Domingo, 09.12.2018 - 23:38 h
Telediaria

Por qué el jurado es lo peor de 'Operación Triunfo 2017'

Mónica Naranjo, jurado de OT
El ego de Mónica Naranjo no quiere ego en la academia.

El regreso de Operación Triunfo ya es un éxito. El talent show musical está creciendo en seguimiento con el paso de las semanas, y se cuela en las conversaciones de redes sociales y también en las de las cafeterías. Casi se puede decir que se está repitiendo el efecto que sucedió en el primer OT, cuando las audiencias se empezaron a disparar a las seis semanas del estreno.

Porque Operación Triunfo gana con la evolución de los concursantes y, como consecuencia, con la empatía que despierten (o no) en el público. Y, en esta temporada, todo empieza a estar engrasado. Todo menos el jurado del programa, compuesto por Mónica Naranjo, Manuel Martos y Joe Pérez-Orive más otro jurado que cambia cada semana.

Manuel Martos, Mónica Naranjo y Joe Pérez-Orive, jurado de Operación Triunfo 2017
Manuel Martos, Mónica Naranjo y Joe Pérez-Orive, de izquierda a derecha. ¿Quién dijo que ser jurado era fácil?

Mónica Naranjo cuenta, sin duda, con una telegénica personalidad que no crea indiferencia, lo que se traduce en un cierto acierto para el programa. Sin embargo, sus argumentaciones, y las de sus compañeros, están siendo tan básicas que no se entienden ni comparten por parte de la audiencia ni, mucho menos, de los concursantes.

Mientras que los profesores de la Academia hacen su trabajo y dan enseñanzas constructivas a la generación de OT 2017 que el espectador sí comprende e incluso hace suyas, el jurado oficial del show da dictámenes tópicos, que, en realidad, son intercambiables entre un concursante y otro y, lo que es peor, que muchas veces no se corresponden con la actuación que ha visto el espectador en directo. En ocasiones, da la sensación de que el discurso se lo trajeran aprendido de casa, que ya vienen con una lista de concursantes a los que elogiar y con otros a los que quieren derribar cuanto antes.

Como consecuencia, el espectador no conecta con las valoraciones y, encima, tampoco aprende de ellas, lo que debería ser un aliciente del programa de la cadena pública. Error, pues en OT lo valioso es que el jurado explique elementos de criterio musical e industrial, que den pistas a los alumnos sobre cómo mejorar y que también sirvan a los propios espectadores para opinar. Que el público desde casa diga "tiene razón" o "qué interesante lo que ha explicado y de lo que yo no me había dado cuenta". Y no es lo que está sucediendo en este Operación Triunfo, donde da la sensación que el jurado predica frases hechas que no llevan a ninguna parte y provocan nominaciones aparentemente gratuitas.

En la gala número cuatro, la emisión de la semana pasada, Mónica Naranjo sentenció a Ricky Merino que su voz es vocalmente plana desde que empezó el programa. Y ya. Ni siquiera hizo mención a la esforzada interpretación que había hecho de una canción de Chayanne, rey de la textura vocal por otro lado. ¿Qué significa esto? Un argumento vacío que denota que lo que sí está siendo planas son las valoraciones de los jueces, que valen para cualquier propuesta escénica como comodín y que cuentan con poco contenido constructivo.

Y el resultado es que estos argumentos sólo están desconcertando a los alumnos y a la propia audiencia, que no reconoce lo que dicen Naranjo, Martos y Pérez-Orive en lo que ha visto. Es más, muchos de estos "argumentos" que dan son desmontados a la mañana siguiente por Manu Guix y Noemí Galera cuando comentan la gala con los chicos. Es habitual que Guix contradiga al jurado con razonamientos de mucho más peso y validez, más compresibles para el espectador.

Claro que hay concursantes mejores que otros, con mucha más fuerza y potencial, y eso salta a la vista, pero no vendría mal que el jurado, igual que los concursantes, se esforzara también en encontrar valoraciones menos elementales que un "has desafinado" o "no tienes complicidad con tu pareja" (argumento este último que el programa les pone en bandeja emitiendo un vídeo previo en el que se evidencia que tal dueto no se ha entendido del todo bien durante la semana). Sobre todo, porque como jurado se ganarían un mayor respeto de concursantes y público si intentaran decir algo un poco más atinado, preciso o específico.

Otra oportunidad perdida de OT 2017 es aprovechar los veredictos exprés del jurado, los que se producen justo después de cada actuación. Con ellos, podrían de verdad intrigar o generar tramas de interés hasta el final del show. Ahí todavía no "nominan", eso lo hacen de golpe en el tramo final de la gala, pero en ese previo se podría esbozar una percepción que generara debate en el público y despertara expectación por ver la resolución en los minutos finales del show.

Pero los diagnósticos son tan recambiables que se quedan en el olvido o directamente en el chascarrillo. ¿Qué les dicen que tenga valor? Realmente nada. El chascarrillo es importante en un show de televisión, pero de un jurado de OT se espera algo menos insípido (adjetivo que usó Pérez-Orive para definir una actuación, de Ricky y Mireya, que admitía muchos adjetivos, buenos y malos, pero no uno como "insípida").

El jurado debería ser el motor de la credibilidad del programa. No ser tan protagonistas como lo era Risto Mejide (quien, por cierto, dentro de su personaje de "malo", nunca decía nada gratuito) pero sí coherentes. En este OT 2017, por suerte, la coherencia sí suele estar en manos de los profesores, siempre constructivos y anclados en su tiempo.

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