Martes, 15.10.2019 - 08:20 h
Telediaria

La desaparición de la sintonía del 'Telediario' y la crisis de identidad de los informativos de TVE

El 'Telediario' de TVE ya empieza sin avisar. Esta temporada, ha desaparecido la clásica careta de arranque que, con un grafismo animado y una reconocible sintonía, era la carta de presentación que indicaba con cierta solemnidad que empezaba el informativo de la cadena pública. 

La 'cierta solemnidad' es necesaria para la influencia en televisión. O que se lo pregunten a Antonio García Ferreras y sus bandas sonoras épicas en 'Al Rojo Vivo'. Pero las cabeceras de los programas e incluso de los espacios de noticias van desapareciendo porque hay estudios que dictan que los espectadores, más impacientes que nunca, pueden despistarse y cambiar de canal en esos instantes de apertura.

Así que los 'Telediarios' de Televisión Española ya comienzan directamente con efectistas titulares que narran la actualidad. Cambio que no sólo sucede en TVE. Pedro Piqueras, por ejemplo, ya eliminó la careta de 'Informativos Telecinco' para no perder ni un segundo nada más terminar el (por ahora) desaparecido 'Pasapalabra'. Su relato de la información aparece de golpe, con cierta intensidad narrativa, para enganchar al elevado colchón de espectadores que le dejaba el rosco del juego de Christian Gálvez.

Pero el periodismo no debe atarse al golpe de efecto. La esencia del periodismo es más el rítmico sosiego que toma aire para comprender, explicar, contextualizar y digerir la realidad. Y, para lograr estas claves, también en televisión ayuda que el envoltorio tenga una identidad propia contundente.  En este sentido, siguen teniendo relevancia las cabeceras que dan tono al programa. Por eso mismo, formatos como 'Salvados' cuidan tanto la introducción de cada una de sus emisiones. Son vitales para generar el clímax y aportar el contexto del formato. 

Históricamente, la propia TVE siempre ha entendido la importancia de crear protocolos escénicos para potenciar su credibilidad e ir por delante de sus rivales. Los informativos han contado con iconografía destacada que ha ido del característico reloj que, sobreimpresionado a toda pantalla y con la tensión de un segundero que marcaba el compás del tiempo en directo, avisaba que llegaba el 'Telediario' a la solemnidad de las fanfarrias en la etapa de la dirección de Ernesto Sáenz de Buruaga, cuando se cambió la disposición del plató para que pareciera más grande.

Desde este septiembre, ya no hay cabecera. Ya no hay iconografía como antaño que te diferencia del resto. De hecho, no hay ninguna unidad estética en toda la propuesta visual de los informativos de TVE. Esa falta de coherencia en escenografía, rotulación, titulares de sumario y diferentes modos de comienzo y cierre  del programa empuja a una crisis de identidad del reputado sello de los 'Telediarios'.

Ahora, directamente, en el minuto cero del 'TD' aparece Ana Blanco o Carlos Franganillo de pie, presentando los titulares que darán paso al relato de la actualidad diaria. Esa ya es la careta, la propia información. Se busca que el espectador tenga constantemente impactos de contenido para que no disminuya la atención y, por tanto, no baje la audiencia en una época en el que existe una percepción en el público de gran acceso a contenidos, lo que propicia que disminuya la fidelidad en el consumo televisivo. 

No obstante, existen fórmulas intermedias para que la velocidad de la información no engulla a la relevancia de la marca del 'Telediario' y la desvirtúe, como está sucediendo. La propia TVE en los noventa innovo en su puesta en escena de los informativos para ser más competitiva en audiencias y optó por unas cabeceras que eran transparentes. Es decir, se veía lo que sucedía detrás de la animación, en el plató, mientras una rotulación en movimiento marcaba la apertura del informativo con cierta solemnidad que avisaba de que no arrancaba un programa cualquiera, arrancaba el faro de la credibilidad. 

La televisión francesa ahora sigue esta estela con ayuda de la realidad aumentada, que propicia que se pueda incorporar la aparición de elementos animados que impregnan de entidad y atractivo corporativo como si fueran parte móvil del decorado. De esta forma, se logra integrar la imagen de marca del informativo con la vida del plató, ayudando a mantener todo el rato esa curiosidad de un espectador ante lo que le va a contar el periodista de referencia. Porque el público ya ve al periodista mientras suena la sintonía de presentación que proyecta la atmósfera que necesita el informativo.  Como consecuencia, no se pierde el carácter que distingue a esta emisión de otras y otros géneros.

Es decisivo que el público no sólo se esté atento a un programa u otro por la cantidad de impactos que recibe. Eso no fideliza espectadores y sumerge a los 'Telediarios' en un círculo vicioso de noticias de indignación, tensión y sensacionalismo. Lo más relevante es que la audiencia se convierta en fiel y leal porque confía en el formato.

Y, para recuperar este objetivo, el análisis de la audiencia no se puede reducir al minutado del día después o al tópico de que las cabeceras de arranque bajan la audiencia. O se fomentarán sólo espectadores infieles. Justo lo contrario que necesita TVE. Una cadena pública que no puede ir a rebufo de las cadenas comerciales y que debe definir una línea editorial visual con largo recorrido que otorgue empaque a su contenido periodístico,  proyectando mejor lo que son sus informativos: una cita diaria influyente que no se queda en la superficie de tiempos de viralidad, instantaneidad y ruido. O eso debería ser.

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