Jueves, 21.03.2019 - 11:51 h
Telediaria

Oprah Winfrey y los escrúpulos volátiles: el caso del escalofriante documental sobre Michael Jackson

Oprah Winfrey llegó a ser la presentadora con más poder de la televisión norteamericana gracias a su carisma que brillaba en su versátil programa de testimonios, que se adaptaba como un guante a las necesidades de lo que ansiaba ver la audiencia. Así la industria audiovisual no tardó en transformar a Oprah en un producto, perfecto y muy rentable. Un producto sin demasiados escrúpulos.

La televisión que deja atrás Oprah es la televisión del presentador telepredicador que provoca la lágrima fácil, muchas veces manipulando a los entrevistados anónimos y pactando con populares. Este era el modo de operación del ruedo televisivo de los noventa. Tendencia que, en  Estados Unidos, cambió Ellen DeGeneres cuando empezó a destacar con su show diario y Oprah cerró su longevo espacio. El espectáculo impostado de la lágrima fácil había sido enterrado por la entrevista constructiva de la comedia de DeGeneres, que no desprende ansias de escarbar. Aunque, al final, sus invitados se terminan abriendo casi igual.

Estos días, Oprah ha vuelto a realizar un programa de estas características. Ha reaparecido la Oprah-entrevistadora que sienta cátedra. Lo ha hecho con motivo de un debate posterior a la emisión en HBO del controvertido y escalofriante documental, 'Leaving Neverland' (en España, disponible en Movistar Plus), que retrata la relación de Michael Jackson y los niños que le acompañaron durante años.

Michael Jackson con James Safechuck
Michael Jackson con James Safechuck.

En esta producción, los que fueron niños que llamaron la atención del cantante, Wade Robson y James Safechuck, detallan como supuestamente el Rey del Pop sedujo y abusó de ellos sexualmente. Y Oprah los ha entrevistado como hacía en sus programas, calculando el envoltorio del show. Esta vez, el programa especial se ha desarrollado de un auditorio compuesto por un público que sufrió abusos sexuales en la infancia, lo que propicia una atmósfera de emoción e identificación extra. Ideada para amplificar el interés televisivo y la credibilidad del coloquio.

Oprah toma partido: se cree lo que cuenta un documental que impresiona por la documentación y detallista narración de Wade, James y sus respectivas madres. Pero Oprah omite un detalle durante toda la emisión. 

Oprah con el director y los protagonistas del documental 'Leaving Neverland', Wade Robson y James Safechuck.
Oprah con el director y los protagonistas del documental 'Leaving Neverland', Wade Robson y James Safechuck.

Fue Oprah la que 1993 también tomó partido y se encargó de realizar una hiperpromocionada, grandilocuente y pelota entrevista en directo a Michael Jackson en su inmenso rancho de Neverland. Fue en un especial televisivo, producido por la propia Winfrey, que se creó para blanquear la imagen del icono de la música en el mismo año que empezaba su decadencia por las primeras acusaciones de posibles abusos a un menor. Porque la ética y los escrúpulos de Oprah siempre fueron volátiles. Le interesaba tal primicia mundial, que iba a romper audiencias.

La presentadora no podía perderse esa exclusiva y produjo tal cita con un efectismo melodramático apoteósico. Un encuentro digno de revisionado, aunque choque con su último programa en el que se encuentra con las supuestas víctimas de Jackson y olvida su conocimiento del rancho. Es incongruente. Aunque Oprah, en realidad, siempre fue incongruente, ya que se aclimataba con destreza a la psicología del invitado para lograr el titular que necesitaba su audiencia en ese instante.

No obstante, en aquella entrevista a Michael Jackson en 1993 fue al revés. Jackson incluso justificando por qué tenía dos palcos privados, con camas, en su gran cine, al que acudían niños a ver espectáculos y que contaba con un hall lleno de gominolas gratis para fascinar a todos. Chuches con las que también bromeó Oprah en aquella entrevista en la que se pretendía que el espectador viera como normal una estampa que no era nada razonable.

"Un ejercicio maestro de televisión, no de periodismo"

La entrevista que planificó Oprah es un ejercicio maestro de televisión, no de periodismo. La escaleta del programa estaba perfectamente diseñada: primero un vídeo que sumerge al espectador en la emotividad empática con la estrella, después la aparición de Oprah en el salón de la mansión principal del rancho para dar paso a Michael que aparece por un pasillo y baja una escaleras, como si estuviera entrando en un majestuoso plató. Sólo faltan los aplausos. Y es que Oprah siempre cuidó muy bien los protocolos televisivos, de principio del programa hasta el minuto final.

Ahí arranca una entrevista, con más masaje que incisión, que intenta dibujar el perfil de ingenuo de niño-adulto de un cantante sin infancia. La charla es poderosa porque está organizada de tal aguda forma que, además, el espectador puede saciar su curiosidad por descubrir las entrañas del rancho Neverland. Hasta aparece Elizabeth Taylor como si estuviera de casualidad por la casa.

Taylor con una tonelada de maquillaje y dos horas de peluquería, pero ella no iba a salir en la emisión, recalca Oprah. Claro que iba a aparecer en este programa especial. Por eso estaba en el rancho: para rematar bondades del Rey del Pop. Pero Oprah sabía que quedaba mejor dar la sensación de que era un inesperado y espontáneo testimonio sin preparar.

Oprah se había arremangado para hacer la campaña publicitaria en horario de máxima audiencia que necesitaba Jackson, pero lo estaba realizando con su maliciosa habilidad de retratar un lugar que quería ser un paraíso de fantasía y, en verdad, las transparentes cámaras del programa captaban oscuridad. Así, tras la primera parte de entrevista en la casa principal, el especial supo evitar una posible monotonía de la audiencia con cambios de localizaciones. De esta manera, hubo una transición que retransmitió la forma en la que cantante y presentadora acudían al cine que había instalado Jackson a unos metros de su mansión. Excusa perfecta para que el público se quedara atónito descubriendo más ambientes del universo que se había montado el Rey del Pop.

El espectador veía a un lado el parque temático, al otro el cine y, en el centro, Oprah maravillada. Y entraron al cine -con sus palcos con cama- y continuó la segunda parte de la charla. Pero el programa tenía reservado un colofón: el plano final, grabado desde una cámara grúa y sobre una fuente con luces multicolor, que mostraba a Jackson y Oprah saliendo del cine y caminando juntos para montarse en la noria. Esa estampa, mientras aparecían los títulos de crédito del programa, en realidad, era tan falsa como terrorífica. De ahí que el realizador acertara poniendo de fondo la canción 'Thriller'. Sin duda, esa imagen era muy 'Thriller'. Sigue siendo muy 'Thriller'.

Porque todas las atracciones del rancho de Michael Jackson estaban encendidas, moviéndose, dando vueltas, de la noria al tiovivo, a gran velocidad. Pero todas las atracciones giraban vacías, sin nadie montado en ellas. Sólo estaban en marcha para que esa locura de parque temático en la propia casa del cantante quedara espectacular por la tele. Porque aquello sólo fue un spot revestido de entrevista. Quizá, por eso mismo, Oprah quiere no recordar nada de aquel especial en el que faltó periodismo real pero que la buena planificación del show de televisión si terminó plasmando un esperpéntico mundo de Michael Jackson que, con el paso del tiempo, se intuye mejor. Con sus excentricidades y miserias inclusive:

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