ANÁLISIS

La lección televisiva del especial de Pablo Alborán en la Nochebuena de TVE

Pablo Alborán esta nochebuena en TVE
Pablo Alborán esta nochebuena en TVE
RTVE

La televisión nos acompaña de fondo en Nochebuena. El mágico electrodoméstico acompaña a aquellos que están más solos, pero también en las cenas familiares. Es más, el aparato ayuda a generar conversación en la mesa. "Mira cómo están los míticos meteorólogos Maldonado y Montesdeoca en su reaparición en Telepasión", "mira qué simpático Raphael cantando con el de 'Despacito'"... "Mira, mira, ¡mira!" Los 'mira' se contagian con ayuda de una tele que nos pone a curiosear  a la vez que nos recuerda o descubre canciones que ponen banda sonora a la celebración en familia.

Sin embargo, las cadenas parecen que dan por perdida la Nochebuena y deciden no gastar en un prime time de alto consumo televisivo. Mayor consumo aún en un año complicado y raro como este en el que no podemos salir de fiesta fuera de casa. Y la tele se mantiene como centro del salón-comedor, como aliada que logra incluso tapar algunos silencios incómodos y hasta unirnos con la energía de la sonrisa cómplice. Pero paradójicamente la mayor parte de las cadenas tiran la toalla en esta jornada, oye. Televisión Española es la única que mantiene una inversión competitiva en esta jornada. Es su función, es su fuerza, es su tradición (y la de la audiencia).

La cadena pública no falta a su cita con varios formatos de entretenimiento de gran calidad de producción, en los que se sigue mimando uno de los valores de la televisión y que, en cambio, se desatiende en otros lares: la conjunción de escenografía, iluminación y la realización que propicia que la experiencia de visionado sea memorable, que ilusione y quede en la retina del espectador. Ahí TVE demuestra su vigor con especiales que intentan cuidar la calidez en contenido y en continente.

Pablo Alborán en el set principal, con marcos gigantes.
Pablo Alborán en el set principal, con marcos gigantes.
RTVE

Y en continente ha dado una lección el programa musical protagonizado por Pablo Alborán, recordando que para que un show de estas características brille no es necesario reproducir siempre la fórmula de escenario enfrentado al público. La imaginación televisiva está para romper con las ataduras de la inercia. Esta vez, el estudio 5 de Prado del Rey se ha transformado en una calle con casas al revés, salones con suelo de agua teñida de rojo, rotondas a ninguna parte y hasta un juego de marcos y espejos gigantes que reflejaban la espalda de Alborán.

De esta forma, se ha creado un universo propio para mimar aún más la fibra de la música en directo de Pablo Alborán. Universo por el que han pasado artistas como Amaia, Malú o Lolita. Esta última escabulléndose de ciertas repeticiones de todos los invitados sobre lo malo del año 2020 y aportando sus anécdotas que logran esa gran empatía con un espectador que no quiere frases intercambiables protocolarias y espera que los artistas compartan con cierta generosidad hechos con pelos y señales. Ahí Lolita nunca defrauda. Hasta ha incidido que en esos mismos pasillos de RTVE en Prado del Rey ella conoció a Alborán cuando era un pimpollo. El propio Pablo también ha sido generoso sacando su ironía en los entreactos de grabación, donde el programa ha compartido cierta trastienda del rodaje para desengrasar con esa naturalidad que acerca.

A través de esta calle de escenarios imaginarios, a medio camino entre una ciudad de rascacielos sin paredes y el almacén de un anticuario que recopila  marcos en busca de lienzos imposibles, se consigue que el especial tenga más versatilidad visual. Es menos monótono, pues las actuaciones varían de sets que, al mismo tiempo, tienen dentro de la misma textura distintos juegos de luz, atrezo y proyecciones. Y el especial ha sido listo a la hora de empezar su emisión con un plano de contexto. Porque en televisión es vital contextualizar con una imagen referencial los decorados para que el espectador pueda situarse en el lugar y sus matices. Así no se pierde. Así entiende el ambiente y ordena en su mente un plató que no se parece a otros.  

Presentación de los diferentes sets de la calle decorado de Pablo Alborán
Presentación de los diferentes sets de la calle decorado de Pablo Alborán
RTVE

Un plató que demuestra que para trascender no hacen falta las manidas pantallas clónicas de leds, que hacen que todos los estudios de televisión parezcan el mismo -aunque no sean el mismo, parecen el mismo-. Lo que distingue y potencia un buen espacio escénico está en alcanzar el equilibrio entre esa tecnología con la artesanía de la teatralidad televisiva clásica que entremezcla atrezo, luz, proyección e ideas. Y ahí se ha atrevido a indagar el especial de Pablo Alborán, dejando una contundente lección: la buena música se crece en pantalla si se narra con un buen giro de las puestas en escena.

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