Viernes, 15.12.2017 - 07:33 h

Pasó lo que tenía que pasar: El Barça ganó a Las Palmas y Rajoy a los independentistas

Este domingo pasó lo que tenía que pasar. El Barcelona F.C. ganó a Las Palmas, y Rajoy ganó a los independentistas.
En el caso de Rajoy, muchos esperábamos que la situación desembocara en algo mucho peor. Los propios policías y guardias civiles destinados en Cataluña esperaban que se fuera a desatar una confrontación de mayor magnitud, según confesaron a la prensa un día antes. Se hablaba de que los grupos más radicales estaban preparando duros choques contra las fuerzas de orden, lo cual auguraba una jornada terrorífica.

Pero a pesar de las imágenes de policías desalojando a ciudadanos de los supuestos centros de votación, y a pesar de los palos y las bolas de goma, se puede decir ya que todo se redujo a unos 700 heridos de todo tipo.

Es más, en algunos sitios, policías y guardias civiles tuvieron que recular para evitar males mayores. En otros, como muestran las imágenes, no dudaron en usar la fuerza, ante la prevista pasividad de los Mossos, y es casi un milagro que no haya sucedido algo peor. Y eso ha sido porque los ciudadanos que fueron a votar en el referéndum ilegal, no dieron un paso más. Todo hay que decirlo.

Ha habido partidos políticos y ciudadanos que han desaprobado el uso de la fuerza, pero a estas alturas, ha pasado lo que tenía que pasar.

¿Qué significa eso?

Todo lo que ha sucedido hasta este 1 de octubre en Cataluña ha sido la crónica de un desafío político al Estado. Pero no de los últimos años, sino desde hace décadas.

Los políticos catalanes, desde Jordi Pujol hasta Carles Puigdemont, incluidos los partidos independentistas, han ido ganando terreno hasta el punto de controlar la educación, los impuestos nacionales, las instituciones, los medios de comunicación y muchas cosas más. A través de ellos, han logrado crear en un tercio de la población catalana no un sentimiento independentistas, sino algo más feo: un sentimiento de odio.

No es verdad de que todo es culpa de que los gobiernos situados en Madrid “no han sabido dialogar” durante estos años. Todo lo contrario: se ha dialogado y se ha cedido. Una y otra vez. Incluso se ha cedido aunque fuera dando la espalda a ese desafío.

Pero cuando un parlamento y un gobierno catalanes dominado por independentistas, desafían al Estado y a las leyes, saltándose la legalidad constitucional, y la propia legalidad catalana, convocando un referéndum de independencia, y amenazando con declarar inmediatamente la independencia, ¿qué hay que hacer? ¿Enviar abogados a dialogar? ¿Qué se puede dialogar?

Lo que sucedió en esta jornada de domingo es fruto de todo lo que no se ha hecho en 40 años, o mejor dicho, de lo que se hizo mal. El Estado fue cediendo competencias a la autonomía catalana, dialogando permanentemente, y hasta permitiendo un referéndum ilegal en 2014.
Pero llegó un momento en que un grupo de radicales decidieron dar el paso más peligroso y ante eso solo cabía usar la fuerza.

Cualquier gobierno central que hubiera estado en La Moncloa habría hecho lo mismo. No creo que le haya hecho gracia a Mariano Rajoy tomar la decisión de enviar miles de policías y guardias civiles a Cataluña. Pero dado que era un pulso al Estado, tenía que demostrar que podía ganarlo, usando las leyes y las fuerzas que ejecutan esas leyes, como habría hecho cualquier gobierno.

La herida está abierta y habrá que preguntarse qué piensan aquellos catalanes que no querían la independencia, pero que han visto a los cuerpos de seguridad empleando la violencia contra personas que podrían ser sus vecinos.

Hay analistas y personajes públicos que afirman que esto va a alejar más a los catalanes del resto de España. Es muy posible. Pero como decía Pangloss, un personaje de Voltaire, todo lo que sucede tiene una razón y no es más que la evolución natural de los hechos.

Al igual que todos esperábamos que el Barcelona ganara a Las Palmas, también era de esperar que tarde o temprano el Estado español dijera ‘basta’ y respondiera con contundencia.

Lo malo es que este partido aún no ha terminado

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