Domingo, 29.03.2020 - 08:51 h
Telediaria

La vida no es un 'tuit': un problema invisible de la televisión actual

La vida no es un 'tuit'. Pero la televisión, como la política, se está contagiando de la simplificación de la realidad que predomina en las redes sociales. Los mensajes deben presentarse rápido, sencillos y contundentes. Pero lo habitual es que hasta las contundencias sean relativas.

Cadenas y creadores piensan más que nunca en la importancia de que se hable de sus programas en redes. Incluso quieren ser tan brillantes como las parodias o memes que idean de manera espontánea los usuarios de Twitter. El "si no sales en televisión no existes" se quedó atrás, ahora es quizá "si no arden las redes no vales nada".

En parte, tienen razón: los canales y las productoras deben cuidar la ventana que supone las redes sociales para amplificar la influencia de sus producciones, pues estas plataformas son un trampolín de acceso y promoción a oferta de contenidos audiovisuales. 

Sin embargo, los autores televisivos empiezan a verse contagiados por el peor lado del modus operandi del escenario viral. Ese bullicio que elimina los matices que hacen grande la creación audiovisual. La tele se queda en conceptos abreviados, como si fueran 'memes' de usar y tirar, que no reflejan la complejidad de la vida.

Trágico, ya que la televisión siempre ha sido un ir y venir de referentes que estimulaban la curiosidad hacia todos los ámbitos. En cine, por ejemplo, las retransmisiones de Canal Plus de los Oscars con Ana García-Siñeriz y Jaume Figueras suponían un fogonazo de información. Entre dosis de glamour y glamour, Figueras aportaba enjundia con los motivos por los que tales películas e intérpretes destacaban. La emisión se hacía más deleitable porque un periodista autorizado en la materia digería con pormenores lo que estaba aconteciendo. Lo mismo sucedía con las ácidas presentaciones de Antonio Gasset en 'Días de cine' y otros tantos espacios. Se aprendía a través del entretenimiento con chicha.

Ahora, en cambio, en (excesivas) ocasiones, da la sensación que prevalecen los comentaristas 'influencers' que están atentos al 'trending topic' del chascarrillo elemental. Ese gag que puede hacer cualquiera en redes. Y de la televisión se espera algo más, ¿no? ¿O ya no?

Por tanto, la televisión imita a la dinámica de los 'tuit' que se escupen sin tiempo para la agudeza de la perspectiva. Pero la vida no es un 'tuit' con  280 caracteres como límite. La televisión tampoco. En un 'tuit' no caben los matices que enriquecen cualquier historia. Porque las historias son complejas, dependen de múltiples tonalidades e innumerables casuísticas de sus entornos. 

Así han ido saltando por los aires las entrevistas interesantes y los interesantes entrevistados, que temen qué decir en televisión: no vaya a ser que se extraiga de contexto alguna de sus reflexiones en la era en la que los contextos están en peligro de extinción

Hay excepciones, claro. En 'A partir de hoy' de La 1 de TVE, Máximo Huerta se atreve cada mediodía a la conversación con invitados de primera línea. Una conversación en la que no hay prisa para escuchar. De hecho, Huerta está acompañado de reputadas periodistas como Gemma Nierga u Olga Viza. Reputadas por eso mismo: por su capacidad de escuchar.

También, en estos días, la revista cultural 'Atención Obras' de La 2 con Carlos del Amor, que sustituye a la más políticamente correcta Cayetana Guillén Cuervo, está siendo un enérgico chute de curiosidad sobre la cultura que nos envuelve y no siempre vemos. 

Y en el pago de Movistar Plus hace lo propio 'Late Motiv' de Andreu Buenafuente con charlas sosegadas y la incitante mirada de cronistas que son referentes sociales como Maruja Torres.

Pero, cuidado, la constante búsqueda de la viralidad mal entendida puede mermar hasta el valor que atesoran esas buenas, transparentes y excitantes conversaciones. No hay que pensar todo el rato sí arderán o no las redes con tal comentario o aparición televisiva. Y eso está pasando. 

La televisión está confundiendo el significado real de la relevancia pública y sus golpes de efecto se están transformando en simplezas que eliminan los matices como suponiendo que, de esta manera, el espectador captará mejor el mensaje y se expandirá con más vigor a través de la intensidad del boca a boca del retuiteo. Pero... ¡si es al revés! Sin matices la televisión pierde fuerza y no logra esa identificable radiografía social que se consigue plasmando con habilidad las peculiaridades que definen el todo de cualquier asunto. Es más, la experiencia televisiva, de cualquier género y formato, se multiplica si el espectador siente que lo que ve, además de disfrutarlo, le aporta. De ahí el éxito que cala tanto entre los jóvenes de David Broncano. 'La Resistencia' ha creado un característico tono con un ir y venir de constantes matices que, sigilosamente, aportan. 

En vez de "lo va a petar en redes", el término "aportar" debería estar planeando siempre en la cabeza del creador y/o responsable televisivo. Aportar sorpresa, aportar carcajada, aportar realidad, aportar conocimiento, aportar autocrítica, aportar imaginación, aportar curiosidad. Incluso aportar todo esto junto.  O, al menos, intentarlo. Ahí está la televisión que, de verdad, se queda en la memoria sin fecha de caducidad: la que te implica porque no sólo te ha distraído, sobre todo te ha aportado.

Borja Terán. 

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