Domingo, 24.06.2018 - 01:55 h
Telediaria

Las claves del éxito de 'Eurovisión' que definen fracasos de la TV en España

Amaia Alfred
En Eurovisión no bailarán por primera vez, habrán ensayado y ensayado antes Tu canción' .

Eurovisión 2018 ya está en marcha. Los ensayos del eurofestival, que celebrará su gran final el próximo sábado 12 de mayo, han arrancado. Es la primera gran clave del éxito de este formato, que llevan más de medio siglo organizando las televisiones públicas europeas.

Como buen show televisivo, Eurovisión cuenta con un margen de tiempo bien articulado para que cada número musical luzca. Los países preparan durante semanas (algunos hasta meses) su propuesta y, después, ensayan exhaustivamente el número. Primero con figurantes, después con los artistas. Justo lo que suele falta a los programas musicales en España: horas de entrenamiento.

El minucioso ensayo para que (casi) nada falle

El tiempo es dinero, es inversión económica y, en los últimos años, no hay demasiado tiempo para ensayar las galas musicales. Lo que empuja a propuestas sin dirección artística clara, escenografías que caen en los mismos tópicos siempre y, en el peor de los casos, galas caóticas.

Todo lo contrario que Eurovisión. Un gran programa de televisión en el que todo se mide con una antelación suficiente para ir puliendo los detalles. Es la forma de que surja una propuesta visual atractiva, armónica y emocionante. Incluso si hay errores, el ensayo hará que brille esa imperfección porque la base televisiva está bien atada y medida.

El otro factor decisivo de Eurovisión es la fluidez, que es el sostén de esta competición desde su origen. Un formato que no se pierde en rodeos, ni en historias personales de los artista. El eurofestival va al grano: atrapar la sensibilidad del espectador en cada número. Lo ha hecho siempre con canciones que cuentan una historia al público.

En los primeros años, cuando la televisión era más rudimentaria, se alcanzaba tal cometido con el principal superpoder de la tele: la mirada de los artistas que aprendían a seducir a la cámara, y por ende al espectador, hasta seducir en unos primeros planos todopoderosos. Ahora, además, se pone al servicio del número musical toda la parafernalia del espectáculo televisivo (realización, luz, efectos...). De hecho, Eurovisión se ha convertido en un campo de experimentación de los avances de la técnica que se incorporan al show televisivo.

La música fracasa en televisión sin creatividad escénica 

En el talent show musical 'made in Spain', en cambio, no se valora lo suficiente la importancia de atrapar el interés del espectador con una puesta en escena que la propia audiencia espere con expectación cada semana. No es cuestión tanto de presupuesto, como de mecánicas frenéticas de trabajo que no permiten cierto margen para cocinar ideas imaginativas que arropen cada actuación. En España, por ejemplo, ya en los años sesenta, viejos formatos como Galas del Sábado ya primaban la creatividad escénica. El público se transformaba en tremendamente fiel del show gracias a números musicales que no sólo eran artistas cantando. Eran toda una inyección de imaginación.

En la actualidad, si se exceptúa Operación Triunfo o Tu cara me suena, la mayoría de los talents shows alimentan más su contenido principal por los conflictos entre los miembros del jurado u otros indiscretos aderezos sobre la vida de los concursantes. Es turno de potenciar los números musicales artísticamente para que el talento destaque. Así sucede en Eurovisión, un formato que también ha crecido con los años.

Y es que, a diferencia de la OTI, Eurovisión se ha adaptado con astucia al paso de los años. En la última década, el eurofestival ha comprendido el valor de las redes sociales como aliadas para amplificar la expectación de este evento.

'Enciendan los móviles' en vez de 'desconecten los móviles'

Los responsables del festival tuvieron claro que debían abrir los ensayos a los fieles eurofans. Una decisión que, a priori, puede parecer que resta sorpresa a la gala final, ya que se descubren los ases en la manga que guarda cada país participante. No obstante, el intenso clima de opinión juega a favor de la promoción y autobombo del festival.

Eurovisión se ha convertido en un producto viral que perdura durante meses. Y los ensayos ya en el decorado, examinados por eurofans, in situ, terminan siendo una terapia de choque para los comités organizadores de cada país, que lo sufren. A veces, hasta de forma injusta. Pero, a la vez, ese aperturismo entiende la esencia participativa de las redes sociales, convirtiendo los prolegómenos de Eurovisión en un reality de la trastienda del show, que se consume por Twitter, Facebook, Instagram y Youtube, donde la UER también ha interiorizado la importancia de colgar actuaciones, videoclips y otras píldoras cortas que se comparten más fácilmente por los perfiles y los muros.

De esta forma y gracias a los contenidos propios producidos sólo para la red, el eurofestival impulsa la percepción social de gran acontecimiento más allá de una gala televisiva.

Los eurofans se sienten más partícipes que nunca del espectáculo que ‘aman’. Y Eurovisión se hace más consistente mediáticamente. Así, crece el interés en la emisión de la final porque parte del público se contagia de ese ruidoso murmullo en las redes sociales e interioriza la percepción de que se va a producir un acontecimiento televisivo sin parangón. Hay que verlo. O no tendrás de qué hablar... o tuitear.

Es la televisión que hace sentir a la gente partícipe y con poder de valorar o derribar las propuestas de cada país. Eurovisión ha entendido esta premisa de las redes sociales antes que nadie. Porque Eurovisión siempre ha ido un paso adelante. Lo fácil había sido cortar alas en las redes sociales de los eurofans hasta la emisión televisiva, para no obstaculizar el trabajo de los profesionales y no crear spoilers. Pero no, se ha apostado por no frenar la visibilidad que dan las plataformas virales. En España, sin embargo, aún se escucha eso de apaguen sus móviles al entrar al plató cuando, en realidad, esos mismos responsables de los programa no se percatan de que si todo su público en el estudio se pone a tuitear con su móvil... el show volará más alto.

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