Domingo, 15.09.2019 - 11:27 h
Telediaria

Una vida de mentira para Instagram

Instagram es la red social que la televisión nunca llegó a ser: una plataforma de transmisión de historias en la que es el propio espectador el que crea, gratis, los contenidos. Nadie tiene que invertir en contenidos para vender publicidad, los hace directamente y espontáneamente la audiencia. Así Instagram comercializa las andanzas diarias de millones de personas que muestran su vida... y su felicidad.

Así, con la implantación y popularización de la red social de fotografías, vídeos y 'stories', el usuario se ha ido convirtiendo en el guionista de su propia vida. Y si hay que ficcionarla, se ficciona un poco, o un mucho. Porque en Instagram la realidad es más impostada de lo que pretende ser. Y en verano aún más. Todo con tal de generar envidia en quien lo ve. Porque de eso se trata, de que los demás envidien tu vida.

La época estival es ideal para retransmitir las vacaciones perfectas. Aunque no sean tan perfectas. Y, además, el emisor sabe de inmediato si lo que publica gusta o no según el número de like que recibe. A más 'corazones', más éxito, más triunfo, más cariño de cartón-piedra.

Pero para lograr 'likes', no vale caer en la repetición. O el interés pierde fuelle. Como consecuencia, el propio usuario intenta evolucionar sus tramas de cara a la galería para no dejar de fardar e interesar. Se ha convertido en el 'showrunner' de su existencia. Como en las series. Y las vacaciones se planean en busca del destino más 'instagrameable', donde puedas posar de manera más espectacular y conseguir los retoques de luz y color más arrebatadores. Dando sólo la información que te conviene, claro. Si un domingo te has acoplado en el yate de un amigo de un amigo, ese dato no hay ni que mentarlo: posa en el yate como si fuera tuyo o al menos para que tus seguidores especulen sobre ello. Si en tus vacaciones estás alojado en el albergue más feo, cochambroso y barato que encontraste a muchos kilómetros del centro, eso jamás se muestra ni de pasada en stories. Es la clave del éxito de Instagram, que te permite encuadrar y contar sólo aquello que te interesa para construir el relato que quieres. Lo que hay fuera de plano no importa, no aporta si no es cool.

También los personajes populares lo saben. Y han transformado las redes sociales en su video oficial vacacional o en su forma de insinuar, sugerir, dar que hablar... De hecho, los programas de corazón ya se nutren mucho de Instagram como materia prima clave. No hace falta pagar las imágenes de un paparazzi. Es más rápido y barato especular con el pantallazo de la foto de tal artista en su Instagram. Al final, ese posado aspiracional de ensueño de una portada tipo la de la revista ¡Hola! también se ha popularizado gracias a las redes sociales. Todos podemos tener un gran foto, con sus retoques de luz y color o quitando arrugas y granos, que plasme públicamente nuestra felicidad, con pie de foto que sirve como titular.

Son los tiempos que vivimos, en medio de esa ansiedad latente por compartir imágenes de momentos especiales, por forzados que resulten. Y hemos sido testigos de la evolución de la red durante esta última década. Tras unos comienzos ingenuos, en los que fotografiábamos cualquier cosa y daba igual tener tres likes, la red explotó con la llegada de las celebrities y los influencers, que provocó que cualquiera aspirara a hacerse "famoso" en Instagram, imitando las fotos de sus ídolos, teniendo el mayor número de seguidores posibles y por consiguiente la mayor cantidad de 'megustas' como medida de aceptación social o hasta como forma de ganar dinero si las marcas te pagan por posar con bolsas de patatas, perfumes o lo que sea.

La saturación, el estrés y el desasosiego que produce esta competición por el like probablemente cambie en el futuro próximo y la tendencia sea que la gente se piense más lo que publica e intente proteger de nuevo su intimidad, tras un tiempo regalando demasiada información y generándose una ansiedad innecesaria en busca del like. De ahí que Instagram ya esté probando en algunos países la posibilidad de quitar el botón del corazón que nació para decir 'me gusta' y se ha transformado en un lastre obsesivo. Suprimir esa necesidad de sumar likes podrá ser la verdadera revolución de unas redes sociales que mutan a una velocidad de vértigo pero que, en realidad, nos han traído más inseguridades y complejos que disfrute y felicidad. A estas alturas, quizás suena a tópico, pero es un hecho que cuando estás tan bien contigo mismo y pasándotelo genial de verdad no tienes necesidad de subir ninguna story o foto a Instagram para que los demás vean lo bien que te lo estás pasando.

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