Viernes, 14.12.2018 - 00:29 h
Telediaria

La imagen que es otra muestra del desplome de interés de 'OT 2018'

Un casting falla cuando el participante se cree más listo que el propio programa. Esto es lo está sucediendo con el actual Operación Triunfo, que pierde número de espectadores cada semana. La identificación de los espectadores con los jóvenes concursantes no está resultando tan eficaz como el año pasado. No les conocemos de la misma forma y es complicado cogerles cariño o que no nos resulten todos intercambiables.

Muchos pequeños detalles pueden explicar este hecho más allá de que todos, ellos y nosotros, estemos más resabiados. El más reciente de estos detalles ha sido este domingo, y rápidamente la imagen se ha hecho viral en las redes sociales: todos tirados en la puerta de su habitación, haciéndose los dormidos. A simple vista, parecía que estaban cansados y realizaban un motín para dar pena con el objetivo de que les abrieran la puerta de su cuarto común antes de la hora marcada, las 22:30. Pero no.

La pasada edición ya se puso llave a esta habitación y un horario de apertura por la noche. Se quería evitar que los concursantes se escondieran y desaparecieran durante la emisión 24 horas, ya que el dormitorio es el único lugar sin cámaras ni micrófonos. Porque OT es un programa de televisión, un talent show con toque reality y, como tal, el espectador tiene que ver lo que ocurre para poder identificarse con los participantes, tener sus favoritos y enamorarse de ellos.

Así, el pasado año, esta academia consiguió respirar un inspirador ambiente de escuela de música. Fuera de las clases, los participantes seguían ensayando, cantando y creando, sacaban la guitarra, demostraban su cultura musical... vivían su ilusión hasta que les apagaban las luces cada noche. Gracias a ello, el realizador del Canal 24 horas pudo regalarnos cierres míticos de algunas jornadas, con los chicos cantando en penumbra o Amaia y Alfred besándose justo antes del fundido a negro. Y esos momentos corrían por las redes sociales en multitud de videos.

Este año, sin embargo, circula esta imagen: los concursantes tirados por los suelos, como agotados. Pero, en realidad, están urdiendo un plan. Es más, comentan, como si fueran los listillos repetidores de la clase: "Cuando venga, no le dirijáis la palabra". Se refieren a Adriá, el chico de la academia que trabaja para estos menesteres. Cuando llega Adriá y efectivamente ni le dan las gracias por abrir la puerta, la estampa que producen todos los concursantes es más de antipatía que de simpatía.

Representan la antítesis de la pasada edición: aquí, más que la verdad de la ingenuidad, se palpa que se creen más listos que el espectador y que no saben ni aprecian el programa en el que están.

¿Están cansados, realmente? Los más asiduos al Canal 24 horas se quejan de que no paran de decir que están cansados y se quieren ir a dormir. Pero, a la mañana siguiente, descubren que se ponen a hablar de lo bien que se lo pasaron en el dormitorio, como si organizaran fiestas privadas de espaldas al espectador. Parece que la generación de 0T 2018 ha decidido no pasárselo bien delante de las cámaras ni mostrarse como son realmente. Y, como consecuencia, los vínculos del espectador con estos chicos no se están construyendo como deberían, porque han decidido no contar nada, no abrirse. Todo lo arreglan con un"luego te lo cuento en la habitación", que es lo que se dicen unos a otros cuando no quieren contar algo ante las cámaras. Y así también dificultan que el público pueda imaginar tramas y sentirse partícipes de su esfuerzo. Y eso causa rechazo lógico entre la gente que sigue el Canal 24 Horas. Quienes les ven cada día sienten que se ríen de ellos.

El buen, regular o mal rendimiento de OT 2018 depende de muchos factores, pero está claro que el grupo de concursantes de este año no se lo está poniendo nada fácil al programa. Tal vez esta actitud sea la de una minoría, pero unos y otros se contagian y lo que llega al espectador es la sensación de grupo antipático. Esta imagen de ellos haciéndose los dormidos es la que llama la atención de una convivencia que, por sí misma, están regalando escasos momentos espontáneos y destacables que fluyen a través de las redes.

Lo que cobra protagonismo es el intento de unos concursantes de boicotear el programa en el que participan. Pero no entienden que boicotear OT es boicotearse a sí mismos. Tienen derecho a momentos de privacidad, claro, pero OT sólo dura tres meses y esas horas ante las cámaras son una oportunidad de oro para mostrarse únicos, para enseñar su talento y su carisma de cara a sembrar una trayectoria futura y lograr un público que les acompañe allá donde vayan. Algo de lo que no parecen querer darse cuenta.

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