Martes, 11.12.2018 - 06:20 h
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La verdadera historia del submarino español que no flotaba

La noticia hace unos días de que el submarino español S-80 no cabía en el muelle porque era muy largo nos ha permitido echarnos unas risas. Hay que ser inútil, pensamos todos. Ya sabíamos que los ingenieros navales de Navantia se equivocaron con el diseño, puesto que hicieron un submarino tan pesado que no flotaba. Hace años, tuvieron que añadir cuadernas y alargarlo diez metros para que pudiera flotar. Y hace unos días supimos que, al ser más largo, los ingenieros de pronto cayeron en la cuenta de que había que alargar el muelle.

La noticia dio la vuelta al mundo, como lo hacen esas noticias jocosas que informan de puentes que se quedan cortos, o se caen. Uno se divierte mucho leyendo esas cosas que en el caso español fue calificada como ‘chapuza hispánica’. Pero era demasiado torpe para ser verdad. O al menos para ser completamente de verdad.

Si a uno le interesa saber de estas cosas, hay que hacer dos cosas: ir a la fuente para comprobarlo, y hablar con especialistas para verificarlo.

Eso es lo que hizo Mathew Bennett, un esforzado periodista afincado en España que trabaja como informador 'free lance'. Levantó el teléfono cuando se enteró de lo del muelle, y llamó al Ministerio de Defensa. Comprobó que la historia del muelle era diferente.

Desde hacía muchos años, se había previsto alargar el muelle. No ha sido un “descubrimiento de última hora”, como daba la impresión al leer la noticia de 'El País'. Ya era demasiada torpeza descubrir que se habían equivocado con el peso del submarino para encima descubrir que también erraron con el dique. Pues no: el dique se previó apenas se supo que el submarino estaba mal diseñado.

La noticia de El País que dio la vuelta al mundo era verdad excepto en que no fue una improvisación aquello de alargar el muelle para el submarino. Estaba previsto desde 2011.

Lo que sí fue una metedura de pata fue diseñar un submarino que no flotaba por su exagerado peso. Pero también esta noticia, que saltó a la prensa hace años, tiene una explicación, aunque no una justificación.

Lo explicaba el experto Christian D Villanueva, quien en enero de este año decía lo siguiente en la web Ejército: “…a medida que el submarino avanzaba en su construcción y se instalaban en él equipos de nuevo cuño o añadidos que no estaban originalmente previstos, como notables mejoras en la habitabilidad para sus tripulaciones, esta quedó comprometida al punto de no llegar a botarse la primera unidad y paralizarse por completo el programa obligando al rediseño”.

Ese rediseño, según el especialista, implicaba “no solo el alargamiento del casco, algo que podría haber hecho Navantia por sí misma, sino con ello, un nuevo reparto de pesos en el interior y la necesidad de rediseñar todos los sistemas de control del buque para garantizar la maniobrabilidad”.

El submarino se las traía desde el principio porque se trataba de construir un ingenio con una tecnología que le permitiera estar sumergido durante varias semanas sin exponerse al enemigo. Eso sería posible mediante una tecnología española de propulsión anaeróbica basada en bioetanol (rehusando la nuclear), cosa que no se ha logrado aún.

Muchos dirán que nos hubiera salido más fácil comprar submarinos a otros países. Es muy sensato pensarlo. Pero construir tus propios submarinos te permite desarrollar tu propia tecnología, que es lo que nos ha permitido exportar, por ejemplo, trenes a ingenieros gracias al AVE.

Por si alguien tiene dudas, le recomiendo que se lea la biografía de Elon Musk, el emprendedor que está detrás de SpaceX. Se fue a Rusia a comprar un antiguo misil balístico intercontinental (ICBM), un cohete, para ir a Marte. Pero era tan caro que decidió construir sus propios cohetes. Los hizo con unos resultados explosivos en el sentido de que sus naves explotaban y se caían. Por fin logró al menos construir una que despegaba y volvía a la tierra, recuperando los propulsores. Pero hasta que llegó ese día, las risas que provocaba en la comunidad internacional el invento de Musk se escuchaban hasta en Marte.

El mundo de la tecnología es así de burlón.

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