Martes, 20.02.2018 - 20:21 h

Por qué el fútbol descubre el talento y las empresas menos

Cuando mi hijo era pequeño lo llevé a entrenar en un
campo para alevines del barrio del Pilar de Madrid: el del
Adarve. Yo no sé mucho de fútbol, pero me fijé en los que
sabían: los entrenadores.
Eran profesionales bastante
mayores, que seguían a los niños con los ojos de un velociraptor: con una enorme concentración.

Los entrenadores gritaban a los niños, descubrían sus manías, corregían sus errores y los forzaban al límite. Esos campos son la primera fase de uno de los sistemas de talentos más eficientes del mundo: el fútbol español.

Si corre poco, se mueve con torpeza, reacciona tarde y no tiene visión de jugada, ese niño es descartado. Lo bueno del fútbol es que se ve rápidamente quién no está hecho para este deporte. Es imposible mentir.

En las empresas es lo contrario. Es difícil saber cuánto está mintiendo una persona en los currículos o en las entrevistas personales. Peor aun: si uno va a una oficina y se pone a mirar a los empleados como si fueran jugadores de fútbol, no descubriría nada. Todos quietos frente a sus
ordenadores tecleando todo el día. Todos iguales. ¿Cuál es el mejor? ¿El peor?

El problema de esos trabajos rutinarios es que el talento no destaca, pero tampoco se descubre. En primer lugar, porque no salta a la vista, como en los campos de fútbol. Y en segundo lugar porque los jefes no se ocupan de destapar cuál es el talento de cada uno.

El talento de una persona muchas veces está oculto. La misma persona
no sabe para qué sirve,
hasta que su jefe le pone en otro sitio porque sospecha que ahí puede rendir mucho más. En otras ocasiones, esa persona sabe que podría valer mucho más en otro departamento, pero
no se atreve a preguntarlo por miedo a que el jefe se enfade.

También sucede que en las empresas, muchos empleados saben ingeniárselas para aparecer ante los jefes como muy eficientes. Pero no lo son. Su truco en hacer como esos animales que engañan a todo el mundo, cambiando de colores o de aspecto.

Todas estas razones hacen que el talento en sea todavía algo por descubrir. demás, para descubrir talento, hay que tener talento. Pero muchos jefes en España están más preocupados en mantener su puesto, que en promover a los de abajo, no sea que se quede sin su propio
puesto.


Si se fijaran más en el fútbol o en el mundo del deporte, cambiarían de opinión. Los cazadores de talento deportivo – los ojeadores–, saben que cuantos más niños o niñas con talento puedan capturar, sus equipos serán mejores, ganarán más torneos y hasta contarán con más presupuesto.

Esta debería ser la norma de las empresas. Descubrir el talento oculto de cada empleado, ponerlo en ese sitio y mejorar la eficiencia de la empresa.

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