Jueves, 15.11.2018 - 06:02 h
Telediaria

Netflix y la conquista del espectador fiel al 'Telediario'

Ya está disponible en Netflix Dos Cataluñas, una nueva producción original de la compañía norteamericana en España. Pero, esta vez, no es una ficción. Se trata de un documental, dirigido por Álvaro Longoria y Gerardo Olivares, que repasa el procés catalán hasta las elecciones del pasado 21 de diciembre.

Decir que "vienes de parte" de Netflix abre puertas, pues la plataforma yanqui ha sabido construir esa aureola de marca de empresa simpática, empática, moderna e incluso comprometida con su tiempo. Una sensación que también ha despertado en Carles Puigdemont. O eso parece al ver el documental. Son norteamericanos y el marketing de Netflix también atrapa al ex president, huido para unos, exiliado para otros. Lo evidencia en sus apariciones en este largo reportaje en el que quiere convencer a los americanos de su discurso, pero a la vez está fascinado con los norteamericanos, especialmente cuando le regalan una versión de si mismo del caganer del Belén. Entonces, se le queda una cara de ingenua felicidad infantil. Lo que también resume el procés.

Ese es el momento más poderoso de un documental que, en España, no aporta demasiado. A pesar de su extensa duración, no desvela nada nuevo, su factura visual es pobre, su grafismo es tosco y no entronca con las nuevas narrativas. Tampoco el documental aporta un desarrollo periodístico realmente interesante para atraer a un público internacional. Sólo es un resumen largo y, en general, frío de lo que ya se sabe con diferentes protagonistas de la política catalana. De Arrimadas a Puigdemont, con poco margen para otros líderes como Iceta.

Pero a Netflix le importa poco eso. Porque lo que busca con la incorporación de estos contenidos no es tanto la calidad sino la cantidad que otorga a la compañía más influencia social. Porque entienden que la televisión no sólo es series y su poder estribará en atraer a más amplios perfiles de públicos, donde es importante el poderoso consumidor clásico del 'Telediario' que, en un momento de sobreinformación, necesita una alternativa de productos más sosegados y elaborados en el ámbito del bajo demanda. 

En esta apuesta, en el escenario en lengua en español, ya ha incorporado a su catálogo episodios de Salvados, que conecta totalmente con el ADN de Netflix. Son programas con una narrativa poderosa, a nivel periodístico y visual, y que realizan un trabajado retrato de la sociedad, en muchos casos con temas que sobreviven en buena forma al paso del tiempo. Un detalle crucial para una empresa que no deja de ser un gran videoclub donde el espectador no siempre consume con apego a la actualidad.

Así Netflix siembra una red de formatos referenciales que buscan perdurar sin fecha de caducidad. En Estados Unidos lo ha hecho con el fichaje y retorno de David Letterman. Barack Obama, George Clooney, Malala Yousafzai, Jay-Z o Tina Fey son algunos de los protagonistas de las entrevistas que ha ido realizando el mítico cómico del género del late night para Netflix

Un programa de tinte informativo que se grabó hace un año pero con un contenido perdurable. Al igual que una serie, para que el usuario de la plataforma pueda consumir a su ritmo: no queda desfasado cuando lo descubre y, además, es un contenido sin prisa para ser descubierto.

Aunque con una crucial y hábil diferencia con sus series. Con Letterman, Netflix no lanzó de golpe todos los episodios rodados. Primero ficha al cómico de renombre  y crea un acontecimiento de su retorno. Después, va lanzando cada capítulo mensualmente, saltándose su propia teoria del maratón de series. Muy astutos, pues con capítulos dosificados, Netflix se asegura más repercusión mediática con los invitados de primera línea que consigue Letterman. La táctica es graduar por entregas los titulares de relevancia que dejan estos encuentros y que los medios pueden hacerse eco, otorgando más visibilidad a la compañía como organizadora de entrevistas de influencia.

En Netflix son maestros en marcar percepción de éxito definiendo lazos con el espectador a través de una marca bien diferenciada de las cadenas tradicionales. Lo intenta con contenidos que se conservan emocionalmente frescos con el paso del tiempo, aunque estén marcados por el vaivén de la caduca actualidad. Lo consigue con una poderosa estrategia de marketing que controla los consumos e intereses de los  usuarios, pero también observando el comportamiento afectivo del público para que se sienta identificado con el sello Netflix.

Y, en ese objetivo, también es importante la relevancia en el género del documental que nos radiografía y que explica cómo hemos sido, cómo hemos llegado hasta aquí y cómo somos.  Lo harán bien en Estados Unidos, pero en otros países, como España, lo tendrán más difícil a la hora de la verdad: porque no saben cómo hemos sido, cómo hemos llegado hasta aquí y cómo somos. Y, probablemente, ni quieran realmente saberlo. Pero, eso sí, lo disimularán muy bien.

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