Lunes, 11.12.2017 - 21:46 h

La incongruencia de la última gala de OT con Alfred y su versión de 'Amar Pelos Dois'

Alfred de Operación Triunfo Salvador Sobral
Le decimos adiós a Alfred y damos la bienvenida a Salvador Sobral.

Operación Triunfo ya es un éxito. Un éxito social que triunfa a través de las redes sociales, lo que comienza a traducirse en audiencias tradicionales. Sus resultados de cuota de pantalla están en clara tendencia creciente en la noche de los lunes, a pesar de que es un formato que no sólo se consume en el televisor familiar, como sucedía en el primer OT. Ahora también este tipo de reality musical se disfruta a través de las redes y nuevas plataformas, en directo o en diferido.

El acierto por el que está creciendo la aceptación de la gala semanal está en que, con el lógico rodaje del equipo, el programa ya ha estructurado mejor su estructura. Por fin, OT no se pierde en rodeos y va al grano: vídeos que dibujan las luminosas personalidades de los concursantes, versiones de canciones que saben conectar con el sentir de la audiencia plural de 2017 e interpretaciones de unos alumnos a los que les están enseñando muy bien la coreografía de mirar a las cámaras, a su público.

Todo en orden. Bueno, casi todo. Pues en la última gala sí que existió una incongruencia. Uno de los concursantes revelación, Alfred, cerró el show con una versión de Amar Pelos Dois, la canción con la que ganó y emocionó el portugués Salvador Sobral en el último Eurovisión. Una propuesta, la de Sobral, que conquistó la sensibilidad europea por su talento vocal, interpretativo pero, también, por su inteligente puesta escena a nivel televisivo. Perfecta para la catarsis colectiva. 

Pero, claro, aquí viene la trampa en la que cae el propio programa: los profesores pidieron a Alfred que no imitara a Sobral, que hiciera suyo el tema. Una composición con la que, además, se presentó al casting del programa y con la que dice tener un especial vínculo "espiritual".

Y Alfred intentó hacer suyo el tema pero, al mismo tiempo, Operación Triunfo cayó en la incongruencia de que el resto de escenografía parecía una imitación de la de Eurovisión: desde la disposición del cantante en una pastilla hasta los movimientos de cámara.  Todo recordaba al festival. Han producido en plató prácticamente lo contrario que se proyectó al aventajado alumno en la Academia. Se podía haber optado por arriesgar con otra propuesta visual, pero el formato ha ido a lo seguro para captar la emoción de un triunfito que tiene su fuerte en el plano corto.

Es la consecuencia directa de versionar a un talento tan poderoso como el de Salvador Sobral y su aguda propuesta escénica eurovisiva. La materia prima es tan buena y, además, funciona tan bien en televisión que es difícil huir de su influencia. Y, en ocasiones, esta circustancia no debería ser mala, sobre todo si se está homenajeando a un referente como es Sobral para Alfred. Al final, en eso consisten los referentes: en inspirar.  

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