Viernes, 20.09.2019 - 00:12 h
Telediaria

'Verano Azul' y la perversión de la censura de la ofensa

'Verano Azul' ha vuelto a TVE. Ha sido la emisión número doce de la serie que se estrenó en 1981. Chanquete ha muerto una vez más, pero esta vez los ofendidos de las redes sociales han acusado a la emblemática ficción de Antonio Mercero de ser 'inemitible' hoy en día, pues promueve la discriminación de un chico al que se le llama 'Piraña' por tener unos kilos de más y comer todo el rato helados. Mientras tanto, un concierto de C.Tangana ha sido vetado en las fiestas de Bilbao. El motivo: sus letras son machistas.

Es un nuevo tipo de censura. La censura de la ofensa, que simplifica la realidad y que confunde términos. Porque el arte también es descolocar, porque el arte también es molestar. Porque así es como el arte hace pensar e incluso prosperar. 'Verano Azul' es el ejemplo perfecto de ficción que sobrevive al paso del tiempo en buena salud gracias a que supo retratar la sociedad sin demasiados eufemismos. Es más, la gran parte de series de Televisión Española de aquella edad dorada de la cadena pública comparten un mismo pilar estructural: han trascendido porque estaban radiografiando con astucia su tiempo, nuestro país. Y siguen emocionando a un público que no falla, ya que esas series le recuerdan de dónde vienen y que, en lo realmente importante, tal vez no hemos cambiado tanto. Sucede con 'Verano Azul', pero también pasa con 'Chicas de hoy en día', 'La mujer de tu vida' o, en otros términos, con 'Curro Jiménez' y 'Anillos de Oro'.

Con el paso de las décadas, todas estas historias se han configurado como poderosa documentación de su época. Y se pueden volver a emitir ahora con éxito y encima demostrando su maestría argumental. Pero resulta que, en 2019, surgen unos jueces de la moral que deciden asegurar lo que es bueno que el espectador veo y lo que no. Y son aplaudidos en las redes a golpe de retuit. Y se confunde por completo, hasta límites perversos, lo que supone una ficción.

La ficción no es dogmatizar. Es indagar en realidades o fantasías a partir de la libertad creativa del autor y del atrevimiento de la productora y/o cadena. Se puede educar con la ficción, sí, pero resultar ejemplarizante no es su obligación. De hecho, es sano que la ficción costumbrista, como 'Verano Azul', muestre la sociedad con sus imperfecciones, que son las nuestras. Como la facilidad para poner motes a alguien que tiene sobrepeso. Pero eso no favorece que se expandan en la sociedad los niños malvados que llaman 'Piraña' a otros. Pensar así es denostar la inteligencia del espectador. Y sólo faltaría que los guionistas ya no puedan poner motes a los personajes, ni crear personajes negativos, ni reflejar lo peor del ser humano.

Ver hoy 'Verano Azul' sigue sigue siendo una lección del arte de narrar la vida con su fusión de sensibilidad y socarronería. Su primer episodio es redondo a la hora de plasmar el universo de una pandilla que empieza a descubrir la vida intentando no perder su ingenuidad. Tantos años después de su rodaje, estos personajes se enfrentan a estos tiempos "modernos" en los que parece imponerse una censura simplista que no se fija en los trasfondos, los contextos, los detalles y las complejidades que nos envuelven. Esta nueva censura que se propaga por las redes sociales en busca de atención en realidad sólo limita la cultura. Olvidan que la misión de la cultura nunca ha sido quedar bien, sino movilizar nuestros sentidos.

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