ANÁLISIS

La lección que deja el suspenso de Tamara Falcó en TVE

TVE debe explorar en el aporte vital creativo, no en el efímero golpe de efecto superficial. 

Tamara Falcó en 'Cocina al punto'
Tamara Falcó en 'Cocina al punto'
TVE

El éxito de los programas de cocina en televisión siempre ha ido unido a presentadores con la capacidad de compartir su vida con los espectadores. No sólo basta una receta de cocina, es más importante acompañar al público con una buena historia. Y, en el acogedor ambiente de los fogones, las buenas historias suelen surgir de forma más natural si se cuenta con el bagaje, cultura e ironía suficiente.

De ahí el longevo éxito de 'Con las manos en la masa' (1984-1991), un programa que desde TVE utilizaba una receta como excusa para conocer mejor al invitado. El primer sustento del formato de Elena Santonja estaba en que las recetas no eran nada extrañas, cualquiera podía aspirar a cocinar aquellos menús sin necesidad de comprar artefactos de última generación tecnológica. Pero, además, el programa no se quedaba en una clase de teoría culinaria y tenían el aliciente de que el espectador descubría cómo cocinaba una personalidad relevante, mientras charlaba con naturalidad sobre su existencia. Entre ingredientes, cazuelas y guisos, Santonja lograba que la audiencia sintiera que se colaba en una conversación sin demasiados filtros, una generosa y relajada charla. Así, con el paso de los años, 'Con las manos en la masa' se ha ido transformando en un fondo documental de valiosos testimonios de referentes de la cultura española. Santonja, y la excusa de la cocina, favorecía un ambiente de especial complicidad. 

En cambio, el programa de cocina actual de TVE no funciona porque, entre otras cosas, es la antítesis de estas dos premisas que tanto atesoraba 'Con las manos en la masa' o, después, las diferentes versiones de la cocina de Karlos Arguiñano. Este nuevo espacio de mediodía se llama 'Cocina al punto con Peña y Tamara', se realiza desde un plató de escenografía fría y está conducido por el chef Javier Peña y Tamara Falcó.

Peña sostiene el relato del programa con soltura. Pero su compañera, Tamara Falcó, no tiene un rol definido en el show. Sorprende que esta celebrity está a por uvas en la grabación, como si el programa no fuera con ella. No transmite ninguna responsabilidad para intentar que el formato tenga ritmo o sea entretenido. Es capaz de dejar un largo silencio y no logra hilar una argumentación completa. Su función, por tanto, desconcierta, no está relajada. no aporta nada al show.

No es culpa suya. El éxito de un personaje en televisión siempre depende de los contextos y su encaje en el producto en cuestión. La personalidad de Tamara Falcó puede brillar en un reality como 'MasterChef' en el que se extrae al famoso de su área de confort y reacciona por el choque que se produce del mundo pánfilo entre algodones a la competición en la que superarse. Pero Tamara no es presentadora ni cuenta con experiencias vitales para dotar de interés a un programa de cocina. De hecho, ni con el paso de las semanas la cosa mejora. Como consecuencia, el show no engancha: se siente silencioso, gélido y torpe, a pesar de que el chef Peña hace magníficos equilibrios para que la cosa se sienta entretenida. Pero cuando se presenta a dos y la réplica no funciona, mala cosa. Es más difícil que conducir un show en solitario. 

TVE podía haber optado por parejas de profesionales con más experiencias vitales reales que compartir con la audiencia y que atrajeran a nuevos públicos a la cadena a través de las tres 'c': carisma, cultura y carácter. El propio Peña con Loles León podía haber sido un buen dueto a la hora de crear una cita diaria impredecible con La 1. También interesante, desde otra óptica, hubiera sido contratar a dos revelaciones de 'MasterChef' bien curtidas en las tablas actorales y vitales: Bibiana Fernández y Anabel Alonso podrían haber creado un show de cocina con influencia.

Hay cientos de parejas posibles para dar relevancia de verdad a un programa de estas características. Pero la lección que deja 'Cocina al punto' es que Televisión Española no puede cometer el error de quedarse en el golpe de efecto hueco: para dar luz verde a un programa lo que se debe estudiar es el recorrido que atesora el show y sus protagonistas.

La elección de Tamara Falcó sólo es el errático titular de venta efímero de siempre, pero que no cuenta con el trayecto vital que demanda un formato de estas características. La vía de la superficialidad es un atajo que no otorga relevancia real a una TVE. Una corporación pública que necesita huir del gag de la decisión demasiado evidente. De hecho, La 1 sólo atrae a nuevos espectadores cuando rompe con esa línea gélida de entretenimiento políticamente correcto, incluso con cierta obsesión por lo frívolamente pijo. Un entretenimiento en el que es difícil que el público se sienta identificado y que no representa a la historia de Televisión Española.

TVE debe volver a sus orígenes de éxito en los que el público conecta con el canal porque entretiene a la vez que aporta, pues desprende un punto creativo que permite que los protagonistas juegen, se mojen y hasta compartan experiencia vitales que inspiran. Esa es la televisión que no se queda en bucle en el reportaje repetitivo en las fabulosas cocinas de bares y que si aparecen de invitados dos minutos 'Los Chunguitos' va más allá de reducirles a su propia parodia, como sucede en 'Cocina al punto'. Eso es predecible. Eso es una oportunidad perdida. Desde TVE hay que aspirar a aportar con imaginación. Siempre. Así la televisión es más entretenida. Así la audiencia retorna porque se divierte aprendiendo y descubriendo referentes. Incluso a través de un programa de cocina.

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