ANÁLISIS

La sociedad simplificada

Emma García, 'Viva la vida'
Emma García, 'Viva la vida'

La campaña electoral a la Asamblea de la Comunidad de Madrid ha estado protagonizada por un discurso vacío más que por propuestas realistas. Podría sorprender, pero en realidad es un reflejo más de la sociedad simplificada en la que vivimos, en la que desde los propios medios de comunicación, a menudo, se ha dejado de construir espectadores críticos para buscar feligreses.

El modo de uso de las redes sociales tampoco ha ayudado en este camino que lleva sembrándose durante años: lo breve de un 'tuit' arrasa con los matices. Incluso retuiteamos mucho más lo que nos ofende que lo que nos enriquece. Como consecuencia, tampoco es muy extraño que los partidos políticos se beneficien del eslogan de la provocación, pues así multiplican su visibilidad. Es más, cuando no hay ideas ni carisma, hasta la popularidad de los líderes puede ir más pegada a lo pintoresco de su personalidad que a lo responsable de su gestión. Así que ahí les tenemos, diciendo burradas que solo ansían viralidad.

La campaña de Madrid se ha centralizado en Libertad o Comunismo o Democracia o Fascismo como proclamas infalibles, aunque creyéramos que las teníamos superadas. Son directas, breves, viscerales y van directas a esa carga emocional que nos moviliza. Porque los miedos nos movilizan más que los méritos. Así de simple. Lo negativo siempre hace más ruido que lo constructivo. No es nada exclusivo de las redes sociales, ya la propia televisión lo sufre desde hace años. Pero la pantalla debería hacer autocrítica en el cómo, con el paso de los años, ha ido progresivamente desconfiando de la inteligencia del espectador. Muchas veces se opta por la elección de los contenidos más simples, temiendo que la audiencia se esfume si se le habla en un registro más "elevado". Con lo importante que es mirar bien los matices para hacer un relato más atractivo, lo que incluso engancharía más.

En mirar bien los matices son expertos programas como 'Lo de Évole' o incluso 'La Resistencia'. El detalle que te distingue es una de las habilidades de David Broncano, aunque lo haga siempre entre risas. Sin embargo, en las cadenas generalistas no siempre encuentra su sitio la contextualización de los asuntos complejos. Así se ha ido acostumbrando al espectador a querer certezas instantáneas, rotundas, hasta cuando no hay certezas instantáneas. Resultado: la especulación gana a la información. No sólo sucede en programas informativos, también en todo tipo de magacines.

Sirva como ejemplo algo que ocurrió hace poco en Telecinco. Emma García conecta en 'Viva la vida' con un periodista cultural, Peio H. Riaño, para hablar de Carmen Cervera y todo lo que rodea al Museo Thyssen, se notan los nervios en plató cuando el experto pasa de hablar de dimes y diretes de la prensa rosa y se centra en el negociado de los cuadros. La historia que estaba narrando era altamente interesante, más que las especulaciones sobre la bien sabida vida sentimental de la baronesa, pero, en cambio, da la sensación de que el programa lo corta y no ahonda en lo más atractivo en ese instante porque cree que al espectador le estará espantando. ¡Cómo le va a interesar al espectador lo que pasa en las entrañas de un museo! Corta, corta. Y así todo. Porque estamos en la sociedad simplificada, que nos empobrece presuponiendo lo que nos interesa y lo que no, en lugar de intentar hacernos interesante todo lo que desconocemos.

O eso parece al ver determinada televisión en la que todo tiene que estar excesivamente cortado por el lugar común evidente, cuando la fuerza real de los medios es inspirar con lo que ya no conocemos. Vivimos entre brochazos gordos y toscos, y pocos parecen querer usar el pincel. Pero aterra pensar en el futuro que le espera a una sociedad pintada a brochazos.

Mostrar comentarios