Lunes, 15.10.2018 - 19:49 h
Telediaria

OT 2018: así ha sido un estreno con una lección televisiva como punto de partida

La pasada edición de OT pilló desprevenido al espectador. La audiencia no tenía expectativas, sólo la nostalgia de ser testigos de la resurrección de un concurso que hizo historia en televisión. Y, 16 años después de su estreno, OT 2017 volvió a marcarnos, porque ni sus protagonistas sabían muy bien a qué se enfrentaban ni tampoco el espectador, que ya no era el mismo que en el primer OT.

Todos habíamos cambiado: los artistas, el público y la forma de consumir la televisión. Todo volvía a ser nuevo, y ahora, apenas unos meses después, obviamente lo es menos. Estamos más resabiados, en modo alerta, menos propensos a dejarnos sorprender. Para volver a vivir una edición como vivimos OT 2017, tendrían que pasar otro puñado de años que nos cambiara la forma de enfrentarnos al programa. Para ser nosotros distintos espectadores.

Pero TVE y Gestmusic no podían desaprovechar el arrastre del éxito de la última edición y han vuelto con OT2018 cuando aún no se ha cumplido ni un año del estreno de OT2017. El programa ha regresado sin que haya pasado tiempo para echarlo de menos pero sí ha conseguido despertar ansia en unas redes sociales que no han parado de generar contenido sobre OT tras el fin de la carismática temporada que ganó Amaia.

Y como la televisión es emoción, la primera gala de OT 2018 ha intentado inyectar emoción en el espectador con un arranque entusiasta. Primero, una cuenta atrás para el estreno ha aparecido en emisión, mostrándonos el flamante plató y contando los segundos que faltaban para dar el encendido a la sintonía del programa. Un acierto. Así el talent-reality-show ha impulsado la sensación de que ya estaba aquí un prometedor acontecimiento televisivo. Después, las presentaciones y los protocolos para dar la bienvenida a los nuevos aspirantes a la Academia con un vídeo de casting que resumía sus esfuerzos y cualidades para llegar hasta ahí.

Aunque el punto fuerte del pistoletazo de salida ha sido la aparición de los participantes de la anterior edición. Tras una larga y pomposa presentación de Miriam, han cantado Camina y han caminado, valga la obviedad, por un plató con una realización que no ha podido evitar que los planos se tambalearan. Pero daba igual, porque ese momento desprendía una gran emoción. Perfecta para amplificar el interés del show, aunque los nuevos artistas quedaran en ese instante eclipsados y con cara de póker ante sus antecesores en la Academia. Pobres, sobre todo cuando se anuncia un gran concierto en el Palau Sant Jordi para el 27 de diciembre con los artistas de OT 2017. Una fecha en la que ya habrá terminado OT 2018.

Y empezó el desfile de los nuevos cantantes. Siempre es difícil una gala de presentación, más aún con la duración extensa del prime time español.  Pero la gala cero ha intentado mantener ritmo e ir al grano. No lo ha conseguido del todo. De hecho, ha sido demasiado solvente y en las primeras veces en televisión tira más esa imperfección que te deja pegado (y crea conversación en las redes sociales).

Alba Reche, OT
Alba Reche ha destacado por espontaneidad.

Ahí ha brillado especialmente Alba Reche, que ha sido una inyección de autenticidad hablando de pastillas y dejando KO a Roberto Leal cuando este dijo que tenía pareja y ella respondió con el drama de que ya lo habían dejado. Luego Alba también ha brillado en el escenario como Noelia, como Natalia, como Famous, como Dave, como Miki, como María, como África... como tantos que aún tenemos que ir conociendo. A priori, las chicas con más nivel que los chicos.

Y algo palpable: el mayor éxito de este casting es que no recuerda nada al del año pasado. Y ese es el mejor punto de partida. Esa es la mejor lección televisiva. Aunque, luego, más tarde, también Noemí Galera ha dado otra clave del triunfo en un (largo) prime time.

El plató, por su parte, es más espectacular que el pasado año. OT ha crecido visualmente, esperemos que también creativamente. Como también ha crecido Roberto Leal. Ya parece que lleva toda la vida presentando este mastodonte de formato. Tranquilo, controlando guiones y fallos técnicos. Disfrutándolo, en definitiva. Un valor añadido eso que un comunicador disfrute lo que hace. Roberto Leal lo transmite.

También ha sido la noche del estreno de Ana Torroja en el jurado, con ganas de argumentar cada valoración, lo que se agradece aunque se líe. No pasa nada. También es humana, como diría Chenoa.

Al final, el gran éxito de la televisión lo ha resumido Noemí Galera, directora de casting de Gestmusic y de la Academia, cuando ha aparecido en conexión para saludar a Leal. En pleno directo, con su naturalidad habitual, Galera ha dicho mirándose fijamente en el monitor: "Me veo bizca, parezco Leticia Sabater". Eso es la televisión: la autenticidad que te pilla por sorpresa, que no se pone corazas, que comparte sus filias y fobias con ironía y una imparable complicidad con un público que se transforma en un aliado compinche que aprende contigo. Si los alumnos de la Academia de OT 2018 desprenden un diez por ciento de esa autenticidad, OT seguirá triunfando porque seguirá haciéndonos partícipes. 

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