ANÁLISIS

La catarsis emocional del regreso de Ana Obregón para dar las uvas en TVE

Un reencuentro con una identificable y emocionante lectura social. 

Ana García Obregón presentará las campanadas junto a Anne Igartiburu.
Ana García Obregón presentará las campanadas junto a Anne Igartiburu.
Borja Terán

Es este un año en el que las campanadas de fin de año tendrán una inevitable carga emocional inédita. El cierre de 2020 dejará atrás doce meses de despedidas, incertidumbre y cambio. Ni siquiera la Puerta del Sol podrá lucir de fiesta. Quizá, lo más probable incluso es que se encuentre vacía.

La emisión de las doce uvas precisa ser algo diferente y Televisión Española ha acertado con la pareja de rostros que puede unirnos a todos frente al televisor en esa transición de un año negro a un porvenir desconocido: Ana García Obregón y Anne Igartiburu. Dos comunicadoras con las que han crecido varias generaciones de espectadores. Y un regreso especialmente significativo para Obregón, que volverá a la cadena pública tras el fallecimiento de su hijo Aless Lequio. Un hijo al que también todos vimos crecer. Por eso ella, sin querer, representa este abrumador 2020 de sufrimiento, de pérdida, de cambio, de necesitar abrazar esperanza y sentir que no estás solo.

Ana Obregón no estará sola este 31 de diciembre. Estará junto a Igartiburu y ante una audiencia inmensa. Y su audiencia también se sentirá menos sola, aunque no tenga demasiado que celebrar, identificándose con una artista que en televisión siempre ha salido a jugar, coherente con su ADN de show-woman todoterreno, incluso cuando no acompañan los ánimos. Será terapéutico. Para todos. Para ella.

Sus primeras uvas las presentó junto Joaquín Prat en 1994. Después lo hizo varios años con su inseparable Ramón García, con quien ha formado una de las parejas más emblemáticas y con más química de la televisión. Sería bonito que Ramón, maestro de presentadores, estuviera también presente de alguna manera, con algún guiño, en este final de año.

Dos mujeres dando las uvas es un buen final para este 2020. También el hecho de que sean dos mujeres por primera vez en TVE, en un tiempo donde los símbolos son tan importantes. Dos mujeres que son parte fundamental de la historia de Televisión Española, la televisión de todos, y que, en el caso de Ana García Obregón, este retorno cómplice, como ella siempre ha sido con el público, resultará esencial para lograr una catarsis colectiva y emocional que estamos necesitando de cara a afrontar 2021. Corren aires extraños, pero Ana García Obregón ahora también significa nostalgia, la que sentimos por tiempos pasados y más despreocupados, viendo la tele los viernes por la noche, cuando la vida era un juego y había que apostar y todo era posible, porque la vida era una apuesta y nada más.

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