Lunes, 24.09.2018 - 06:34 h
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Carnet de la patria: la cartilla de racionamiento de Venezuela

En diciembre de 2016, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, anunció la creación del “carnet de la patria”, una identificación parecida al documento nacional de identidad, que incluiría un código QR. Como sabrán, este código consiste en unas cuadrículas blancas y negras que identifican al portador.  Según la página web del Estado, el carnet de la patria sirve para “conocer el estatus socio económico de los venezolanos”. Y también para “regular los artículos de primera necesidad y que las familias puedan acceder a ellos”.

Por ejemplo, los venezolanos, en teoría, pueden acceder a las llamadas cajas CLAP, que son cajas llenas de comida, aparte de que pueden obtener, en teoría, becas, viviendas, y otras ayudas de “las Misiones Socialistas”, según se lee en la web del carnet de la patria. Visto así, da la impresión de que el carnet de la patria es un fichero ciudadano para ayudar a los más necesitados. Pero no.

Cualquier venezolano puede sacarse el carnet de la patria. Desde hace unos días, el Gobierno exige a todos aquellos venezolanos que deseen echar gasolina en su coche, que se saquen el carnet de la patria. Si no lo hacen, se les cobrará la gasolina más cara. También tendrán que sacarse el carnet de la patria los empresarios que quieran acogerse a las subvenciones salariales a sus trabajadores. De manera que si con el carnet de la patria se consigue gasolina, cajas de comida y subvenciones, estamos ante una cartilla de racionamiento con código QR.

Al principio, el carnet de la patria dividía el país en ricos y pobres. Luego, en partidarios del régimen y opositores. Una persona confesaba al diario El País que los “escuálidos” (los opositores” no se registraban en el carnet. “Con el carnet de la patria sabemos quién está con la revolución”.

El Estado chavista ha ido pidiendo el carnet de la patria para más cosas, y en las últimas elecciones, antes o después de votar, había que pasar por unos puntos especiales y escanear el código QR. Así los miembros del partido sabían quiénes habían ido a votar, y quiénes no. Aquellos que no presentaban el carné de la patria, recibían después en sus casas la visita de miembros del PSUV, que, en teoría, trataban de “conocer las razones” por las que no habían ido a votar. Eso en España sería inconstitucional.

Y los que presentaron el carnet de la patria en las últimas elecciones recibirían un premio, prometió incluso el presidente Maduro. “Estoy pensando en un premio bien bueno para todos los que voten con el carnet de la patria", dijo quince días antes. Eso, en cualquier sistema electoral se llamaría extorsión o compra de voto. Maduro quería combatir la abstención, que, según las encuestas, iba a ser abrumadora.

Es decir, de empezar sirviendo para obtener cajas de comida a precios bajos, el carnet de la patria se ha convertido en el nuevo carnet de identidad para obtener cualquier cosa. Ha habido casos en que si no se presentaba el carnet de la patria, a algunas personas les han negado el pasaporte, o medicinas, según informaba Infobae, que entrevistaba a afectados. “El carnet de la patria nuestro único sistema de gobierno”, llegó a decir el vicepresidente Tarek El Aissami.

El diario 'El Nacional' se preguntaba el año pasado, tras esas declaraciones del vicepresidente, para qué servía el carnet de la patria, pues “el Gobierno nunca ha especificado para qué sirve, más allá de darle un uso político y supuestamente pedirlo como requisito para gozar de misiones sociales y contabilizar a votantes en elecciones”. Para la oposición, tener que sacarse el carnet para adquirir servicios sociales o de cualquier tipo es humillante. Es una forma de aceptar el régimen. Lo que está claro es que se irá imponiendo en Venezuela porque los venezolanos, por puro instinto de supervivencia, tendrán que sacárselo.

En realidad, es una cartilla de racionamiento económico y de control político. Llegará a ser más importante que la cédula de identidad. Y cuando la tengan todos los ciudadanos, el Estado ya controlará la vida de sus súbditos, distribuyendo cajas, gasolina y subvenciones a los que mejor se porten, como en los mejores tiempos de la dictadura soviética.

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