Lunes, 22.07.2019 - 23:21 h
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El honor perdido de la banca española: cómo reconstruir la imagen todopoderosa del pasado

Hace 15 años, los bancos españoles eran admirados en el mundo. Eran los más avanzados en la instalación de cajeros. Los pioneros en la banca electrónica. En el lanzamiento de productos de consumo competitivos. Los más creativos en productos sofisticados. E incluso, los que estaban expandiéndose con más éxito en los mercados exteriores, desde América Latina hasta el resto de Europa. Las fusiones y adquisiciones les habían permitido crecer y ser más potentes.

Las cajas de ahorro no se quedaban atrás. De estar limitadas a hacer clientes en sus mercados autonómicos, pasaron a saltar a otras comunidades, y a competir con los bancos en captación de clientes, concesión de créditos e innovación de productos. Decir La Caixa o Cajamadrid era como decir Google. El Banco Popular era considerado el más rentable del mundo. Y la marcas españolas en Latinoamérica revolucionaron la forma de hacer banca, empezando con la domiciliación de recibos, algo insólito en países acostumbrados a hacer cola en las ventanillas para pagar el recibo de la luz.

Hasta el Banco de España era admirado por su rigor y su control, pues el gobernador del Banco de Inglaterra, Mervyn King, afirmaba que los bancos centrales debían imitar el modelo español.Un sistema bancario eficiente, sólido, creciente y lleno de prestigio en el mundo.

Parafraseando el libro de Robert Graves, en quince años "adiós a todo eso". La mayor parte de las cajas ha dejado de existir y ahora son bancos, algunos nacionalizados por el Estado. Han sido fusionadas y han perdido su nombre original.

El destino de muchos de aquellos banqueros ha sido bastante triste. Rodrigo Rato, ex presidente de Bankia, en la cárcel. Miguel Blesa, de Cajamadrid se pegó un tiro. Ángel Ron, del Popular, destituido y aplastado. Y el último, Francisco González, ex presidente del BBVA, ha tenido que dejar su cargo en medio de acusaciones de espionaje bastante feas. Los escasos banqueros responsables de los desmanes cometidos en sus entidades que han sido condenados, han sufrido pocos años de cárcel: muchos de ellos ya han salido.

El Estado inyectó unos 60.000 millones de euros para salvar a la banca. En realidad se invirtieron para salvar a los clientes de esos bancos y cajas, y evitar la quiebra, pero la idea del español común es que ese dinero fue para los banqueros. La imagen de la banca española fuera y dentro del país es bastante mala, cosa que reconocen los mismos banqueros, que contratan a firmas de consultoría y hacen encuestas de opinión para saber si su imagen ha mejorado.

El columnista de 'El Mundo', Vicente Lozano, decía que si nos hablaran de la imagen de la banca ahora, nos vendrían esos 60.000 millones y además "la salida a Bolsa de Bankia; los desahucios ante los impagos de hipotecas; aquellos productos financieros vendidos en ocasiones sin escrúpulos desde las sucursales, como las participaciones preferentes; la caída de Banco Popular y su venta por un euro al Santander; las sentencias judiciales contra las cláusulas suelo en las hipotecas y el cobro de comisiones abusivas en esos créditos...".

El informe de la comisión de la crisis financiera concluyó en enero más o menos afirmando todo lo anterior, pero no reconoció el papel de los políticos, que se pusieron a pedir dinero a las cajas para construir aeropuertos en medio de un erial, rotondas de diseño, monumentos al agua, casas de cultura epopéyicas, y más cosas financiadas con el ahorro de cuentacorrentistas, cosa que denunció la prensa cuando la comisión cerró sus conclusiones.Es decir, que la imagen de la banca sigue siendo bastante mala.

Lo cual es injusto porque la banca sigue haciendo su trabajo. Si alguien pidiera 100.000 euros a sus amigos para comprarse una casa, se echarían a reír. Al final, es el banco "de la esquina" el que se los presta. Lo mismo con los coches, los créditos para ampliar un negocio o para tapar agujeros. Quien financia los descubiertos no es "el cuñado" sino el banco, y quien soporta las tarjetas de crédito es el sistema bancario.

Y eso que el cataclismo que ha sufrido la banca ha tenido proporciones galácticas. "Desde 2008, el número de oficinas de entidades de depósito ha disminuido en 17.873”, dice un informe del Banco de España realizado por Concha Jiménez Gonzalo y Helena Tejero Sala. Y siguen cerrando oficinas.

España sigue siendo "uno de los países con mayor número de oficinas por habitante", dice el informe. No cierran las oficinas por gusto sino por el coste. Es la tendencia en toda Europa. Los márgenes del negocio son estrechos, y la digitalización está convirtiendo las oficinas en locales costosos. Para colmo, los bancos están compitiendo con velociraptors financieros como las fintech, empresas pequeñas y ágiles que prometen gestionar mejor los saldos de los clientes sin tener la estructura de la banca. Y encima, Amazon quiere meterse en este negocio sin tener ni la tradición ni la red de los bancos.

La banca tal y como la recordábamos ya no volverá a ser lo que fue. Pero eso no significa que se esté petrificando. Para evitar la "exclusión financiera" de muchos pueblos de España, donde no les compensa tener una oficina, los bancos han hecho otra cosa. "La banca ha reaccionado implantando centros desplazados de atención, como las oficinas móviles ‘ofibuses’ o los agentes financieros que, sin establecimiento permanente, atienden a los clientes periódicamente en aquellos puntos donde ya no existe oficina bancaria", afirma el informe.

También están haciendo experimentos para convertir la oficina bancaria en un chill out con algo de Starbucks. La agencia Efe informaba en septiembre pasado que el Santander, ya estaba abriendo en varios puntos de Madrid estos locales avanzados. "La nueva oficina integra banco, ‘cowork’ y el mejor Café de Autor". Y añadía: "Estas nuevas sucursales están diseñadas para cubrir las necesidades de profesionales, clientes y no clientes que quieren trabajar en un ambiente diferente, hacer networking y tener a su alcance las últimas tecnologías, celebrar reuniones o asistir a eventos".

Pasarán muchos años hasta que la banca recupere aquella imagen de mediados de la primera década de 2000. Tarde o temprano se ganarán la confianza del español. Pero entonces, deberían tener a mano los libros de historia que, como manuales de navegación, les recuerden una y otra vez lo que no se debe hacer.

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