Miércoles, 24.01.2018 - 00:28 h

La CUP pasa de sobresaliente en comunicación a desastre en las encuestas

En las elecciones catalanas de 2015 la CUP, el partido anarquista y anticapitalista, obtuvo el mejor resultado de su historia: 10 escaños. Triplicaba su presencia en el Parlament y se convertía en un partido clave para que el bloque soberanista tuviera mayoría.

Con tan pocos escaños parecían como si ellos solos hubieran ganado las elecciones. Impusieron sus condiciones en muchas iniciativas del gobierno catalán. Para empezar, rechazaron a Artur Mas, lo que obligó a buscar otro presidente para Cataluña, que al final resultó ser Carles Puigdemont.

La diputada anticapitalista Anna Gabriel aparecía desafiante: las cámaras le seguían, los periodistas informaban de sus camisetas, de sus costumbres y de sus puestas en escena. Fueron sobre todo militantes de la CUP los que aparecían en primera línea en las manifestaciones, y hasta llenaron de banderas independentistas la manifestación de repulsa contra el atentado terrorista de Barcelona.

Las juventudes de la CUP, Arran, han sido incluso más radicales: han estado detrás de campañas contra los turistas como pinchar las ruedas de bicicletas de alquiler en Barcelona, han colgado una estelada de un puente de Madrid, han atacado sedes de partidos constitucionalistas y seguramente han sido ellos quienes colgaron muñecos cabeza debajo de un puente en Cataluña.

Estelada colgada en Madrid
Estelada colgada en Madrid / Twitter Arran


Desde el punto de vista propagandístico, la CUP y su ala radical merecen un sobresaliente en comunicación porque para los pocos que son (300.000 votos), hacen mucho ruido y abren los telediarios con sus ocurrencias. En un momento dado, parecía que este partido estaba arrastrando a Cataluña al independentismo y que lo iban a lograr.

Pero una cosa esa hacer ruido, y otra convencer. Las últimas encuestas pintan mal para la CUP. Obtendrían la mitad de los diputados que obtuvieron en 2015: ahora solo cinco. Van a tener menos diputados que el PP, un partido que no destaca en Cataluña por su estrategia de comunicación.

Esto demuestra que una estrategia de comunicación no se basa solamente en aparecer en las portadas de los periódicos con ideas provocadoras. Tienen que convencer al votante medio. A ese catalán no le han gustado nada esas actuaciones teatrales de la CUP que han dañado el comercio, y el prestigio de Cataluña ante los propios catalanes y ante el mundo. Los de la CUP tendrán que volver al colegio para aprender comunicación desde la primera clase.

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