REVIVAL CON APRENDIZAJE

'Murcia, qué hermosa eres': el efecto boomerang de la gala más recordada de promoción turística

El nombre de una gala televisiva que se ha quedado como expresión popular.

'Los del Río en el escenario de 'Murcia qué hermosa eres' con sus fuentes hornamentales
'Los del Río en el escenario de 'Murcia qué hermosa eres' con sus fuentes ornamentales
Borja Terán

Para promocionar la región, los líderes políticos de Murcia crearon una gala de televisión que se coló en TVE a partir de finales de los noventa. La excusa era poner a cantar a artistas en un escenario levantado en un 'marco incomparable' de la comunidad autónoma y, de paso, que al público le entraran ganas de acudir de veraneo a un lugar tan maravilloso como, en cierto sentido, desconocido.

El programa seguía la fórmula de las galas de José Luis Moreno. La única diferencia, y por eso no terminaron arrasando igual en audiencias, es que las presentaciones eran demasiado institucionales. Mucho discurso protocolario de promoción, poca complicidad televisiva. Y, entre tanta frase hecha, cantantes y grupos salían al escenario en riguroso playback. 

El resultado no transmitía modernidad, era más bien una gala tirando a casposa ya que estaba carente de imprevisibilidad, vanguardia y corrosión, motores de la televisión. Tampoco ayudó la escenografía que llegó a tener una coreografía de chorros de fuentes ornamanetales que ni un casino de Las Vegas. De hecho, todo era muy estética de casino. Para más inri, el público asistente solían ser compromisos políticos, que debían estar en primera línea. Salían en la foto, protagonizaban el plano de reacción y la imagen de la ceremonia que se proyectaba por el televisor empeoraba por momentos. Y es que un político es el peor espectador en la grada de un programa de entretenimiento: no está relajado, no puede levantarse para dejarse llevar, no debe hacer según que cosas. Como mucho aplaude con artificiosa cara de sonriente poker al ver cantar a Los del Río. Lo que resulta inquietante.

Hubiera sido más inteligente que Murcia se hubiera reído más de sí misma. Cosa que intentaron Matías Prats y Ramón García cuando fueron presentadores del show. Aunque el resto de los aliños del evento hacían saltar por los aires cualquier atisbo de ingenio catódico. Incluso se podían haber mostrado las cualidades de la región de otra manera menos encorsetada. Por ejemplo, TVE logró una gran promoción de las fallas  cuando el desaparecido Joaquín Prat presentó un especial en la noche de la cremá de 1994. Allí actuaban artistas de primer nivel en diferentes plazas de la ciudad mientras ardían las fallas. Las calles de Valencia fueron un plató vivo, sin necesidad de escenarios de cartón piedra y sin gente rivalizando a la mayor "elegancia" en grada.

'Murcia, qué hermosa eres' sí logró su cometido de quedarse en la memoria colectiva. Pero para mal. Es el efecto boomerang de esta campaña de promoción turística a través de la televisión: en vez de plasmar las grandezas de una luminosa comunidad autónoma se ha transformado en una guasa común que se asocia a lo 'casposo'. Aún hoy, tantos años después, esta autonomía tiene que luchar con esa imagen que difundieron unas galas que no retrataron la grandeza de la región, plasmaron más una oda al exceso del horterismo caduco en donde se veía más fuente ornamental portátil que la propia Murcia.

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