Miércoles, 08.04.2020 - 15:19 h
Telediaria

Por qué 'La Resistencia' se ha convertido en mi programa favorito

Desde pequeño, he tenido grandes programas favoritos. A veces, de manera obsesiva. Incluso, en ocasiones,  apuntaba en una libreta el orden de sus contenidos, en qué consistían sus secciones y cómo se planificaban. Pensaba: "lo anoto por si se me olvida, tal vez en el futuro me inspire". No lo sabía, pero estaba empezando a analizar la tele y la radio... sin percatarme de ello.

Esas libretas, hoy en algún lugar del desván de la casa de mis padres, esconden descrita la estructura narrativa de programas como 'La Radio de Julia', de Julia Otero, en Onda Cero o 'Lo más plus' con Máximo Pradera y Fernando Schwartz, en Canal Plus. De hecho, cuando era época de exámenes en el Instituto, planificaba el estudio para que el descanso me tocara justo a la hora que emitían tal formato. Dejaba todo y esperaba a que la tele o la radio me sorprendiera con alguna idea, con alguna complicidad, con alguna locura. Disfrutaba con esos formatos porque tenían conceptos bien definidos que me entretenían pero, a la vez, me descubrían. Aprendía de personajes, ya fueran entrevistados reputados o anónimos, ya fueran autóctonos o extranjeros.

Apuntaba y apuntaba por si algún día esas buenas ideas de guion me sugerían otras nuevas ideas en algún posible trabajo en el futuro. Demasiado previsor, quizá. Sin embargo, en el futuro que ya se torció en presente, no he vuelto a abrir esas libretas porque no he olvidado del todo lo que me estimularon aquellas creaciones televisivas que me propiciaban tanta curiosidad: la valiente y transparente naturalidad sin perífrasis de María Teresa Campos, las ingeniosas transgresiones de Javier Sardá en 'Crónicas Marcianas' -una vez, por ejemplo, entrevistó a un político con el irónico ejercicio de lanzarle sólo preguntas supuestamente descartadas para otros, que iba sacando de una papelera con una agudeza brillante- , los rituales escénicos de Andreu Buenafuente en TV3... Todo bien anotado, hasta que llegué a la Universidad.

Estos días, viendo 'La Resistencia' y sintiéndome un poco huérfano de televisión osada en la que identificarme a nivel personal, me he percatado de que si fuera adolescente hoy, tal vez, estaría ilusionado apuntando (ahora en una nota de texto en el móvil) las locuras de Broncano, Castella, Ponce y cía. Para que no se me extraviaran en la memoria.

Así que redactaría algo así como que 'La Resistencia' trasciende porque representa a esa televisión de autor que no se queda a medias tintas, que no tutela al público y lo desafía desde una complicidad cargada de varias capas culturales latentes que hacen más identificable la experiencia. Las atesora Broncano, casi sin darse cuenta. Lo que conecta al show de una forma orgánica con las generaciones que vienen porque es de la poca televisión que está, de verdad, con los pies en la actualidad.

Añadiría, en esas notas, las habilidades del formato de Movistar Plus y El Terrat para descubrir referentes reales con pocos prejuicios y mucha intuición, huyendo de los cánones preestablecidos del sobrevalorado mainstream. No sólo triunfa lo que más fama aparente tiene.

Y, siempre, haciendo crecer 'La Resistencia' sin renegar de las enriquecedoras liturgias de la tele clásica, refrescándolas e incorporándolas con destreza para hacer al público partícipe de cada instante. Hasta cuando el público no participa literalmente. Ordenaría estas ideas en renglones desordenados.

Aunque, en realidad, ahora que caigo, aquí sigo, apuntándolo todo. Como la primera vez.

Borja Terán.

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