Sábado, 23.03.2019 - 10:44 h
Telediaria

La trasnochada duración del prime time de TVE: el riesgo que la cadena pública debe abanderar

12.30 de la noche y la segunda gala de Operación Triunfo 2018 no ha terminado. Aún queda un buen rato. Nominaciones incluidas. Además, el chat posterior al programa, con Noemí Galera y Ricky Merino, alarga más la emisión hasta pasadas las trasnochadas 2 de la madrugada.

TVE estira al máximo el prime time. Sin remilgos. Lo hace con OT, con MasterChef y también con las series. La 1 apuesta por extender al tope la duración por capítulo o programa de sus formatos de máxima audiencia en un momento en el que la cadena pública debería ser abanderada de la racionalización de los horarios que concilie la tele con la vida del espectador. Más aún en un tiempo en el que para ser competitivo en los consumos bajo demanda se necesitan productos con una extensión coherente con su contenido y no estirados para rellenar toda una franja televisiva.

Son los viejos trucos adquiridos en la década de los noventa por las cadenas de televisión generalista. A más duración, más ahorro y más audiencia. Con el mismo programa se rellena un largo tramo de programación -donde en otros países se programan dos productos diferentes- y, a la vez, la cuota de pantalla -que define el éxito de ese programa- va creciendo. El motivo: cuanto más tarde es, menos competencia existe  en otros canales y toda la cuota de audiencia se va centralizando en la serie, reality o talent show estelar que queda.

Esta táctica propicia que aumente la media global del share del formato estrella de la noche pero, en realidad, hace tiempo que dejó de tener sentido en una cadena pública sin publicidad. El share mide un porcentaje de relación de personas que están frente al televisor, pero el valor real está en los espectadores reales que consumen el producto: dentro y fuera de la tele.

Con estas prácticas, el espectador se marcha de la televisión tradicional, pero también le cuesta más consumir producto made in Spain en las plataformas bajo demanda. Porque para su visionado requiere un tiempo extra que no tiene y, lo que es peor, las tramas de las series y programas no se alargan por necesidad... sino para estirar la emisión.

Así, se merma la calidad de la oferta y se es menos competitivo en la industria audiovisual, donde RTVE tiene que ser un motor fundamental de la producción autóctona con inversión en contenidos que retraten nuestra sociedad, su creatividad y sus realidades. Y hacerlo con una libertad que no tendrán nunca plataformas como Netflix, más en la búsqueda de su lógica rentabilidad empresarial a nivel global, que prima los requisitos marcados por algoritmos que estudian las demandas de su público internacional. 

Pero, de momento, mientras que Atresmedia ya ha anunciado que sus series no durarán más de 50 minutos, TVE no se atreve a tomar la delantera en este reto crucial de adaptarse a horarios de ficción y programas que sean sostenibles para el consumo de hoy, lo que se traducirá, además, en un aumento de la calidad del resultado de series y programas, pues no se tendrán que incorporar tramas accesorias y otros rodeos para estirar una eterna emisión.

Una decisión arriesgada

No se da el paso porque racionalizar el horario del prime time supondría una bajada de la media de cuota de pantalla. La audiencia de la cadena se resentiría en un momento en el que RTVE está siendo utilizada por el argumentario político más frívolo como arma arrojadiza. Como consecuencia, se sacaría de contexto esa disminución de share por el ajuste de prime time para, de esta forma, culpabilizar de una mala gestión de la cadena.

En una época en la que en la proclama política da igual desvirtuar la realidad para fomentar bulos, la credibilidad de RTVE se está utilizando en la contienda entre partidos sin ningún tipo de respeto al valor social que supone una institución como Radio Televisión Española. La racionalización de horarios, por tanto, aunque supondría un progreso, se desvirtuaría para crear titulares partidistas, como ya está sucediendo con la bajada de audiencia en los últimos meses de los servicios informativos.

Nadie explica que ese descenso de share del Telediario es debido, entre otras cosas, al arrastre del auge de concursos de la competencia, como Boom en Antena 3. Se  intenta hacer creer que se debe a los cambios introducidos en la cadena cuando, en verdad, la bajada de audiencia ha venido mucho antes de los cambios. Pero da igual, porque lo que menos importa es la realidad de RTVE. Da igual, porque en la batalla dialéctica de la actual política todavía no se observa el valor social de una RTVE independiente que otorgue credibilidad al Estado y sólo se trata al viejo 'ente' como instrumento propagandístico de país de tercera.

Pero, tras los cambios en informativos para recuperar la credibilidad e independencia perdidas, ahora TVE debe poner el foco en la modernización de los contenidos de prime time,  empezando por afrontar la transición hacia horarios más sostenibles. La cadena pública no puede llegar la última, debe abanderar esta transición. Un proceso que se tiene que realizar explicando a la audiencia cada paso: divulgando las ventajas y los problemas que se encuentra en el camino. En definitiva, haciendo al público que se sienta implicado en cadena que es suya.

Es hora de medir también la calidad y el aporte social de cada contenido, tan importante y tan poco valorado, porque el liderazgo no sólo se esconde tras la gélida cuota de pantalla, que es fácil de trucar y falsear con ciertas artimañas, como este horario trasnochado de un prime time que empieza muy tarde para acabar con un alto (y noctámbulo) share.

Al final, el share es un término por relativizar, pues en la televisión de hoy ser competitivo se mide por más variables. Más aún en el caso de RTVE: su éxito y fracaso está en que la sociedad se sienta partícipe de su marca. Ahí son importantes las audiencias, pero también que el público se sienta orgulloso de su contenido. Un contenido creíble, competitivo, arriesgado, creativo, innovador y que refleja a un país aprendiendo de su enriquecedora diversidad.

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