intuición natural delante de la cámara que cruza con una luminosa honestidad la cámara. Una característica de la que andamos muy escasos en la televisión actual en la que no hay demasiado valiente para ser uno mismo sin rendirse a la apariencia.

En los últimos doce meses, la frenética popularidad del trampolín de OT ha provocado que, probablemente, Aitana haya tenido que crecer muy rápido. Pero esa velocidad de despegue no ha coartado su autenticidad. Y eso es lo más importante.  Que no la pierda nunca. 

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