El valor de su liderazgo

Telecinco, prestidigitadores de la compañía

La cadena de Mediaset ha encontrado su nicho de negocio sin rival en la televisión de entretenimiento en directo.

El plató de Sálvame sin público por el coronavirus
El  primer día que el plató de 'Sálvame' se quedó sin público por el coronavirus.
Telecinco

Telecinco se ha convertido en un canal con un liderazgo que aparenta indestructible. Un resultado afianzado a través de un trabajo de largo recorrido que viene sembrándose desde la segunda mitad de los años noventa. Entonces, se empezó a estructurar una parrilla en pilares diarios fijos, cruciales para generar un vínculo en la rutina del espectador. 

A partir de 1996, por la mañana, María Teresa Campos posicionó a Telecinco como lo más visto, tras años de intentos frustrados de la cadena en la que se probó hasta a Belén Rueda. Campos hizo un magacín moderno, 'Día a día', que creaba un hábito de compañía honestamente cómplice en el público, mientras que por la noche Pepe Navarro y, después, Javier Sardá indagaban en la misma función de manera más pretendidamente golfa. 

En abril de 2000, esta oferta de Telecinco pegaría un impulso con 'Gran Hermano'. La revolución de la tele-realidad no sólo alimentaba el prime time, si no que además se rentabilizaba en todos los programas de una emisora obsesionada a que todo oliera a Telecinco. Aunque el contenido se produjera fuera de los estudios de la cadena. Esto algunos ahora lo llaman 'retroalimentación', pero simplemente es crear una marca familiar porque construye familia con sus profesionales estelares.

Así, la cadena ha ido creciendo hasta transformarse en referente de la televisión de entretenimiento en directo, pues comparte la vida con su audiencia. De hecho, parte del aguante de su éxito es la capacidad para sustentar su programación en programas vivos que se adaptan a las necesidades del momento. Incluso cuando parece que todo se paraliza. Es lo que ha sucedido en los duros meses que hemos vivido desde marzo. La televisión, como la radio, no podía permitirse parar. Telecinco, menos. O su engrasada factoría de programas que acompañan se podíandesengrasar y su audiencia diluirse en otros canales.

De esta forma, durante la cuarentena colectiva, programas como 'Sálvame' se ajustaron, sin titubear, a las preocupaciones de la audiencia. Da igual que no fueran sus contenidos habituales y que, además, fuera un momento tan sensible. Pero, además, con el avance de los días inciertos, la cadena no perdió la perspectiva de que tan importante como la información es la compañía que ejerce el entretenimiento. Más aún en épocas de confinamiento y miedo. 

Y en Mediaset son unos prestidigitadores de la compañía. Saben que su valor competitivo es no bajar la guardia en emisión en directo para mantener a esos dos millones de fieles que han fidelizado con los años, muchos años. Pero esto también supone intuir en el instante en el que está la audiencia y lo que demanda. De ahí que 'Sálvame' modificara su escaleta en marzo para centrarse en el coronavirus. Sin embargo, a las semanas, el formato entendió con la misma rapidez que el público ya estaba en otro punto y ansiaba coger aire, reírse, distraerse. Fueron raudos en ir al compás de su audiencia.

Telecinco atesora el arte de acompañar sin demasiados complejos. Y esa rueda en directo en la que se ha ido transformando el canal ya no puede para de girar para no desengrasarse. Pero, cuidado, para que esa rueda cómplice siga avanzando de manera fluida la emisora debe arriesgarse a nuevos caminos creativos en directo o peligrará con quedarse atascada en el magacín-reality monolítico...

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